Sobre las nacionalidades y las lenguas en lo tocante a las artes y a la cultura
13 de Octubre de 2022; redacción Arscodex
En este artículo, cuyo título podría sonar peliagudo pero que para nada lo es, puesto que nada nuevo se va a comentar en el mismo, venimos a reseñar algunos aspectos sobre las nacionalidades y las lenguas en lo tocante a las artes y la cultura en general.
Pues bien, comenzamos con el asunto. Las nacionalidades, en lo que a las artes tocan, podrían quedar definidas como los "equipos", a modo de competición deportiva, con el que compite cada artista; es decir, vivir la propia nacionalidad de manera sana es deseado pero sin exaltarla, ya que la exaltación de la nacionalidad podría considerarse como algo negativo. La nacionalidad debe moverse en el terreno de su aprecio a nivel medio-alto, pero no pasar de ahí, sobre todo por arriba, ya que entonces como hemos comentado caemos en la exaltación de la nacionalidad que a ojos del que escribe este artículo podría ser perjudicial, o malo, vaya.
La nacionalidad, en lo tocante a la apreciación de la misma desde otras nacionalidades, no debería criticarse, sino solo hablarse de ella en sentido positivo; es decir, entre portugueses y españoles, por ejemplo, los españoles no deberíamos "hablar mal" de la otra nacionalidad ni a la inversa, en la medida de lo posible porque, oye, que todos tenemos cosas en el armario que guardar y nadie es perfecto, ¿o si? O sea, pecadores somos todos; por lo tanto no conviene hablar en sentido negativo de una nacionalidad concreta sino siempre tratando de alabar o ensalzar los hallazgos que esta pueda haber tenido en su conjunto (más bien los hallazgos de sus ciudadanos).
Ponemos un ejemplo de hablar negativamente sobre una nacionalidad: la leyenda negra contra España. Y es que el hecho de haber descubierto América le está costando mucho a España en términos de envidia: muchas otras nacionalidades tratan de afear este acontecimiento como bien sabemos. Dentro de la propia España hay facciones o regiones que también, digamos, abusan de hablar negativamente sobre la nacionalidad española. En fin, ¿qué le vamos a hacer? No es algo que sería deseable pero bueno.
Sobre las lenguas otro tanto de lo mismo. En el mundo hay lenguas. ¿Qué le vamos a hacer (y perdóneseme la repetición)? Por lo tanto hablar negativamente sobre ellas no debería ser algo interesante; tenemos que tener en cuenta que es la herramienta con la que las personas se comunican las unas con las otras y no es fácil aprenderlas, por lo tanto deberíamos tener un sistema de mínimos, es decir, garantizar a cualquier persona el uso de cualquier lengua, y que estas se autorregulen de manera positiva, o sea, solo por su uso.
Mención especial debemos tener en cuenta en este caso con la tecnología, que está ayudando a limar estas asperezas ya que Google Translate, herramienta libre y de acceso gratuito, está haciendo un grandísimo trabajo en esta materia ya que algunos escenarios de comunicación en distintos idiomas se están suavizando y es posible dicha comunicación: por ejemplo en las cartas (emails) de contestación en diferido. Si yo recibo un email en francés puedo entenderlo gracias a Google Translate y emitir una contestación que el iniciador de la comunicación entenderá. Otros escenarios, como la traducción simultánea no literaria o cinematográfica también se están mejorando mucho. Es algo en lo que las personas de nuestro pequeño mundo deben agradecer y también potenciar, ya que nos sacará de muchos quebraderos de cabeza.
En principio, como hemos dicho, y basándonos en la hipotética y necesaria garantía de unos mínimos en cuanto a las lenguas, no deberíamos hacer distingos ni dar más derechos a unas personas u otras porque hablen una u otra lengua, y estas deberían fluir libremente por la geografía mundial. Es decir, si un francófono se encuentra con la policía en Madrid, debería garantizársele la comunicación con la autoridad en su idioma, si es preciso haciendo uso de la mentada herramienta Google Translate o de otra más específica y mejor de pago parecida (si es que la hubiera).
El escenario más "envidiable" (en sentido positivo, claro está), es el que se da en Suiza, ese país europeo que tiene en cada zona un idioma oficial distinto y cuyos ciudadanos viven en armonía y sin preocuparse demasiado por estos asuntos, mientras el sustento esté garantizado, claro; ja, ja, ja.
Así, el que escribe este artículo, de nacionalidad española (europea), está produciendo su obra en su querida lengua natal española, y creándola en suelo español también, como no podía ser de otra manera. No hay nada que objetar ante esta situación. Y el que escribe no está exaltando su nacionalidad, simplemente está haciendo uso de ella, que es muy distinto, porque si no tendría que mudarse de país y hacer películas en una lengua distinta a la materna suya; quiero decir, no es un escenario deseable pero podría incluso también darse (esperemos que no).
En conclusión, el que escribe (una vez más se menciona a sí mismo) diría que las nacionalidades hay que verlas como un "equipo" pero nada más; la exaltación de la nacionalidad no es muy positiva; y las lenguas deben tener un sistema de mínimos pero tampoco se pueden ni imponer ni exaltar. Si es que esto sirve de algo.
Pues bien, comenzamos con el asunto. Las nacionalidades, en lo que a las artes tocan, podrían quedar definidas como los "equipos", a modo de competición deportiva, con el que compite cada artista; es decir, vivir la propia nacionalidad de manera sana es deseado pero sin exaltarla, ya que la exaltación de la nacionalidad podría considerarse como algo negativo. La nacionalidad debe moverse en el terreno de su aprecio a nivel medio-alto, pero no pasar de ahí, sobre todo por arriba, ya que entonces como hemos comentado caemos en la exaltación de la nacionalidad que a ojos del que escribe este artículo podría ser perjudicial, o malo, vaya.
La nacionalidad, en lo tocante a la apreciación de la misma desde otras nacionalidades, no debería criticarse, sino solo hablarse de ella en sentido positivo; es decir, entre portugueses y españoles, por ejemplo, los españoles no deberíamos "hablar mal" de la otra nacionalidad ni a la inversa, en la medida de lo posible porque, oye, que todos tenemos cosas en el armario que guardar y nadie es perfecto, ¿o si? O sea, pecadores somos todos; por lo tanto no conviene hablar en sentido negativo de una nacionalidad concreta sino siempre tratando de alabar o ensalzar los hallazgos que esta pueda haber tenido en su conjunto (más bien los hallazgos de sus ciudadanos).
Ponemos un ejemplo de hablar negativamente sobre una nacionalidad: la leyenda negra contra España. Y es que el hecho de haber descubierto América le está costando mucho a España en términos de envidia: muchas otras nacionalidades tratan de afear este acontecimiento como bien sabemos. Dentro de la propia España hay facciones o regiones que también, digamos, abusan de hablar negativamente sobre la nacionalidad española. En fin, ¿qué le vamos a hacer? No es algo que sería deseable pero bueno.
Sobre las lenguas otro tanto de lo mismo. En el mundo hay lenguas. ¿Qué le vamos a hacer (y perdóneseme la repetición)? Por lo tanto hablar negativamente sobre ellas no debería ser algo interesante; tenemos que tener en cuenta que es la herramienta con la que las personas se comunican las unas con las otras y no es fácil aprenderlas, por lo tanto deberíamos tener un sistema de mínimos, es decir, garantizar a cualquier persona el uso de cualquier lengua, y que estas se autorregulen de manera positiva, o sea, solo por su uso.
Mención especial debemos tener en cuenta en este caso con la tecnología, que está ayudando a limar estas asperezas ya que Google Translate, herramienta libre y de acceso gratuito, está haciendo un grandísimo trabajo en esta materia ya que algunos escenarios de comunicación en distintos idiomas se están suavizando y es posible dicha comunicación: por ejemplo en las cartas (emails) de contestación en diferido. Si yo recibo un email en francés puedo entenderlo gracias a Google Translate y emitir una contestación que el iniciador de la comunicación entenderá. Otros escenarios, como la traducción simultánea no literaria o cinematográfica también se están mejorando mucho. Es algo en lo que las personas de nuestro pequeño mundo deben agradecer y también potenciar, ya que nos sacará de muchos quebraderos de cabeza.
En principio, como hemos dicho, y basándonos en la hipotética y necesaria garantía de unos mínimos en cuanto a las lenguas, no deberíamos hacer distingos ni dar más derechos a unas personas u otras porque hablen una u otra lengua, y estas deberían fluir libremente por la geografía mundial. Es decir, si un francófono se encuentra con la policía en Madrid, debería garantizársele la comunicación con la autoridad en su idioma, si es preciso haciendo uso de la mentada herramienta Google Translate o de otra más específica y mejor de pago parecida (si es que la hubiera).
El escenario más "envidiable" (en sentido positivo, claro está), es el que se da en Suiza, ese país europeo que tiene en cada zona un idioma oficial distinto y cuyos ciudadanos viven en armonía y sin preocuparse demasiado por estos asuntos, mientras el sustento esté garantizado, claro; ja, ja, ja.
Así, el que escribe este artículo, de nacionalidad española (europea), está produciendo su obra en su querida lengua natal española, y creándola en suelo español también, como no podía ser de otra manera. No hay nada que objetar ante esta situación. Y el que escribe no está exaltando su nacionalidad, simplemente está haciendo uso de ella, que es muy distinto, porque si no tendría que mudarse de país y hacer películas en una lengua distinta a la materna suya; quiero decir, no es un escenario deseable pero podría incluso también darse (esperemos que no).
En conclusión, el que escribe (una vez más se menciona a sí mismo) diría que las nacionalidades hay que verlas como un "equipo" pero nada más; la exaltación de la nacionalidad no es muy positiva; y las lenguas deben tener un sistema de mínimos pero tampoco se pueden ni imponer ni exaltar. Si es que esto sirve de algo.

