Cierre de la temporada de premios de cine con unos Oscar premiando la cinta surcoreana Parásitos y abriéndose al futuro
12 de Febrero de 2020;
La temporada de premios cinematográficos de este año se da por zanjada con unos Oscar que han vuelto a ser fieles a su esencia, esencia que como hemos comentado otras veces en este medio, se parece mucho a la esencia de una embarazada caprichosa, es decir, nunca sabes con total certeza qué es lo que quiere en cada momento.

Y en definitiva así ha sido una vez más, con algunas pequeñas puntualizaciones. La cinta del director surcoreano Bong Joon Ho se alza como triunfadora llevándose cuatro estatuíllas, algunas de las más suculentas, a saber: Mejor película, mejor filme internacional, mejor guion original, y mejor director. Todo un logro para el filme Parásitos que hace historia de manera apabullante.

Pero, ¿qué significa todo esto? ¿Por qué el delirio de los Oscar ha sido especialmente delirante estos años? Pues bien, trataremos de explicarlo, desde nuestro punto de vista, en estas líneas. En primer lugar este hecho certifica la voluntad de los Oscar de abrirse un poco en esta nueva etapa en la que el mundo se encuentra. Es decir, con internet, estamos todos interconectados, independientemente de la nacionalidad que tengamos, y nuestro pequeño mundo adquiere a pasos agigantados conciencia de unidad. Esto por supuesto es algo bueno para todos, y salvo los pobres que o no tienen internet por motivos económicos o por políticos (por ejemplo Corea del Norte o Venezuela), todos los demás estamos, en efecto y sin posibilidad de evitarlo, unidos por la red de una manera u otra. Pues bien, Hollywood y los Oscar quieren seguir siendo el epicentro del cine mundial y necesitan abrirse para no parecer provincianos y además marcar el camino a los cineastas de todo el mundo.

Es incontestable la capacidad actual que tiene el mencionado Hollywood para hacer buen cine, tanto en la parte espiritual del mismo (guiones y talento), como en el músculo productor (técnica y producción ejecutiva). El cine se inventó hace tiempo y tiene sus propios parámetros que simplemente se basan en contar buenas historias para ser relevantes. No hay que buscarle más pies al gato. Si nos salimos de este esquema, caeremos en el videoarte, una forma especial de cine que no nos emociona tanto porque es demasiado libre. Por lo tanto es Hollywood con su experiencia y buen hacer el que tiene que, a día de hoy, seguir indicando, a través de los Oscar, cómo se deben hacer las cosas, en el marco de la narrativa tradicional o clásica, que es la única que cuenta (porque si no caeremos en el videoarte).

Así que a nuestro humilde parescer los Oscar han tomado un buen camino que, unido a su caprichosidad intrínseca, nos han dejado estos resultados vistos ya.

En el apartado de animación, es tradición desde hace algunos años que sea una película de Disney/Pixar la que se lleve el Oscar, así que todos los demás actores del mundo de la animación deben saber que su máxima aspiración es estar nominados porque finalmente el Oscar se lo llevará un filme, como hemos dicho, de Disney/Pixar, o eso es lo que ocurre en esta etapa.

Mención tenemos también que hacer a Pedro Almodóvar, que con su apuesta ha llegado muy lejos pero que no ha sido capaz de obtener ninguna estatuílla. Otra vez será.

En fin, que a medida que nuestro pequeño mundo va tomando conciencia de unidad, los Oscar quieren, pueden y deben seguir dictando las reglas del cine, y a nuestro humilde parescer, han tomado la decisión correcta.
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