Convendría mantener las fachadas clásicas del centro de Madrid e incluso ampliar zonas
12 de Enero de 2020;
Dando un paseo por el centro de Madrid podemos apreciar que muchas fachadas son clásicas: la zona de Sol o Letras con sus acabados siglodeorescos, la zona de Chamberí con terminaciones más a la francesa o modernistas, y lo mismo para el barrio de Salamanca; la zona de Malasaña con acabados muy castizos y más sobrios pero bonitos. Pues bien, por el propio interés de la ciudad de Madrid, es preciso que esta zona se mantenga tal y como está o incluso que se amplíe hacia Castellana por el norte y hacia Atocha por el sur.

Y es que, entrando en materia, en la mayor parte de disciplinas artísticas el pasado es un grado, un grado importante. Simplemente la antigüedad de un objeto o construcción da valor, pero si además esa obra artística es interesante, valdrá mucho más si es antigua. No me pregunten por qué pero es así. Y si me preguntan por qué les puedo responder: El pasado no se puede cambiar; el futuro sí. Por ello para el arte es importante el pasado y la antigüedad.

No piensen los señores que abrazan el progreso que el editor de esta publicación va directamente en contra del mismo al seguir estos preceptos; simplemente, en lo tocante a las obras artísticas, el pasado es mejor. Sin ir más lejos, el editor fue el que en su día abrazó el futuro creando "el primer programa de entrevistas para internet", muestra efectiva de que el editor es selectivo, y que le gusta tanto el pasado como el futuro; pero, como reza el refrán castellano, "todo a su debido tiempo y los nabos en adviento".

Pensemos en la ciudad del amor, París, e imaginémosla con edificios modernos poblando el centro de la misma. ¿No perdería gran parte de su valor? O Roma. O Florencia. O Barcelona, con ese estilo modernista y las casas de Antoni Gaudí y otras obras esparcidas estratégicamente. O Venecia, o los primeros rascacielos de Chicago, o los de Nueva York...

Para ello, es preciso proteger las fachadas de los edificios de manera rabiosa para que no se conviertan en edificios cuadraditos y feotes. Y si alguno por error cae, por lo menos que lo hagan al estilo de Mies van der Rohe, es decir, con formas rectas pero utilizando materiales muy nobles como la piedra caliza, el mármol o el mármol travertino. La mejor manera, siempre a juicio de este editor, es proteger los edificios y si no se pueden proteger todos, que se den exenciones o reducciones en el pago de las tasas si se hacen en el estilo que impere en la zona.

En definitiva, el centro de Madrid tiene que saber lo que vale en términos arquitectónicos y no debe ceder ni un ápice a la modernidad si no queremos que se devalúe lo que tenemos ya. Porque el pasado no se puede improvisar.