Estás leyendo... El libro de la selva

MELOPEA DE DARZEE
(CANTADA EN HONOR DE RIKKI–TIKKI)

Yo, que soy sastre y cantor,
me siento feliz como nadie.
Lanzo mi orgullo al espacio,
satisfecho del nido que hago.
El compás de mi canto sube y baja,
como el suave balanceo de mi casa.
Arrullar puedo a tus pequeños,
madre. Sube tu canto hasta el cielo.
Ya no hay mal que nos azote.
La muerte y su capirote
se fueron de nuestro jardín.
El terror que se escondía en las rosas,
ya no es más que una cosa
muerta y arrojada al estiércol.
Pero, ¿quién nos libró de él?
Dime su nombre y su nido.
Rikki–Tikki, siempre presta,
Rikki, con sus ojos encendidos,
Rikki–Tikki, la de los blancos colmillos,
Rikki–Tikki, la de ojos encendidos.
Que los pájaros la agasajen,
con sus colas bien extendidas.
Las notas del ruiseñor
se harán homenaje y preces.
Rikki–Tikki, la de ojos encendidos
y cola siempre henchida.


(En este punto, Rikki–Tikki interrumpió a Darzee y se ha perdido el resto de la canción.)
Estás leyendo... El libro de la selva