¿Está la ciudad alienando a las personas?
25 de Julio de 2021;
En este artículo venimos a reseñar algo que a priori podría parecer fácil de identificar pero que no es así, ya que el ser humano se está aglutinando de manera exponencial en núcleos con alta densidad de población (ciudades) y este hecho podría, -no me malinterpreten, he dicho podría-, estar reduciendo la calidad de vida de las personas en este siglo XXI en el que nos ha tocado vivir.

Así, edificios en altura, muy juntos los unos de los otros, emergen de la tierra hacia el cielo y conforman lo que conocemos hoy como las ciudades. Otrora símbolo de libertad, son las ciudades hoy una trampa para el ser humano, un bucle negativo, una círculo vicioso donde millones de personas existen, en pequeños cubículos de entre 30 metros cuadrados a los 150, y donde gastan sus vidas. El problema no surge cuando alguien está en el pico de la vida (es decir, desde los 20 hasta los 60); el problema surge pasada esa fecha, cuando ya hemos tenido hijos y nos vamos a jubilar o nos hemos jubilado ya. Entonces es cuando comienza la alienación de las personas en nuestro siglo XXI.

Se juntan varias cosas, primero que somos menos útiles, no tenemos un trabajo. Segundo, estamos más solos. Si hemos tenido hijos es posible que estos hayan volado y si no, tendremos una pareja o estaremos solteros viviendo en un espacio reducido metidos en el epicentro de una ciudad. Comprobaremos como nos resulta complicado mantener las amistades y los encuentros se reducen. Los crucigramas pasan a ser nuestro único esfuerzo además de ir a hacer la compra al super más cercano. Y a esta sazón, comienzan a aflorar problemas de memoria o de demencia senil, es decir, pequeños desquicies que van indicando el camino.

Todo este círculo vicioso se puede evitar de dos maneras: una, viviendo en el campo o en la playa. Dos, alternando entre la vida en la ciudad y el campo y/o la playa. Pero es preciso salir de dicha espiral negativa que se cierne sobre la población y que está entristeciendo la vida de las personas. Resulta paradójico que un día la ciudad era símbolo de libertad, ahora lo es el campo. Resulta paradójico que un día el trabajo fue la alienación del hombre y ahora el no hacer nada en la senectud nos convierte en personas silenciadas y aparcadas, como un viejo coche en el garaje sin uso del que no tenemos ya ni seguro para poder circular.

Podemos ver en un filme reciente, buen filme, todo sea dicho, la vida en las ciudades. En este caso es la ciudad de París, y el filme es Amélie. Podemos apreciar cómo los personajes, que son ficticios, pero inspirados en la realidad, ya que la realidad y la ficción se retroalimentan, y en algunos casos la realidad supera la ficción, como se suele decir, aunque en otros la ficción es más real que la realidad (como aprovecho para decir ahora mismo); podemos apreciar que los personajes tienen un cierto desquicie casi todos, una excentricidad, derivada de las largas horas de soledad de sus existencias en sus casas de la ciudad. Ejemplo más claro es el señor mayor que rara vez sale de su apartamento y que solo se dedica a copiar cuadros de Renoir. Y que monta una fiesta cuando alguien viene a verle. El filme es muy divertido pero tiene como decimos ese sabor agridulce de poder apreciar la vida anodina e insulsa de estos personajes inventados (y que la propia protagonista se ocupa de animar).

Es preciso, y a la vista está, como está siendo aireado por varias voces con cierta importancia en nuestro mundo (principalmente empresarios adinerados norteamericanos), reducir la población mundial, cosa que se ha dicho en muchas ocasiones ya en esta publicación también. También es preciso, ya que la vida se está alargando mucho en general, tener una actividad, una ocupación, una utilidad, en la tercera edad, y sobre todo vivir en casas más separadas las unas de las otras, con menos alturas y más, en definitiva, aireadas; ambas cosas en conjunto nos permitirán aumentar nuestra calidad de vida, sobre todo cuando pasamos los 60 años, que es cuando vienen los problemas. Así que desde aquí instamos a la población a llevar a cabo estas dos medidas: vivir en casas con menos alturas y permanecer útil hasta el final de nuestros días, o hasta cuando se pueda, para evitar que la sociedad nos aparque de una u otra manera y que acabemos viendo la televisión generalista en algún geriátrico por ahí, o algo peor (o un poquito mejor, que también puede ser). ¡Ánimo!
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