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Blanca Sarasa Plaza presentó su segundo poemario

23 de Noviembre de 2024;
Blanca Sarasa Plaza posa para Arscodex
Blanca Sarasa Plaza posa para Arscodex
En el día de hoy nos vamos a poner poéticos; sí, tratando de resaltar ese arte, quizá el arte más bohemio que existe, el arte de la poesía, con la presentación del segundo poemario de la artista Blanca Sarasa Plaza, "La voracidad de los cuerpos frágiles".

Pues bien, la autora, la poetisa, además de escribir bien poemas, tiene actitud. Actitud de artista, pues ha publicado esta obra que ya está a la venta en un buen número de librerías, y ciertamente lo ha hecho con un ímpetu muy loable, ya que es como si se hubiera "zambullido en el mar sin saber si en esa zona había profundidad suficiente", es decir, sin saber si este poemario iba a funcionar artísticamente o no.

El poemario, escrito en prosa poética, es decir, con versos de métrica irregular y sin rima aparente (recordemos la rima puede ser un arma de doble filo por muchos motivos: es más difícil de traducir y a veces puede quedar demasiado infantil o simplona), bebe de algunas fuentes poéticas "modernas" (del siglo XX) pero tiene una musicalidad, una cadencia, un ritmo, que quizá trascienda esa época comentada y mire más hacia atrás, o hacia otras culturas (léanse, por ejemplo, los breves haikus japoneses que tampoco tienen rima).

La poetisa también es artista en general, ya que se ha formado en las artes del canto lírico así como la danza, etcétera.

Pues bien, si la poesía, por estar ligeramente olvidada hoy día, así como por su carácter etéreo y liviano, ya es un arte "difícil", no solo la poetisa, Blanca, se ha zambullido en el mar sin conocer la profundidad de esa zona; ha sido capaz también de recoger con sus manos una bonita perla, este poemario "La voracidad de los cuerpos frágiles", y una vez de vuelta a la superficie nos lo ofrece a todos para el regocijo general.

Un poemario que se lee (y se relee) rápido, con sus versos fugaces, musicales pero arrítmicos, cargados de sentimiento, con algunas miradas al optimismo (las menos) y algunas otras miradas melancólicas (las más), que el lector/a puede, desde ya mismo, devorar intelectualmente.