La piratería informática podría estar comenzando a controlarse en la mayor parte de casos
09 de Noviembre de 2022; redacción Arscodex
La denominada piratería informática, esa práctica que incluye la descarga ilegal de contenidos susceptibles de ser compartidos en soporte digital, podría estar llegando a su fin, o encontrarse tan minimizada que estuviera camino de convertirse en irrelevante.
Esta "piratería", que específicamente se da en películas, música, libros, videojuegos y programas informáticos de otra índole, como decimos, se encuentra cercada por la evolución de internet que se presenta como normal, es decir, la correcta evolución de la disponibilidad del contenido en la red de redes.
Y es que frente a un modelo del internet prehistórico o jurásico en donde "todo valía", se impone el modelo más ordenado que acaba con la piratería principalmente por la combinación de dos factores importantes en este asunto: la disponibilidad de los títulos y la asequibilidad del precio que se puede pagar por ellos. Estos dos factores confluyen en una idoneidad o conveniencia para el consumidor final, que encuentra más cómodo e interesante en su conjunto alquilar una película por 1,99 € que tener que andar buscándola pirata por ahí, con los riesgos que ello implica.
Como hemos dicho, la primera condición necesaria es la disponibilidad, es decir, los títulos deben estar disponibles legalmente para su consumo porque si no, ¿de qué nos quejamos las compañías productoras? Y hoy en día, con la eclosión de los servicios de streaming este hecho se da, efectivamente, ya que la gran mayoría de películas, series y cortos con copyright vigente se encuentran disponibles para su consumo legal.
La segunda condición se refiere a que el contenido tenga un precio de mercado asequible. Es decir, para un alquiler de una película, desde los 0,99 € hasta los 2,99 € aproximadamente, es un precio que el consumidor final (otra vez volvemos a esta figura) está dispuesto a pagar para evitar "trompiezos" y dificultades derivadas de la descarga pirata del contenido. Si queremos adquirir una copia en DVD, en soporte digital, o un derecho a acceso ilimitado a través de una app (como la compra de una película en Amazon), debemos pagar un poquito más, y este precio no debería superar los 9,99 € aproximadamente, en el caso de España y otros países del entorno. Los libros, música, videojuegos, etcétera, tienen cada uno su propio ecosistema de precios pero las bases de la propuesta son las mismas.
De esta manera, la piratería es que no interesa, ni al consumidor ni al productor, que casi se olvida de ella, y así, aquellos que sean capaces de crear contenido apreciado por las masas podrán obtener pingües beneficios de este proceso y la creatividad estará justamente recompensada, algo que nos viene bien a todos.
Esta "piratería", que específicamente se da en películas, música, libros, videojuegos y programas informáticos de otra índole, como decimos, se encuentra cercada por la evolución de internet que se presenta como normal, es decir, la correcta evolución de la disponibilidad del contenido en la red de redes.
Y es que frente a un modelo del internet prehistórico o jurásico en donde "todo valía", se impone el modelo más ordenado que acaba con la piratería principalmente por la combinación de dos factores importantes en este asunto: la disponibilidad de los títulos y la asequibilidad del precio que se puede pagar por ellos. Estos dos factores confluyen en una idoneidad o conveniencia para el consumidor final, que encuentra más cómodo e interesante en su conjunto alquilar una película por 1,99 € que tener que andar buscándola pirata por ahí, con los riesgos que ello implica.
Como hemos dicho, la primera condición necesaria es la disponibilidad, es decir, los títulos deben estar disponibles legalmente para su consumo porque si no, ¿de qué nos quejamos las compañías productoras? Y hoy en día, con la eclosión de los servicios de streaming este hecho se da, efectivamente, ya que la gran mayoría de películas, series y cortos con copyright vigente se encuentran disponibles para su consumo legal.
La segunda condición se refiere a que el contenido tenga un precio de mercado asequible. Es decir, para un alquiler de una película, desde los 0,99 € hasta los 2,99 € aproximadamente, es un precio que el consumidor final (otra vez volvemos a esta figura) está dispuesto a pagar para evitar "trompiezos" y dificultades derivadas de la descarga pirata del contenido. Si queremos adquirir una copia en DVD, en soporte digital, o un derecho a acceso ilimitado a través de una app (como la compra de una película en Amazon), debemos pagar un poquito más, y este precio no debería superar los 9,99 € aproximadamente, en el caso de España y otros países del entorno. Los libros, música, videojuegos, etcétera, tienen cada uno su propio ecosistema de precios pero las bases de la propuesta son las mismas.
De esta manera, la piratería es que no interesa, ni al consumidor ni al productor, que casi se olvida de ella, y así, aquellos que sean capaces de crear contenido apreciado por las masas podrán obtener pingües beneficios de este proceso y la creatividad estará justamente recompensada, algo que nos viene bien a todos.

