Posible unión entre Disney y Warner al no poder rentabilizar sus servicios de streaming por separado debido al exceso de oferta
13 de Mayo de 2024; redacción Arscodex
Internet es un ente que evoluciona a medida que pasa el tiempo. Así, las dos compañías cinematográficas más apreciadas, otrora competencia entre ellas, Warner y Disney, están a punto de ofrecer sus servicios de streaming conjuntamente en internet, lo que supone un hito para el ecosistema de vídeo en la red de redes.
Según la prensa generalista de buena parte de occidente, este hecho es casi una realidad, ya que en cuestión de días la oferta conjunta de streaming entre estas dos compañías se va a materializar para los usuarios. Pero, ¿qué significa esto? Desde esta publicación vemos este movimiento como un síntoma de debilidad de estas dos empresas, que amasan una ingente cantidad de propiedad intelectual. Y enumeramos aquí las posibles causas de este movimiento, según nuestro criterio.
A corto plazo tenemos una empresa de streaming, Netflix, que se está moviendo bien en el ecosistema de vídeo por internet, y aunque joven, está tomando decisiones acertadas en cada momento, y amasa a día de hoy muchísimas suscripciones a su servicio en todo el mundo. Para competir con ellos, Disney y Warner no pueden hacer más que unirse ante la amenaza conjunta (habrá que ver qué dice la supuesta ley anti-monopolio estadounidense, que a día de hoy y según nuestro criterio se muestra como poco sólida y acabará cediendo ante la solución que mejor proteja los intereses comunes de este país en el mundo).
Pero esto es el problema a corto plazo. A largo plazo el verdadero problema es que existe una democratización del cine, del vídeo por internet, en el sentido de que cualquier persona, sí, cualquier persona de este mundo, con la cámara de su teléfono móvil, se convierte en un director de cine en potencia, y muchos de ellos va a reclamar su parte del pastel publicitario/ingresos totales de explotación del vídeo en internet.
Es decir, antes había cinco empresas que hacían cine, una especie de oligopolio, que amasaba todas las intentonas de salir a flote en el mercado. Pero el escenario actual es muy diferente. En la actualidad como hemos dicho cada personita con su móvil es un actor en el ecosistema streaming, por lo tanto, los ingresos publicitarios, que antes recaían en su totalidad sobre estas cinco empresas, se ha distribuido entre todos los creadores independientes que hay en el internet. Por lo tanto cada actor amasa menos ingresos totales y además hay muchos más actores por lo que existe una especie de redistribución de la riqueza audiovisual.
Los principales damnificados son, como hemos comentado, los grandes conglomerados, que antes tenían el dominio del asunto pero que a día de hoy no pueden competir ni en calidad ni en cantidad a veces incluso con la marabunta de vídeos que salen por internet a diario. Y es que, recordemos, según el criterio de esta publicación, y técnicamente, cada vídeo que sale por internet consituye una película autónoma, sí, es un corto, una peliculita, que compite con todas las demás.
Los grandes beneficiados, a juicio de esta publicación, serán los estudios pequeños/medianos, que con pocos costes de producción tienen la posibilidad de, si gestionan bien su talento, llegar a millones de personas en el mundo mediante internet.
Y así están las cosas. Volviendo al planteamiento del artículo, repetimos que la posible fusión entre Warner y Disney, que está encima de la mesa actualmente, es un síntoma de cambio en el panorama audiovisual de internet; primero propiciado por el buen hacer de Netflix (y a corto plazo), pero, de manera soterrada y sostenida, realmente debido a la democratización del vídeo y de la imagen propiciada por la aparición de la red de redes sobre la faz de la tierra.
Según la prensa generalista de buena parte de occidente, este hecho es casi una realidad, ya que en cuestión de días la oferta conjunta de streaming entre estas dos compañías se va a materializar para los usuarios. Pero, ¿qué significa esto? Desde esta publicación vemos este movimiento como un síntoma de debilidad de estas dos empresas, que amasan una ingente cantidad de propiedad intelectual. Y enumeramos aquí las posibles causas de este movimiento, según nuestro criterio.
A corto plazo tenemos una empresa de streaming, Netflix, que se está moviendo bien en el ecosistema de vídeo por internet, y aunque joven, está tomando decisiones acertadas en cada momento, y amasa a día de hoy muchísimas suscripciones a su servicio en todo el mundo. Para competir con ellos, Disney y Warner no pueden hacer más que unirse ante la amenaza conjunta (habrá que ver qué dice la supuesta ley anti-monopolio estadounidense, que a día de hoy y según nuestro criterio se muestra como poco sólida y acabará cediendo ante la solución que mejor proteja los intereses comunes de este país en el mundo).
Pero esto es el problema a corto plazo. A largo plazo el verdadero problema es que existe una democratización del cine, del vídeo por internet, en el sentido de que cualquier persona, sí, cualquier persona de este mundo, con la cámara de su teléfono móvil, se convierte en un director de cine en potencia, y muchos de ellos va a reclamar su parte del pastel publicitario/ingresos totales de explotación del vídeo en internet.
Es decir, antes había cinco empresas que hacían cine, una especie de oligopolio, que amasaba todas las intentonas de salir a flote en el mercado. Pero el escenario actual es muy diferente. En la actualidad como hemos dicho cada personita con su móvil es un actor en el ecosistema streaming, por lo tanto, los ingresos publicitarios, que antes recaían en su totalidad sobre estas cinco empresas, se ha distribuido entre todos los creadores independientes que hay en el internet. Por lo tanto cada actor amasa menos ingresos totales y además hay muchos más actores por lo que existe una especie de redistribución de la riqueza audiovisual.
Los principales damnificados son, como hemos comentado, los grandes conglomerados, que antes tenían el dominio del asunto pero que a día de hoy no pueden competir ni en calidad ni en cantidad a veces incluso con la marabunta de vídeos que salen por internet a diario. Y es que, recordemos, según el criterio de esta publicación, y técnicamente, cada vídeo que sale por internet consituye una película autónoma, sí, es un corto, una peliculita, que compite con todas las demás.
Los grandes beneficiados, a juicio de esta publicación, serán los estudios pequeños/medianos, que con pocos costes de producción tienen la posibilidad de, si gestionan bien su talento, llegar a millones de personas en el mundo mediante internet.
Y así están las cosas. Volviendo al planteamiento del artículo, repetimos que la posible fusión entre Warner y Disney, que está encima de la mesa actualmente, es un síntoma de cambio en el panorama audiovisual de internet; primero propiciado por el buen hacer de Netflix (y a corto plazo), pero, de manera soterrada y sostenida, realmente debido a la democratización del vídeo y de la imagen propiciada por la aparición de la red de redes sobre la faz de la tierra.

