El sector audiovisual español languidece en favor de las plataformas internacionales
16 de Septiembre de 2020;
Sin ánimo de ser excesivamente punzante o hiriente, es de rigor constatar el estado catatónico del audiovisual español en comparación con otros focos de creatividad que se dan en nuestro pequeño mundo como puede ser Hollywood. Así, tanto con coronavirus, como sin él; con salas de cine abiertas, o cerradas, es un hecho constatado que las plataformas audiovisuales de internet americanas (principalmente Netflix, Disney, HBO, y alguna que otra más), están "partiendo el bacalao" a nivel mundial en lo que a creación y distribución de contenido audiovisual se refiere, en detrimento de otros colectivos creativos también de nuestro pequeño mundo como pueden ser lo que podría ser ya mal llamado "cine español".

Y es que tal y como le ocurrió al césped que pisaba Atila (que no volvía a crecer) o como ocurrió con el diluvio universal bíblico (que arrasó toda la tierra conocida), el audiovisual español no está siendo capaz de levantar cabeza, principalmente porque hace un contenido muy local, sin ánimo "urbi et orbi", como ya se ha comentado otras veces aquí a modo de consejo (que ha sido desatendido por supuesto). También la adormidera de la subvención, que convierte los productos audiovisuales patrios en panfletos propagandísticos, con mala suerte, dicho sea de paso, porque hay otras manifestaciones artísticas propagandísticas muy interesantes (recordemos los trabajos para la Iglesia católica de Miguel Ángel), hace que el sector audiovisual español en su conjunto esté en un punto languideciente, a juicio de esta editora, del que difícilmente se va a recomponer ya a corto plazo como la cosa siga así. Hemos de añadir que la piratería se está tolerando en España principalmente por aquellos actores que tienen la potestad de acabar con ella, o sea el Estado, y este hecho hace también arrasar todavía más el tejido productivo español, ya que la piratería hace difícil generar dinero directamente de las propias producciones audiovisuales.

Y es que hay que constatar que la fiesta, la diversión, la intriga, la emoción, y otros atributos positivos que puede tener un grupo creativo de empresas audiovisuales, está en lo que llega de Hollywood, a través de las comentadas plataformas de internet, que rompiéndose la barrera de la geolocalización, pueden, desde oficinas situadas en quién sabe qué barrio de Los Ángeles, controlar la producción y distribución de contenidos mundiales con criterios principalmente comerciales, haciendo uso del libre comercio como herramienta básica de la distribución de la riqueza, premiando el mérito, y protegiendo la propiedad intelectual.

Sin entrar en más detalles, la plataforma Netflix contaba en abril de 2020 con 183 millones de suscriptores en todo el mundo, que religiosamente pagan su cuota de 7€ aproximadamente (aunque hay planes más caros) todos los meses. Por poner un ejemplo patrio, la plataforma Atresplayer contaba por esas fechas con 235.000 abonados, que pagan 3€ al mes. ¿Alguien nota alguna diferencia?

Fuera de menú, comentar que el grupo creativo que sustenta estas líneas, aunque pequeño de estructura, como se ha dicho aquí otras veces, cuenta con la flexibilidad y talento suficientes como para situarse, a juicio de esta editora, en la cúspide de la creatividad mundial actualmente, atendiendo por supuesto a criterios de meritocracia, talento, libre comercio y protección de la propiedad privada, en definitiva criterios de libertad.
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