Cuando la política es espectáculo y el espectáculo es política
15 de Noviembre de 2025; redacción Arscodex
En estos días que corren, en estos tiempos actuales, conviene reflexionar y darse cuenta de cómo están las cosas en España: la política se ha convertido en un espectáculo bochornoso, y, a su vez, el tradicional espectáculo se ha llenado de política.
Esta es la situación actual, amigos: entre posibles casos de corrupción y otros asuntos, el Congreso de los diputados español se ha convertido casi en un circo macabro, un espectáculo dantesco que ocupa siempre los primeros titulares en la prensa y que la gente sigue con avidez, encumbrando a los políticos a una especie de, no sé cómo decirlo, olimpo deprimente donde solo ellos tienen voz.
Los políticos están, además, siempre enfadados; es como si fueran los participantes de una lucha en un ring de barro, haciendo un trabajo que no va a ser recompensado seguramente (de entrada tienen en contra a una gran parte de la población, solo por el hecho de pertenecer a uno u otro partido), y donde, muchas veces, este "mal rollo" generalizado en combinación con la exposición pública está siendo somatizado por algunos de ellos, quienes desgraciadamente enferman gravemente y eventualmente, mueren.
Por otro lado, el tradicional espectáculo, el cine, a través de las subvenciones, se ha convertido en un arma político donde los mensajes y las soflamas de este tipo campan a sus anchas. Tanto es así que incluso ciertos festivales de cine invitan a políticos y políticas para que desfilen sobre una alfombra roja que no está destinada para ellos. También vemos cómo ciertas secciones del corazón de ciertos periódicos encumbran igualmente a políticos y políticas como celebridades.
Y, escondidos, esperando que pase el temporal, estamos los cineastas verdaderos, que, al ir por una frecuencia diferente al mundo de la política no podemos hacer más que estar resguardados ya que nuestro código ético (a ver, los cineastas por unos y otros motivos no tienen ningún tipo de código ético; ja, ja, ja) nos impide mezclarnos con esos políticos y políticas que como una especie de... no sé cómo definirlo... tratan de absorber la energía de la gente convirtiéndose en "omnipresentes".
En fin; pues, quizá, los verdaderos cineastas tenemos una misión más con nuestro desempeño: bajarle los humos a los políticos, ya que les va a costar bastante, no quiero decir solo de dinero, les va a costar bastante como digo conseguir una foto con, por ejemplo, el que escribe, que andará por las sombras del mundo si es preciso para evitar que su talento se mancille con la política actual.
Y ahora un breve apunte sobre el talento y la política. Si un diputado, o en definitiva, un político se atreve a leer estas líneas, puede reflexionar y tratar de averiguar cuál es su talento, no en abstracto, sino por ejemplo comparado con el talento del que escribe. Puede comprobar el político o política que si hablamos de talento, es mejor no competir porque las cosas no van a salir bien para este colectivo, el de los políticos, en términos objetivos de talento.
En fin, que, como se ha dicho en estas líneas, la política es espectáculo, el espectáculo es política, en definitiva todo se reduce ahora a una subvención de más o menos importe, y ahí vamos, el talento está oculto. Ya suele ser escaso y estar escondido de por sí, pero ahora todavía más, sabiendo que la política y la creatividad en general en estos tiempos van por frecuencias diferentes y le va a costar mucho a la política abarcar ciertas cosas que el que escribe tiene resguardadas a buen recaudo, precisamente para que no se estropeen con el mal uso.
Esta es la situación actual, amigos: entre posibles casos de corrupción y otros asuntos, el Congreso de los diputados español se ha convertido casi en un circo macabro, un espectáculo dantesco que ocupa siempre los primeros titulares en la prensa y que la gente sigue con avidez, encumbrando a los políticos a una especie de, no sé cómo decirlo, olimpo deprimente donde solo ellos tienen voz.
Los políticos están, además, siempre enfadados; es como si fueran los participantes de una lucha en un ring de barro, haciendo un trabajo que no va a ser recompensado seguramente (de entrada tienen en contra a una gran parte de la población, solo por el hecho de pertenecer a uno u otro partido), y donde, muchas veces, este "mal rollo" generalizado en combinación con la exposición pública está siendo somatizado por algunos de ellos, quienes desgraciadamente enferman gravemente y eventualmente, mueren.
Por otro lado, el tradicional espectáculo, el cine, a través de las subvenciones, se ha convertido en un arma político donde los mensajes y las soflamas de este tipo campan a sus anchas. Tanto es así que incluso ciertos festivales de cine invitan a políticos y políticas para que desfilen sobre una alfombra roja que no está destinada para ellos. También vemos cómo ciertas secciones del corazón de ciertos periódicos encumbran igualmente a políticos y políticas como celebridades.
Y, escondidos, esperando que pase el temporal, estamos los cineastas verdaderos, que, al ir por una frecuencia diferente al mundo de la política no podemos hacer más que estar resguardados ya que nuestro código ético (a ver, los cineastas por unos y otros motivos no tienen ningún tipo de código ético; ja, ja, ja) nos impide mezclarnos con esos políticos y políticas que como una especie de... no sé cómo definirlo... tratan de absorber la energía de la gente convirtiéndose en "omnipresentes".
En fin; pues, quizá, los verdaderos cineastas tenemos una misión más con nuestro desempeño: bajarle los humos a los políticos, ya que les va a costar bastante, no quiero decir solo de dinero, les va a costar bastante como digo conseguir una foto con, por ejemplo, el que escribe, que andará por las sombras del mundo si es preciso para evitar que su talento se mancille con la política actual.
Y ahora un breve apunte sobre el talento y la política. Si un diputado, o en definitiva, un político se atreve a leer estas líneas, puede reflexionar y tratar de averiguar cuál es su talento, no en abstracto, sino por ejemplo comparado con el talento del que escribe. Puede comprobar el político o política que si hablamos de talento, es mejor no competir porque las cosas no van a salir bien para este colectivo, el de los políticos, en términos objetivos de talento.
En fin, que, como se ha dicho en estas líneas, la política es espectáculo, el espectáculo es política, en definitiva todo se reduce ahora a una subvención de más o menos importe, y ahí vamos, el talento está oculto. Ya suele ser escaso y estar escondido de por sí, pero ahora todavía más, sabiendo que la política y la creatividad en general en estos tiempos van por frecuencias diferentes y le va a costar mucho a la política abarcar ciertas cosas que el que escribe tiene resguardadas a buen recaudo, precisamente para que no se estropeen con el mal uso.

