Las señoritas de Avignon


Las señoritas de Avignon
Las señoritas de Avignon, o Las señoritas de la calle Avinyó (en catalán la calle) o Las señoritas de Aviñón (en español), es un cuadro de estilo protocubista pintado por Picasso en 1907 que muestra a ciertas prostitutas de un burdel localizado en dicha calle de Barcelona. Se considera esta pintura el pistoletazo de salida hacia la modernidad en el Arte.

En el mismo se pueden trazar diversos puntos de interés que estaban rondando por la cabeza del pintor en aquellos momentos: las caras y el cuerpo de las "señoritas" está pintado en ese estilo protocubista donde algunos de los elementos se muestran en un plano distinto al que le correspondería. Además, hay algunos elementos del arte africano.

En fin, que con estas "cuatro pinceladas mal puestas" (perdónanos, Picasso, allá donde estés; je, je), el pintor despacha a su propio gusto el cambio de tendencia artística: pasamos de una continuación natural de los órdenes clásicos a una ruptura total que abarca varias artes, incluyendo la pintura por supuesto, medio donde se mueve naturalmente el cubismo, hasta la arquitectura (sin haber Picasso alzado una llana de albañil en su vida).

Recordemos los tiempos e hitos: el cuadro se termina en 1907, y su existencia es descrita en 1912 por primera vez por un crítico de arte (los amigos y críticos que lo habían visto algunos se reían del resultado del lienzo, como suele ser normal en estos casos); posteriormente se exhibe en 1916. En 1920 se publica el título del cuadro. A principios de 1920 un coleccionista lo compra por una suma moderada de dinero en francos. Finalmente es comprado por el MoMA (sí, el museo de Nueva York), en 1939, y hasta hoy.

Podemos apreciar que hasta que este cuadro no hace acto de presencia en el mundo, ni Kandinsky pintaba abstracto, ni se hacían casas con estilo moderno (por ejemplo la casa Rietveld Schröder, uno de los primeros ejemplos de esta corriente que mencionamos, construida en Países Bajos en 1924), ni Le Corbusier (el arquitecto francés) ni la Bauhaus (la escuela de arquitectura alemana) argumentaban sus postulados arquitectónicos (comenzaron ambos con esa tarea hacia 1920 también).

El tema está en que ni siquiera Picasso tenía, al parecer, claro que este cuadro pasaría de tal manera, en tal distinguida posición, a la historia del Arte, ya que lo vendió por una suma moderada de dinero aproximadamente 12 años después de haberse pintado. Pero en fin, ahí está el resultado.