El ¿ocaso? del genio de Calatrava contado en un libro
18 de Octubre de 2016; redacción Arscodex
El ensayista catalán Llàtzer Moix resalta estos días en un libro recientemente editado por Anagrama, cuyo título es "Queríamos un Calatrava", el ¿ocaso? del genio del arquitecto e ingeniero valenciano Santiago Calatrava.
A través de una serie de conversaciones con personas que se han cruzado en la vida del arquitecto, el escritor narra las desventuras -por llamarlas de alguna manera según el tono del escrito- del arquitecto, anécdotas quizá problemáticas que se han ido sucediendo a lo largo de sus años de trabajo pasado.
Y es que la obra de Calatrava, además de ser cara sobre papel, suele tener desviaciones presupuestarias importantes mientras se edifica, y posteriormente es difícil de mantener ya que las formas orgánicas y curvas de sus diseños tienden a acumular agua y a agrietarse. Lo cierto es que desde tiempos inmemoriales -quizá fruto de la envidia-, otros arquitectos han calificado la obra de Calatrava como epatante y poco profunda, lo cual puede tener un punto de razón; aunque en su categoría, la de las obras arquitectónicas-escultóricas, sobresale no por solo los diseños sino por haber sido capaz de obtener apoyos para construirlos.
Es fácil, en el contexto actual de post-crisis económica y una vez la obra ya está en pie, criticar al artista debido a problemas más relacionados con el mundanal ruido que con la gloria del arte, pero que en definitiva forman parte de la arquitectura. Veremos si el tiempo da la razón a los críticos o sus obras, diseminadas por todo el mundo, permanecen, eso sí, con gastos de mantenimiento.
A través de una serie de conversaciones con personas que se han cruzado en la vida del arquitecto, el escritor narra las desventuras -por llamarlas de alguna manera según el tono del escrito- del arquitecto, anécdotas quizá problemáticas que se han ido sucediendo a lo largo de sus años de trabajo pasado.
Y es que la obra de Calatrava, además de ser cara sobre papel, suele tener desviaciones presupuestarias importantes mientras se edifica, y posteriormente es difícil de mantener ya que las formas orgánicas y curvas de sus diseños tienden a acumular agua y a agrietarse. Lo cierto es que desde tiempos inmemoriales -quizá fruto de la envidia-, otros arquitectos han calificado la obra de Calatrava como epatante y poco profunda, lo cual puede tener un punto de razón; aunque en su categoría, la de las obras arquitectónicas-escultóricas, sobresale no por solo los diseños sino por haber sido capaz de obtener apoyos para construirlos.
Es fácil, en el contexto actual de post-crisis económica y una vez la obra ya está en pie, criticar al artista debido a problemas más relacionados con el mundanal ruido que con la gloria del arte, pero que en definitiva forman parte de la arquitectura. Veremos si el tiempo da la razón a los críticos o sus obras, diseminadas por todo el mundo, permanecen, eso sí, con gastos de mantenimiento.
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