Una nueva reencarnación del clasicismo pega con fuerza en la arquitectura de interiores a nivel global
09 de Octubre de 2020;
Interior del The Maker Hotel en Hudson, Nueva York
Interior del The Maker Hotel en Hudson, Nueva York
En estos días se suceden ejemplos de arquitectura de interiores inspirada en lo que podría denominarse la enésima reencarnación del clasicismo arquitectonico, es decir, dejar a un lado, o parcialmente de lado, el estilo moderno o siglo XX para dar paso a una continuación natural del estilo imperante en el mundo occidental desde el inicio de los tiempos, o sea, la evolución natural de los órdenes grecorromanos y todo lo que ello implica.

Así, podemos mencionar dos ejemplos claros que han llegado a la redacción de este medio: el Maker Hotel en Nueva York y el hotel Canalejas de Four Seasons (por el estudio de Carlos Lamela) en Madrid. En ambos casos el estilo imperante es una confluencia entre el art-decó o el art-nouveau, o estilos anteriores al modernismo, con toques industriales, pero retrotrayéndonos al pasado pre-siglo XX de una manera asombrosa: lámparas imperio u otros detalles que llenan los espacios al más puro estilo clásico. Como ejemplo podemos mencionar el viejo tapiz -si es que es un tapiz- o trampantojo, o simplemente reproducción, de un detalle floral desvahído en el hotel The Maker, como se aprecia en la imagen que ilustra este artículo. Este motivo figurativo no podría haber estado así en un hotel en la segunda mitad del siglo XX, sería impensable dicha osadía.

La senda comenzada por el ya superado estilo shabby-chic, que aunque mostraba un aspecto "lavado" o muy blanquecino en colores tenía elementos clásicos puesto que se nutría de elementos industriales o rústicos, o una mezcla de ambos, se asienta firmemente con esta nueva tendencia, que para el gusto de esta publicación es el camino correcto que debe seguir el arte occidental, capitaneado en este caso por la arquitectura de interiores, que es la punta de lanza de un cambio que se nos hace más grande en esta redacción.

Y es que esa senda -a nuestro juicio- estanca iniciada por Picasso en el siglo XX, que trajo comunismo, brochazos, pintarrajeados, ninguneando la técnica y abrazando la libertad plástica, en contraposición al orden y concierto que suponía el estilo clásico, esa senda, decimos, está, a nuestro juicio, próxima a su fin. Los trazos mal terminados, el grafitti (que por supuesto pensamos debería ser limpiado cuidadosamente de las ciudades) y otras manifestaciones asociadas al siglo XX están dando paso a los murales, trampantojos, frescos, y otras manifestaciones artísticas más ordenadas que en su día tuvieron explosión en Italia y otras partes del mundo (véanse los palacios de Palladio, por ejemplo). Incluso podemos efectuar una mirada al futuro y ver cómo en la película futurista Star Wars se utilizaron elementos arquitectónicos de la Plaza de España en Sevilla, creando lo que podría parecer un nuevo orden de arquitectura pero sabiendo que simplemente es la belleza de esa plaza la que se plasma en dichos filmes. En el tiempo actual podemos apreciar que la galería Marlborough, otrora adalid del arte moderno del siglo XX, está pasando por malos momentos, tanto a nivel artístico como administrativo o de gestión, lo uno derivado de lo otro o quizá lo otro derivado de lo uno.

Como ya hemos comentado otras veces en esta publicación, el caos, el desorden, el estilo ácrata o anarquista del movimiento moderno es como la música experimental, cercana al ruido; mientras que el clasicismo juguetea con el orden y el buen gusto y es, a juicio de esta editora, un valor seguro y del que nunca nos cansaremos. No se trata, sin embargo, de "mandar al rincón a meditar" al arte del siglo XX, más bien nos gustaría que este se integrara en la nueva corriente, que pudieran convivir para enriquecer los nuevos espacios arquitectónicos.

Así que bienvenida sea esta nueva "reencarnación del clasicismo" a nuestro arte actual; deseamos con ilusión que se asiente verdaderamente y los decoradores y arquitectos, además de pintores y otros artistas sean capaces de desempolvar esas sillas que tienen guardadas en el desván para que luzcan con especial brillo en estos tiempos que corren, y que de esta manera el arte occidental continúe su camino, firme, impertérrito, innovando dentro de la tradición, hacia el futuro, y que nos acompañe así a nosotros, la humanidad, en nuestro viaje.
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