Internet poco a poco va consumando un cambio de modelo en muchas de las artes
26 de Mayo de 2017; redacción Arscodex
El nacimiento de la tecnología computerizada e internet, que van a la par, está propiciando cambios en el sistema de disfrute y gestión del arte que todavía no se han asimilado bien pero que poco a poco van calando en la sociedad y en el tejido empresarial que lo sustenta -o mejor dicho, internet está acabando con el tejido empresarial que lo sustentaba-.
Así, su efecto se está sintiendo en muchas de las artes, ya sean de creación individual o colectiva, pero principalmente esto se nota en el mundo audiovisual (cine, tv), y en la música, debido a los cambios en la distribución de estos contenidos y en la producción de los mismos.
A continuación mencionamos una serie de cambios sin orden muy aparente:
* La música es fácil de crear y distribuir, una misma persona puede hacer una gran cantidad de trabajo con ayuda de un ordenador
* El cine y la televisión pasan de ser un gueto cerrado a democratizarse con cámaras que graban desde un teléfono móvil y facilidad también de distribución. Se reducen los equipos de grabación hasta lo esencialmente necesario
* Existen disponibles millones de horas de música y vídeos para su consumición directa
* El precio que alguien está dispuesto a pagar por un visionado o una escucha baja considerablemente debido a la amplia oferta y en parte a la piratería
* La facilidad para crear música hace que muchos grandes artistas no ganen directamente dinero por las escuchas generadas de sus canciones, y multitud de músicos pasan a ser aficionados, necesitando otros mecanismos de sustento
* Las empresas distribuidoras se reducen a la mínima expresión, con una exposición más limitada que nunca, porque no hace falta un sistema de distribución más allá de poner en internet el trabajo de cada uno
En definitiva, así como Velázquez tuvo que acreditar, para formar parte de la Orden de Santiago, al final de su vida, que no había ganado dinero con sus pinturas, que lo hacía por afición, y así como Juan Eugenio Hartzenbusch (funcionario director de la Biblioteca Nacional Española) escribía por las tardes sus conocidas fábulas; y sobre todo, así como el funcionario que escribió El rey mono (una de las obras cumbre de la literatura china) lo hacía por diversión, el arte vuelve a estar en su sitio, que es donde se encuentra el límite de lo aficionado con lo profesional.
Así, su efecto se está sintiendo en muchas de las artes, ya sean de creación individual o colectiva, pero principalmente esto se nota en el mundo audiovisual (cine, tv), y en la música, debido a los cambios en la distribución de estos contenidos y en la producción de los mismos.
A continuación mencionamos una serie de cambios sin orden muy aparente:
* La música es fácil de crear y distribuir, una misma persona puede hacer una gran cantidad de trabajo con ayuda de un ordenador
* El cine y la televisión pasan de ser un gueto cerrado a democratizarse con cámaras que graban desde un teléfono móvil y facilidad también de distribución. Se reducen los equipos de grabación hasta lo esencialmente necesario
* Existen disponibles millones de horas de música y vídeos para su consumición directa
* El precio que alguien está dispuesto a pagar por un visionado o una escucha baja considerablemente debido a la amplia oferta y en parte a la piratería
* La facilidad para crear música hace que muchos grandes artistas no ganen directamente dinero por las escuchas generadas de sus canciones, y multitud de músicos pasan a ser aficionados, necesitando otros mecanismos de sustento
* Las empresas distribuidoras se reducen a la mínima expresión, con una exposición más limitada que nunca, porque no hace falta un sistema de distribución más allá de poner en internet el trabajo de cada uno
En definitiva, así como Velázquez tuvo que acreditar, para formar parte de la Orden de Santiago, al final de su vida, que no había ganado dinero con sus pinturas, que lo hacía por afición, y así como Juan Eugenio Hartzenbusch (funcionario director de la Biblioteca Nacional Española) escribía por las tardes sus conocidas fábulas; y sobre todo, así como el funcionario que escribió El rey mono (una de las obras cumbre de la literatura china) lo hacía por diversión, el arte vuelve a estar en su sitio, que es donde se encuentra el límite de lo aficionado con lo profesional.
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