Sobre la apropiación cultural, ese concepto diabólico
08 de Noviembre de 2019;
Estos días se habla en algunos círculos sobre un concepto que está encima de algunas mesas de debate: el concepto diabólico de la apropiación cultural. Bueno pues vamos a tratar de arrojar la versión sobre este tema de la editora de esta publicación.

En principio la llamada apropiación cultural, es decir, la utilización de ciertos rasgos culturales por parte de un artista que no se engloba dentro de dicha cultura, digámoslo así, es un concepto diabólico a nuestro juicio que está ligado a los conceptos de propiedad terrenales y también a la xenofobia.

Y es que el arte, por su propia esencia, es libre, no se pueden poner dificultades a la creación artística, y este medio todavía va más allá: cualquier persona que vea u oiga una obra artística es susceptible de sentir un cierto gusto por la misma y querer de esa manera participar de ese movimiento artístico, haya solo unos pocos metros de distancia entre el lugar de la creación de esa expresión artística y su disfrute o haya miles de kilómetros de distancia. Es decir, eso de "se ve pero no se toca" no funciona en el arte, y no debería funcionar en general en cierto sentido.

Con el flamenco lo tenemos muy claro. El flamenco es patrimonio inmaterial de la Humanidad, y hay multitud de ejemplos de cómo está influyendo este arte sobre nuestro pequeño mundo en su conjunto y cómo nos llegan muestras de este estilo desde todas partes del planeta. Por poner ejemplos sonados, podemos hablar de guitarristas japoneses que tocan flamenco, pasando por grupos australianos callejeros muy conocidos en Youtube que componen temas aflamencados como pueden ser la formación conocida como "La Rumba". Seguimos con las muestras de deslocalización y comprobamos cómo hay una vertiente afrancesada del flamenco muy marcada, principalmente destacando en la misma los Gypsy Kings o el guitarrista conocido como Manitas de plata.

Luego y fuera de menú mencionamos a Rosalía, de Barcelona, que ha sido acusada de apropiación cultural, cuando de siempre ha habido guitarristas e intérpretes flamencos en Cataluña. Acusada de haber mezclado el reguetón con el flamenco, cuando hace diez años había algunos que estaban muy orgullosos de haber mezclado el flamenco con el jazz latino y haber creado un estilo llamado flamenco fusión o simplemente fusión.

Es como si para hacer flamenco es preciso haber nacido en Andalucía, ser gitano y además aullar los días de luna llena. No tiene sentido. El editor de este medio de comunicación se siente también tocado un poco por el sentimiento de apropiación flamenca ya que al hacer películas de animación y gustarle Walt Disney, podría pensarse que siendo de Madrid tendría prohibido hacer dichas películas, pero el mencionado editor de esta publicación está acostumbrado ya a estar en "el lugar equivocado en el momento equivocado", y es algo que le encanta, por otro lado.

En fin, que si hay algo que viaja libre en este mundo es el arte y no podemos tratar de impedir dicho vuelo, porque el próximo paso será impedir el libre tráfico también de personas por el mundo... Bien es cierto que un guitarrista japonés lo va a tener más difícil para hacer flamenco que uno nacido en Sevilla pero, ¿qué podemos hacer en contra de alguien al que le gusta ese estilo musical? ¿Impedirle que toque la guitarra? Si ese guitarrista se esfuerza y consigue destacar, no hay problema, su arte será bienvenido. Todo siempre de manera ordenada y valorando el esfuerzo y el talento.
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