Sobre el virtuosismo en la música
24 de Marzo de 2020;
El virtuosismo en la música es algo muy especial, que debe siempre ser tenido muy en cuenta, pero deben reconocerse también sus limitaciones en cuanto a grandeza y gloria se refiere. Es decir, el virtuosismo está muy bien, es algo bueno, pero entra en conflicto con la destreza compositiva y, siendo ésta la aptitud más destacada en el mundo de la música, así queda quizá algo ensombrecido en comparación con el mencionado don de la composición.

Es Paganini con su violín diabólico el personaje y músico que mejor se adapta a la definición de "virtuoso", pero podemos comprobar también, en la línea de lo que se irá comentando en este texto, que su labor compositiva es menor.

En la música hay dos dominios, el de la composición y el de la interpretación que frecuentemente se yuxtaponen. Para el gusto de este editor es el dominio de la composición mencionado el verdadero motor de la música, ya que las buenas composiciones, por su escasez, son muy apreciadas. Además, si nos fijamos en diversas obras consideradas "buenas" o "importantes" dentro del campo de la música, como por ejemplo la 5a sinfonía de Beethoven u otras obras de Mozart, veremos que no es preciso el virtuosismo para interpretarlas bien; es preciso una buena orquesta sinfónica pero aunque sus pasajes tienen una dificultad de interpretación media-alta, no alcanzan el nivel de virtuosismo.

Por ello podemos apreciar que la genialidad, o en el terreno flamenco, el "duende", se mueve en el ámbito del nivel de interpretación medio-alto, sin llegar al puro virtuosismo, que pertenece, como hemos dicho, al dominio de la interpretación, y por lo tanto es un don menor. Así, podemos mencionar a dos guitarristas del siglo XX de flamenco, Paco de Lucía y Manitas de plata, por ejemplo, y apreciar que el último interpretaba temas mucho más complejos a nivel de toque, pero sin embargo los temas de Lucía nos llegan al alma, bebiendo también de un cierto virtuosismo, pero con una auto-censura que impedía a Paco mostrar toda la complejidad del flamenco en público.

Así, podemos decir que, como en el juego de cartas español del mus, el compositor juega "a la grande" mientras que el intérprete virtuoso juega "a la chica", y que aunque ambos son susceptibles de ganar una partida, la ganancia del que apuesta "a la grande", si efectivamente gana, es mucho mayor.