El cine vasco se desmarca del cine español y triunfa gracias al costumbrismo
10 de Febrero de 2018; redacción Arscodex
Recientemente se ha puesto, mediante una lluvia de premios Goya, a conocimiento del público en general un filme, Handia, rodado en euskera casi íntegramente, que profundiza con éxito en la leyenda de ese gigante vasco del siglo XIX, al que todos en Europa querían ver, como una atracción de circo más.
El presupuesto de este filme ronda los 2-3 millones de Euros según la fuente que se consulte. Es un filme de corte impecable en la producción, por lo que los únicos aspectos que se podrían mejorar son los que tienen que ver con el talento más directamente: el guión, la interpretación y la música. Pero no queda mal parado tampoco en estas facetas el filme.
Más allá de si es entretenido o no, o según en qué partes de la cinta, triste baremo por el que se miden actualmente todas las películas casi sin excepción, la idea gira en torno a la fijación de una leyenda regional vasca, como es la de este gigante, y representa un acercamiento, en conjunto, brillante hacia la cultura vasca, y también española. Se aleja de la marca "cine español" que conocemos hasta ahora para entrar en una nueva dinámica de búsqueda de nuestra propia identidad con éxito, búsqueda que venimos reivindicando desde este medio de comunicación y a través de las producciones asociadas al mismo, pero que es difícil de encontrar.
Cabe destacar que un director de primera fila, Álex de la Iglesia, ha realizado recientemente un filme que aunque un poco más excesivo, digamos, representa también un pedacito del país vasco: Las brujas de Zugarramurdi, cinta de largo metraje (casi dos horas) pero muy bien resuelta, divertida y caústica a partes iguales. Esta película a veces también nos extraña que sea española por su buena producción.
El recientemente fallecido director de animación de origen vasco Juanba Berasategi, aunque no muy conocido, fue el que dio el pistoletazo de salida fijándose muy principalmente en la Alhambra de Granada y sus historias.
Llegados a este punto, cabe destacar que no solo de entretenimiento vive el hombre (y la mujer), y si en alguna parte de alguna película la cosa va un poco más despacio, pues no pasa nada, a ver si va a suceder que ahora en este mundo todo tiene que ser entretenido por obligación.
En definitiva, éste es el camino del cine español, sin dudas; a la cabeza está este cine vasco que se está haciendo ahora, que debe ser copiado a nivel nacional, y que encaja y entronca muy bien con las producciones asociadas a este medio de comunicación. Por lo tanto, el hecho de que los Goya se hayan parado a escrutinar esta producción y le hayan regalado tantas estatuillas es un tremendo acierto también.
El presupuesto de este filme ronda los 2-3 millones de Euros según la fuente que se consulte. Es un filme de corte impecable en la producción, por lo que los únicos aspectos que se podrían mejorar son los que tienen que ver con el talento más directamente: el guión, la interpretación y la música. Pero no queda mal parado tampoco en estas facetas el filme.
Más allá de si es entretenido o no, o según en qué partes de la cinta, triste baremo por el que se miden actualmente todas las películas casi sin excepción, la idea gira en torno a la fijación de una leyenda regional vasca, como es la de este gigante, y representa un acercamiento, en conjunto, brillante hacia la cultura vasca, y también española. Se aleja de la marca "cine español" que conocemos hasta ahora para entrar en una nueva dinámica de búsqueda de nuestra propia identidad con éxito, búsqueda que venimos reivindicando desde este medio de comunicación y a través de las producciones asociadas al mismo, pero que es difícil de encontrar.
Cabe destacar que un director de primera fila, Álex de la Iglesia, ha realizado recientemente un filme que aunque un poco más excesivo, digamos, representa también un pedacito del país vasco: Las brujas de Zugarramurdi, cinta de largo metraje (casi dos horas) pero muy bien resuelta, divertida y caústica a partes iguales. Esta película a veces también nos extraña que sea española por su buena producción.
El recientemente fallecido director de animación de origen vasco Juanba Berasategi, aunque no muy conocido, fue el que dio el pistoletazo de salida fijándose muy principalmente en la Alhambra de Granada y sus historias.
Llegados a este punto, cabe destacar que no solo de entretenimiento vive el hombre (y la mujer), y si en alguna parte de alguna película la cosa va un poco más despacio, pues no pasa nada, a ver si va a suceder que ahora en este mundo todo tiene que ser entretenido por obligación.
En definitiva, éste es el camino del cine español, sin dudas; a la cabeza está este cine vasco que se está haciendo ahora, que debe ser copiado a nivel nacional, y que encaja y entronca muy bien con las producciones asociadas a este medio de comunicación. Por lo tanto, el hecho de que los Goya se hayan parado a escrutinar esta producción y le hayan regalado tantas estatuillas es un tremendo acierto también.
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