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Del rey Cederano y de su aguacil Belet y de su mujer Helbed
Dijo el rey al filósofo: "Va oí este ejemplo. Dime agora de cuáles cosas debe el rey más usar para guardar a sí y a su reino y su poder, si es mesura o nobleza de corazón, o esfuerzo o franqueza". Dijo el filósofo: "Sepas que la cosa con que debe el rey guardar su reino y sostener su poder y honrar a sí mesmo, es mesura; ca la mesura guarda la sapiencia y la honra, y la materia de la honra es aconsejarse con los sabios y con los entendidos, y facer su obra de vagar Y la más santa obra y la mejor para cada uno es la mesura, cuanto más para los reyes, que propiamente se deben consejar con los sabios y con los fieles, por tal que les departan el buen consejo y gelo muestren, y que los ayuden con la nobleza de corazón.

Ca el homne maguer sea esforzado y escorrecho, si non hobiere mesura y fueren sus consejeros menguados de seso, maguer que la ventura le guise bien sus cosas y lo metan en alegría y en placer, y en vencimiento y en gozo, non puede ser que a arrepentimiento y a peligro non torne, ca la ventura es raíz de las cosas y es apoderada en ellas. Y el homne que más se debe alegrar en su consejo es el sabio que aconseja todavía con los sabios. Y cuando el rey fuere sabio y fuerte, y su consejero sabio y leal y desengañador, a ése da Dios lo que quisiere de seso y de ganancia, y vevirá siempre en bien y en buena andanza, y non le podrá nocir su enemigo, nin haber poder sobre él. Y si él quisiere facer alguna cosa que non debe, que sea a daño de sí y a provecho de su enemigo, estorcerá della por consejo de sus privados, así como estorció el rey Cedrán por su privado Belet y su muger Helbed". Dijo el rey "¿Cómo fue eso?"

Dijo el filósofo: Dicen que un rey de los reyes de India era muy granado y de grant prez y vencedor, y de muy grant mantenimiento, y sostenedor de su reino. Y había un privado que decían Belet, y era muy sesudo, y punaba toda vía en facer servicio a Dios y al rey. Y aquel rey, yaciendo en su lecho durmiendo, vido en sueños una visión siete vegadas, una empós de otra, y despertó muy espantado. Y la visión era ésta: dos truchas bermejas que venían contra él enfiestas en las colas, y dos ánades volando empós dellas, y que se le paraban delante, y una culebra que le saltaba a los pies. Y veía otrosí que su cuerpo estaba todo bañado en sangre, y que le habían lavado el cuerpo con agua. Y vio que estaba en pie encima de un monte blanco. Y veía que tenía en la cabeza una cosa que le semejaba fuego, y veía una ave blanca que le picaba en la cabeza con su pico.

Cuando fue despierto fizo llamar una gente de una seta que él había estroído y perseguido tanto, que les había estragado y echado de sus tierras y muerto muchos dellos, y decían les Albarhamiun. Y trajeron gelos después que los fizo buscar con grant escodruño. Y cuando ellos venieron fallaron al rey con gran cuita y muy espantado de la visión que viera. Y demandóles que le declarasen aquella visión. Y ellos dijeron: "Señor, esta visión es muy fuerte, y es mucho de temer; y si lo por bien tovieres, señor, mandar nos has salir de aquí, y disputar nos hemos unos con otros, y leeremos unos libros y el entendimiento que fallaremos, y después de algunos días tornaremos a ti por facer su departimiento y qué acaescerá ende, y pugnaremos como escapes de su mal". Y el rey fue pagado desto que le dijeron, y mandóles ir.

Y ellos fuéronse, y ayuntáronse en uno, y dijeron unos a otros: "Este rey ha matado de nos más de doce mil personas y ha destruído nuestra ley y ha muerto nuestros sacerdotes, y agora descubriónos su poridad, y habemos fallado carrera como nos podamos vengar dél. Y seamos todos de un consejo, que le metamos miedo y que le soltemos el sueño a nuestra guisa; y el miedo le fará facer cuanto nos quisiéremos y dijéremos. Y digamos le así: "Éste que tú viste, señor, es tu muerte y perdimiento de tu regno, ca tornará en tus enemigos. Y esto non lo puedes desviar en guisa del mundo si non matares a Helbed, tu más honrada muger, madre del tu más amado fijo Gembrir, y a Gembrir tu fijo, y el fijo de tu hermana, que tú mucho amas, y a Belet, tu privado alguazil, y a tu escribano, que sabe tus poridades; y que quebrantes la tu mejor espada del tu mayor prescio, y que mates el tu elefante blanco que cabalgas, y a los otros dos elefantes presciados, y el tu buen caballo corredor, y a Caimerón el filósofo; desí que fagas poner la sangre déstos en una tina y que te bañes en ella siete veces y que estemos nos enderredor de ti y que te escantemos fasta que te mundifiquemos de los pecados que feciste; por que meresces de Dios perder el reino y tu honra". Y si nos él creyere y lo ficiere, non le fincará después fuerza nin honra, y si lo quisiéremos matar, podemos lo facer". Y ficiéronlo así, y entraron a él y dijéronle: "Señor, siempre hayas buenos agüeros y acabada honra. Si por bien tovieres de te apartar conusco, decir te hemos lo que nos demandaste". Y mandó el rey salir dende cuantos con él estaban. Y dijéronle todo lo que habían comedido de facer: de matar a todos sus amigos y a sus bien querientes. Y díjoles: "Más valdría la muerte que la vida, si yo matare a éstos, que amo tanto como a mí mesmo; y yo mortal só sin falla, ca esta vida breve es, y non seré rey por siempre. Y morir o perder mis amigos una cosa es". Dijéronle los de Albarhamiud: "Señor, si tú te non ensañares, facer te hemos saber que lo que tú dices non es derecho, mas es yerro en amar tú a otrie más a ti mesmo. Sabes tú que en seyendo tu reino en tu poder cobrarás tus amigos y ellos non podrán cobrar a ti. Pues oye lo que te decimos y créenos y faz lo que te mandamos, y mueran tus bien querientes por que tú estuerzas, ca otros podrás haber después en cambio dellos, y si tú los dejas, y dejas a ti perder, nunca habrá cambio de ti".

Y cuando el rey vido que los de Albarhamiud lo acuitaban tanto, cuidó que le decían verdad y hubo muy grant pesar. Y levantóse de entre ellos, y fuese para la casa que tenía apartada para sus tristezas y para pensar en los acaescimientos del mundo. Y echóse de cara en tierra, y revolvíase como pece cuando lo sacan del agua, y comenzó de decir en su corazón: "¿Cuál destas cosas me será más fuerte: desamparar me a muerte o matar a mis amigos? ¿Cuánto es lo que yo puedo haber en mi regno?, ca yo non puedo vevir siempre, y ¿cómo habré yo alegría y placer cuando yo non viere a Helbed, mi muger, y a Gembrir, mi fijo, y al fijo de mi hermana? ¿Y cómo podré fincar en mi regno si mi privado Belet muere, y el sabio Caimerón, y el caballo corredor y los elefantes? ¿Y non habré vergüenza de me llamar rey, perdiendo yo aquéstos? ¿Y cómo veviré después de ellos?" Y estovo siempre cuitado fasta que fue sabido por toda la tierra, y lo entendieron sus ricos homnes y toda su compaña.

Cuando vio esto Belet, fuese para la muger del rey y dijo: "Yo non sé qué ha el rey, y yo nunca le vi facer cosa pequeña nin grande, después que lo conosco, que non metiese a mí en consejo y que non fablase comigo todas sus poridades, por que sabía que le era leal y que me dolía de su mal, y nunca portero nin mandadero había entre nos donde quier que él fuese o estoviese, y aun con sus mugeres estando. Y agora, de pocos días acá, ha se apartado con los de Albarhamiud, y témome que le aconsejaron su daño y el nuestro y de todo el pueblo. Pues liévate y vete para el rey, y pregúntale de su facienda, y desí dime lo que sopieres, ca non puedo entrar a él nin estar con él. Y por ventura los Albarhamiun le mandaron facer algunt pecado y algunt fecho laido; y el rey ha por costumbre que cuando se ensaña non se sufre en ninguna guisa, nin se da lugar, onde por ventura aquellos le farán verter algunas sangres.

Dijo Helbed: "Hobe unas palabras con el rey, y por eso non le quiero comenzar a fablar". Dijo Belet: "Non debes agora parar mientes a los rieptos que hobiste con él, ca non es agora tiempo, estando nos tan cerca de lo que tememos; ca non puede ninguno entrar al rey si non tú, que yo le oí muchas veces decir: "Cuando só en cuita y en cuidado y veo a Helbed, todo lo pierdo, y tórnase me en alegría". Pues liévate, buena dueña, y vete para el rey, y espacia su corazón, y conórtalo y aconséjalo, y dile la que entendieres, y le fará pro; y faz nos merced a todo el pueblo".

Y ella levantóse y fuese, y entró al rey y asentóse a su cabeza, y alzógela de tierra, y díjole: "¿Qué has, señor loado, o qué oíste decir a los Albarhamiud, por que tienes cuidado y dolor? Y yo non lo sé, ca si lo sopiere estaría triste contigo. Y tanto veo de la tu tristeza y pesar y cuidado, que me pesa de corazón. Y non puedo ser triste por lo que non sé, ca el rey es tan con el pueblo como la cabeza con el cuerpo; cuando la cabeza está bien el cuerpo está bien. Y nos non podemos ser alegres seyendo nuestro rey triste y con pesar".

Dijo el rey: "Buena dueña, non me acrescientes en mi dolor, nin me preguntes en mi facienda". Dijo Helbet: "Señor, ¿por qué me lo non dices? ¿Has sospecha en mí? Y non cuidaría yo que llegaría en estado que me sospechases en tu fecho; ca cuando el homne alguna cosa de cuita le viene, débese aconsejar con sus amigos y con los sesudos homnes, por que le desengañen de su facienda. Y tú, señor, non debes haber dolor nin facer lo haber a tus amigos y a los de tu regno, y facer haber alegría a tus enemigos y a los que han en ti venganza". Dijo el rey: "Buena dueña, hasme fecho pesar, y non es a ti nin a mí bien en te decir desto nada". Y dijo Helbed: "Más es bien para mí y para ti. Y si me lo dijeres partirás comigo el pesar y el cuidado". Dijo el rey: "Pues que lo quieres saber, este es el pesar y el cuidado que tengo. Mandáronme los Albarhamiud que mate a ti y a tu fijo y a mi sobrino y a mi privado Belet, y a cuantas cosas honradas y presciadas yo he, tan bien de mis bestias como de las otras cosas. Y dijeron que con esto estorceré y seré salvo de mis pecados".

Y cuando Helbed esto oyó non le mostró ningunt miedo, mas sonriósele en la cara y díjole: "Señor, por esto non debes estar triste, ca nuestras almas ofrecidas te son, y de grado las dejaremos por librar a ti de tristeza y porque finques en tu regno. Y tú has otras mugeres sin mí, diez y seis mil con Jorfate la buena dueña, que habrás en vez de mí. Mas una cosa te quiero rogar y pedírtela en merced, y faz me la pedir el amor que y he; que desque esto hobieres fecho non fíes nin creas por los de Albarhamiud, nin te aconsejes, nin creas por ellos en cosa del mundo, y que non mates a ninguno arrebatadamente, por que después non te arrepientas; ca non podrás resucitar al que matares.

"Y dicen que el homne cuando fallere algunt vedrio en tierra y dubdare que non es vedrio, que lo non debe echar fasta que lo muestre a los que lo conoscen, y conoscen las piedras preciosas. Y miémbrate, señor, que los de Albarhamiud nunca bien te quisieron, y tú has muerto dellos doce mil y non les debías decir tu visión nin otra cosa, nin creer lo que dicen; ca por la mala voluntad que te han, quieren matar tus amigos y tus privados y tus bien querientes, por tal de se vengar de ti. Y quieren te facer perder todas las cosas que mantienen tu reino, y con que tú estás apoderado, y cuando hobieses muerto éstos, apoderar se han de ti y habrán tu reino así como lo ante habían; mas aquí está Caimerón, muéstrale tu facienda y demándale consejo, que es sabio destas cosas, y es otrosí dellos, y nos non le sospechamos que te dé leal consejo. Y pregúntale por lo que viste en sueños; y si él te mandare lo que los otros te mandaron, fazlo, y si te mandare ál, verás que aquellos mentirosos son tus enemigos que quieren desfacer del tu reino".

Y cuando el rey oyó esto que le aconsejaba la reina, tovo que le aconsejaba bien, y cabalgó en su caballo, y fuese para Caimerón, que era cerca dél. Y cuando llegó a su puerta descabalgó y entró a él y humillóse le. Y dijo el Caimerón al rey: "¿Qué te acontesció, rey, que veniste acá, y por qué eres tan demudado y tan triste, y non te veo traer la corona en la cabeza nin la diadema que sueles?" Y el rey díjole la visión que viera y lo que le mandaron los Albarhamiud.

Díjole Caimerón: "Non temas, señor, nin te mates, nin hayas miedo desto; ca non morrás nin perderás el reino, y yo te soltaré el sueño. Sepas, señor, que las dos truchas bermejas que se enfestaban en las colas y venían facia ti es un mandadero del rey de Niazor que verná a ti con una arqueta en que habrá piedras presciosas, prescio de mil libras de oro. Las dos ánades que viste que volaban delante y se asentaban delante ti, serán dos caballos que te enviará el rey de Balaf, que non habrá semejantes dellos. Y la culebra que se llegaba a tus pies es una espada muy fina que te presentarán de Alhinde, que non le sabrá homne poner prescio. Y la sangre en que te veías bañado es que te enviará el rey de Cadaron unos paños muy ricos que son llamados alholla que relucen en tiniebla. Y lo que veías que te lavabas con el agua, es un rey romano que te enviará unos paños de lino muy albos de vestiduras de los reyes, que non les sabrá homne poner precio; y lo que vías que estabas sobre un monte blanco es un elefante blanco que te enviará el rey Candor, que correrá más que caballo. Y lo que tenías en la cabeza que semejaba fuego es una corona de oro que te enviará un rey de Armenia. Y la ave que viste que te picaba en la cabeza, esto non te soltaré agora, mas non temas dello, que non te verná dello mal ninguno, ca non es ál si non que te ensañarás contra alguno de tus amigos, desí tornará en tu gracia y en tu amor. Y estos mandaderos que te digo vernan de aquí a siete días".

Cuando esto oyó el rey, fizo presces y gracias a Dios, y loó a Caimerón el sabio, y hubo grande alegría y mal trájose por que descubrió su poridat a los de Albarhamiud. Y cuando pasaron los siete días, así como dijo Caimerón el sabio, venieron los mandaderos con los presentes fasta que se cumplió todo de la guisa que dijo Caimerón. Y el rey fue muy ledo y hubo grant placer y dijo: "Si non que me hubo Dios merced y me acorrió con consejo de Helbed, fuera perdido en este siglo y en el otro. Y por esto conviene al homne cuerdo que se aconseje toda vía con sus amigos que sabe que lo desengañarán; ca Helbed me consejó muy bien, y yo creíla y falleme ende bien, y afirmó Dios mi regno con el buen consejo de los buenos amigos leales, y vi manifiestamente cómo es Caimerón sabio". Desí fizo el rey llamar ante sí a todos aquellos que le aconsejaron los Albarhamiun que matase, y díjoles: "Tengo por bien de partir entre vosotros estos presentes, pues que vos ofrecistes a la muerte por amor de mí".

Dijo Beled: "Señor, non nos debes loar por nos dejar morir antes que tú, ca nos non somos si non para ti, y los presentes non pertenescen a nos, mas solamente a los reyes". Dijo el rey: "Yo quiero que comas del fruto de la tu paciencia, tú y los otros, en querer morir de grado por escapar yo. Y yo he jurado que estas joyas non entren en mi respuesto fasta que cada uno de vos tome su parte". Díjole Belet: "Pues que así es, señor, comienza tú y toma lo que a ti pertenesce, y de lo que fincare faz lo que a ti te pluguiere". Y tomó el rey el elefante blanco, y dio a Gembrir, su fijo, un caballo, y al escribano el otro caballo; dio a Belet la espada, y envió a Caimerón los paños de lino. Y la corona y los paños dorados que non pertenescían si non para las mugeres, mandó a Beled que llamase a Helbed y Orfate, que eran las más honradas de sus mugeres, y asentólas cabe sí, y mandó a Belet que pusiese los paños y la corona ante Helbed, y que tomase cual quisiese. Y ella pagóse mucho de lo uno y de lo otro, y non sopo cuál tomar, y cató a Belet que le mostrase cuál era mejor, y él fizole del ojo que tomase los paños.

Y tornando el rey la cabeza, vido como le ficiera del ojo; y ella cuando vido que el rey había visto las señas que le fizo Belet, dejó los paños y tomó la corona, porque non hobiese sospecha della. Y duró después Belet cuarenta años que cada vegada que entraba al rey, cerraba él un ojo y decía que era vizco, por que non barruntase el rey que había, con Helbed ninguna cosa. Desí albergó el rey una noche, en casa de Helbed, ca así era su costumbre del rey, que una noche estaba con Helbed y otra con Orfate. Y la noche que veno a albergar con Helbed, guisóle un manjar de arroz, ca los reyes de India suelen comer mucho arroz; y entró a él su escudillo de oro en la mano con el arroz y la corona de oro en la cabeza, y estovo en pie antel rey, la escudilla en la mano, y comenzó él a comer dello. Y Orfate cuando sopo que el rey estaba con Helbed, hubo ende celos y vestióse aquellos vestidos y adereszóse lo mejor que pudo y entró en la cámara donde estaba el rey con Helbed. Y lucía la cámara de los paños que ella traía, que relumbraban como el sol cuando nasce.

Y el rey cuando la vido pagóse mucho della y cobdicióla, y dijo a Holbed: "Nescia fueste en tomar la corona y dejar los paños, que nunca homne tales los vido, y bien paresce que Orfate es de mejor seso que tú y de mejor acuerdo y más semeja muger de rey". Cuando Helbed vido que el rey alababa a Orfate y denostaba a ella, pesóle de corazón y ensañóse, y dio al rey con la escudilla de arroz que tenía en la mano, por encima de la cabeza, y corrióle el arroz por el rostro y por la barba y por el cuerpo; y esto fue averiguamiento de lo que non quiso soltar Caimerón, y con ello se cumplió la visión. Y el rey mandó llamar a Belet, su alguacil, y díjole: "Ves lo que me fizo esta muger, y cómo me deshonró y me afrontó, y menospreció. Levadmela y descabezadmela, y non me demandades más consejo de su facienda nin entredes a mí fasta que la hayades muerto".

Y salió dende Belet, y llevó a Helbed, y dijo en su corazón: "Non me conviene matar esta dueña fasta que se amanse la saña del rey, ca es muger muy sesuda y bien aventurada, tal que non ha su semejante entre las reinas, y el rey non se podrá sofrir sin ella. Y Dios ha librado por ella a muchos de muerte, y habemos aun esperanza en ella de aquí en adelante, si visquiere. Y non sé seguro de rebtarme el rey y de culpar me, si apresuradamente la mataré; pues quiero la dejar viva fasta ver qué terná el rey por bien de facer, y si se arrepentiere por lo que ha fecho y le pesare y se quejare, tornargela he, y si viere que de todo en todo es acordado en la matar, cumpliré yo su mandado. Y si la yo libraré de muerte, faré en ello tres cosas buenas: la una, que la libraré de la muerte, y la otra, que me presciará el rey más por ello sobre todos los homnes del mundo; la tercera, que sabrá el rey que non debe facer las cosas apresuradamente. Y levóla para su posada, y encomendóla a dos homnes fieles del rey que guardaban sus mugeres, que la guardasen.

Y mandó a su muger que la guardase y la honrase y conortase fasta que él sopiese la voluntad del rey. Desí veno Belet con su espada sangrienta, y entró al rey muy triste. Y el rey díjole: "¿Compliste lo que te mandé?" Y dijo: "Señor, complí". Y a poco de hora amansó le la saña al rey y membróse de Helbet, como era mesurada y sesuda y entendida y muy apuesta, y fue en grant cuita. Y comenzó de conortarse y de esforzarse, y había vergüenza de preguntar a Belet qué ficiera del pleito de Helbed. Y díjole Belet: "Non hayas pesar, señor, nin tristeza por la muerte de Helbed, nin te acuites, ca el pesar nin la cuita non te tiene pro, y desgastan el cuerpo y desátanlo. Pues encomiéndate a Dios y non fagas de guisa que hayan pesar los que te bien quieren, y que hayan alegría tus enemigos, ca si lo oyeren non lo ternán por seso nin por acuerdo; onde ha menester que seas pacífico y non tomes pesar, y si quieres dar te he un ejemplo que semeja a tu facienda". Dijo el rey: "Di, Belet".
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