Sobre los premios cinematográficos

03 de Mayo de 2022;
En este preciso momento toca hablar un poquito sobre esos certámenes, muestras, premios, cinematográficos o de otra índole artística, que están tan de moda en estos tiempos que corren, pero cuya presencia viene de largo. Para abreviar, podemos decir que los premios cinematográficos y artísticos tienen una característica principal, y es la inmediatez, la sensación de que funcionan muy bien en el corto plazo; pero, como veremos, en el largo y muy largo plazo no dejan de ser poco más que irrelevantes (que se lo pregunten a Claude Monet y al impresionismo).

Así, podemos mencionar quizá una de las muestras artísticas más importantes históricamente hablando, el llamado Salón de París, donde anualmente se daban cita selecciones pictóricas de mucha relevancia. Este Salón de París, que tuvo una vida de aproximadamente 150 años o un poco más, era el epicentro del mundo del arte en su tiempo (recordemos en aquellos momentos Francia era una gran potencia mundial y el francés era "lingua franca"). Bueno pues existen algunos cuadros presentados en este certamen que han trascendido a la Historia del Arte con mayúsculas (es decir, aquella zona del arte conocida por todos), con ejemplos de cuadros de Delacroix o Manet; pero también este mismo salón se puede decir que sucumbió al éxito del impresionismo, ya que el certamen se opuso a este movimiento y los organizadores no aceptaban cuadros de este tipo o si los aceptaban los ubicaban en lugares malos y no les daban la promoción que requerían.

Finalmente este salón se deshizo como un azucarillo en 1881, cuando se hizo cargo de su organización una entidad menor, y su última exposición data de 1890.

Este salón es, no obstante, recordado por dos motivos: por algunos aciertos con algunas obras de artistas ya mencionados, y también sobre todo por haber sido extinguido por el éxito del impresionismo, hecho ya también mentado anteriormente en este mismo artículo.

Ahora situémonos en España, siglo XIX: a mediados de dicho siglo, con Isabel II como reina, se instaura la conocida como "Exposición Nacional de Bellas Artes", certamen artístico que se prolongó en el tiempo poco más de un siglo (o sea, hasta la época franquista), y del que el común de los mortales actualmente tiene poca (o poquísima, o ninguna) noticia de su existencia. Pues bien, por este certamen desfilaron todo tipo de obras que a día de hoy están fuera de la Historia del Arte (ya sabemos, esa zona del arte conocida por todos, como hemos dicho ya en este mismo artículo), a excepción de alguna firmada por Julio Romero de Torres y alguna otra de Joaquín Sorolla.

Analizando estos dos certámenes, así como algunos otros, se puede apreciar que dichos eventos pertenecen al dominio de lo efímero, del momento, de lo fugaz, ya que ofrecen gran exposición en el mismo tiempo en que se desarrollan pero en el largo plazo no significan prácticamente nada. De ahí que por vicisitudes del destino por ejemplo Picasso, al haber trabajado principalmente en Francia, no hubiera presentado ninguna obra a este último certamen.

De aquí se puede entrever que en general, en nuestro tiempo, el Arte con mayúsculas es ajeno a la corriente establecida en el momento de su surgimiento, o sea es como un chorro de agua fresca que intenta ser agarrado por una mano pero que cuyas gotas se deslizan entre los dedos de la misma. Por lo tanto, poco podemos esperar de las reuniones artísticas de este tipo o de las exposiciones regladas en cada momento, ya que el lado indómito y salvaje del arte reciente no puede ser retenido por estas estructuras existentes en cada tiempo. Por ello es preciso saber que el próximo gran hito artístico no saldrá de un premio cinematográfico o de una gran exposición, como bien ya todos deberíamos saber.

Entonces, ¿qué es más importante, el corto plazo o el largo plazo, en el mundo del arte? Bueno, cada cual tendrá sus preferencias. Pero lo que está claro es que la gloria, el ser recordado, pertenece al dominio del largo plazo, por su propia naturaleza, y que dado que, como se ha apreciado en muchas ocasiones con anterioridad a la redacción de este artículo, la vida de las personas son un pequeño instante comparado con el tiempo del universo e incluso la propia eternidad, en este medio nos quedamos con la gloria antes que con el corto plazo; por lo tanto los certámenes artísticos tienen un interés menor para el redactor de este texto, como bien podrá apreciar el lector. Sin ánimo tampoco de quitarle la importancia momentánea que un certamen de estas características puede llegar a obtener, todo sea dicho.