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El carpintero, el barbero y sus mujeres
Desí amaneció, y fuese el religioso a buscar el ladrón a otro lugar, y hospedóle un home bueno carpentero, y dijo a su muger: "Honra a este home bueno, y piensa bien dél, ca me llamaron unos mis amigos a beber, y non me tornaré si non bien tarde". "Y esta muger había un amigo, y era alcahueta entre ellos una muger de un su vecino; y mandóle que fuese a su amigo y que le feciese saber que su marido era convidado, y que non tornaría si non beudo y a grant noche. Y vino el amigo y asentóse a la puerta atendiendo mandado. Y en esto vino el carpintero su marido della, de aquel lugar do fuera, y vio el amigo de su muger a la puerta, y habíalo ante sospechado. Y ensañóse contra su muger, y entró a ella y firióla muy mal, y atóla a un pilar del palacio. Pues quél fue adormido y dormieron todos, tornó a ella la muger del alhageme, y díjole: "Mucho he estado a la puerta. ¿Qué me mandas?" Dijo la muger del carpintero. "Tú vees cómo estó, y si tú quisieres, facer me has bien, y desatar me has, y atarté yo en mi lugar un poco. Y ir me he para él, y tornarme he luego para ti".

"Y fízolo así la muger del alhageme, y desatóla, y atóse a sí mesma en su lugar. Y despertó el carpentero ante que tornase su muger y llamóla muchas veces por su nombre y la muger del alhageme non le respondió por miedo que non conosciese su voz. Desí llamóla muchas veces, y non le respondió. Y ensañóse y levantóse con un cuchillo en la mano, y cortóle las narices, y díjole: "Toma tus narices y preséntalas a tu amigo". Y pues que fue tornada la muger del carpentero, y vio a su compañera de aquella guisa, desatóla y atóse en su lugar. Y tomó la muger del alhageme sus narices y fuese, veyendo esto el religioso.

"Y pensó la muger del carpintero de aquello en que era caída, y de que era sospechada, y alzó su voz, y dijo: "¡Ay Dios, Señor!; ya vees mi flaqueza, y mi poco poder, y cuanto mal me ha fecho mi marido a tuerto, seyendo yo sin culpa. A ti ruego y pido por merced que si yo só sin culpa, y salva de lo que me apone mi marido, que tú tornes mis narices sanas así como ante eran, y demuestra y tu miraglo". Desí llamó a su marido y dijo: "Levántate, traidor, falso, y verás el miraglo de Dios en tornarme mis narices sanas así como ante eran". Y el marido dubdó, y díjole: "¿Qué esto que dices, fechicera mala?" Y levantóse y encendió lumbre, y fuela a ver. Y cuando le vio sus narices sanas, pidióle pardón, y repentióse, y escusósele de su pecado.

"Y pues que llegó la muger del alhageme a su casa, pensó en arte por do saliese de aquello en que era caída. Y cuando era cerca del día pensando y diciendo en su corazón: "¿Cómo escusaré a mi marido y a mis parientes, de mis narices cortas?" Y en esto despertó su marido, y dijo a la muger: "Dame mi ferramienta toda, ca me quiero ir de mañana a un noble homne". Y ella non le dio si non la navaja. Y él díjole: "Dame mi ferramienta toda". Y dióle de cabo la navaja. Y él ensañóse, y echóla en pos de ella a lóbregas. Y dejóse ella caer en tierra, y dio grandes voces, y dijo: "¡Ay mi nariz, mi nariz!" Vinieron sus parientes, y prisieron al marido, y leváronlo al alcalld, y mandó el alcalld justiciarlo. Y en levándolo a justiciar encontrólos el religioso, y llegóse al alcalld, y dijo: "Sofridvos un poco por amor de Dios y decir vos he todo lo que contesció. Sabed quel ladrón non furtó a mí los paños, nin la gulpeja non la mataron los cabrones, nin el alcahueta non la mató la vedegambre, nin la muger del alhageme non le tajó su marido las narices, mas nos mismos le fecimos". Rogóle el alcalld que gelo departiese todo como era, y díjole toda la hestoria fasta en cabo".

Dijo Dimna: "Entendido he lo que dejiste, y semeja a mi facienda, y por buena fe non me mata a mí si non yo mesmo; empero, ¿qué faré agora?" Dijo Calila: "Dime tú: ¿qué es el tu consejo?" A esto dijo Dimna: "Dígote de mí, que yo non quiero demandar mayor honra de la que había, nin mayor lugar del que tenía; mas quiero buscar arte para tornar en mi dignidat. Ca tres cosas son en que debe homne parar mientes: en el daño y en el pro, en el tiempo que es pasado, por tal que se guarde de haber daño y pugnar de obrar el pro; y catar otrosí las cosas en el tiempo en que está, por atener a las que le placen, y fuir de las que se despaga. Otrosí en el tiempo que es por venir debe parar mientes, por esperar la pro, y fuir el daño y el mal. Y yo, parando mientes en mi facienda, non fallé cosa que mejor me sea que guisar como pierda la vida Senceba, y que si yo lo pudiere guisar, que cobre mi estado en que era con el rey. Y quizá será esto bien para el león, ca este sobejano amor quél ha con Senceba, es cosa que le está mal, y que le traban en ella mucho, y ha le de ser despreciado".

Dijo Calila: "Yo non veo que por Senceba venga al león pro nin daño". Dijo Dimna: "Acaesce al rey por razón de la mala andancia perder los leales vasallos y los buenos defensores; y acaesce por razón de la guerra, contienda y discordia entre los homnes; y acaesce por razón del vicio amar las mugeres, y las fablas, y beber, y cazar, y tales cosas; y acaescel por razón de la crueldad denostar y ferir sin mesura; y acaescel por razón del tiempo sequedat, y mortandat, y pestilencia, y perderse los frutos; y acaescel por razón de la sandez usar braveza en lugar de mansedumbre y mansedumbre en lugar de braveza; y el león es muy ayuntado a Senceba atanto que lo face su egual". Dijo Calila: "¿Cómo puedes tú matar a Senceba, y es más valiente que tú, y más fuerte, y ha más mando, y ha más vasallos y más amigos?" Dijo Dimna: "Non cates a eso, ca todas las cosas non se facen por fuerza, y algunt flaco llegó con su faldrimiento, y con sus artes, y con su enseñamiento, a lo que non pueden facer muchos fuertes y muchos valientes. ¿Non te dijeron de cómo mató un cuervo a una culebra con su arte y con su ensañamiento y con su suavidat?" Dijo Calila. "¿Y cómo fue eso?"
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