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Del galápago y del simio; y es capítulo del que demanda la cosa antes que la recabde y después la desampara
Dijo el rey al filósofo: "Ya oí este ejemplo. Dame agora ejemplo del que alcanza la cosa en grant trabajo y grant lacería, y desque la ha desampárala y déjala perder". Dijo el filósofo: "Más ligera cosa es recabdar la cosa que guardar la. Y quien esto face acontescer le ha lo que acaesció al galápago que quiso matar al simio, y desque lo tovo en su poder desamparólo". Dijo el rey: ¿Y cómo fue eso?"
Dijo el filósofo: "Dicen que una compaña de simios había un rey que decían que había nombre Tadis, y envejeció y enflaqueció. Y alzóse en el reino otro simio que era mancebo, y dijo a los simios: "Este es ya muy viejo, y non hay en él pro ninguna, y non puede mantener el regno, nin es para ello. Echad lo del reino, y faced a mí reinar, ca yo manterné bien a vos y a vuestros pueblos". Y los simios acordáronse con él en esto, y echaron al viejo, y ficieron reinar al mancebo. Y fuese el viejo a la ribera de la mar, y llegó a una figuera que y estaba, y comenzó a coger de los figos, y cayéronsele de las manos uno empos de otro, así que un día acaesció que se le cayó un figo de la mano, y tomólo un galápago que ende estaba, y comióselo. Y el simio, como es desvergonzado, hubo sabor de echar le los figos en el agua, y comenzó el galápago de comer los, y non dubdaba que el simio gelos echaba a sabiendas.
Y salió a él y abrazáronse uno con otro, y solazáronse y fablaron en uno y posieron su amor, y estovieron amos desta guisa un tiempo, que el galápago non tornó a su compaña nin otrosí el simio se partía dél. Desí la muger del galápago fue muy triste por la tardanza de su marido, y quejóse a una su comadre y díjole la comadre: "Non te acuites, que me dijeron que tu marido está en la ribera de la mar, y que ha por amigo un simio y están ambos comiendo y solazándose, y por esto tardó tanto que non veno, y non te pese dello, y olvídalo tú así como él te olvida a ti. Pero si pudieres guisar como mates al simio faz lo, ca si el simio muere, luego se verná tu marido para ti y fincará contigo". Y la muger del galápago estaba triste, y lloraba, y non comía, y dejó se mal caer, atanto que enflaquesció de mala manera.
Desí dijo el galápago al simio: "Yo me quiero ir a mi casa a mi compaña, que he mucho tardado, y he morado aquí mucho". Y fuese para su posada, y falló a su muger en mal estado, y díjole: "Hermana, ¿cómo te va, y por qué eres tan desfecha?" Y ella non le recudió. Y desí preguntóle de cabo, y respondióle su comadre por ella: "Tu muger está muy mal, y la melecina que la podría prestar non la puede haber, y su enfermedad es muy grave, y non ha cosa más fuerte que la enfermedat y non haber melecina". Y dijo el galápago: "Pues dime tú qué melecina es, y por aventura fallarla he". Y dijo la comadre: "Nos conoscemos esta enfermedat, y non ha otra melecina si non corazón de simio". Y dijo el galápago: "Esta es muy cara cosa de haber; ¿et dónde podría yo haber corazón de simio, si non fuese el corazón de mi amigo? ¿Y en facer traición a mi amigo por amor de mi muger non he ninguna escusación? Ca el debdo quel homne ha con la muger es muy grande, y aprovéchase el homne della en muchas guisas. Y yo débola más amar y non dejarla perder".
Desí madrugó y fuese allá con grant pesar, y comenzó de pensar y de decir en su corazón: "Querer matar los amigos por amor de una muger non es de las obras que a Dios place". Y fuese con este ardid fasta que llegó al simio y saludóle. Y dijo el simio: "¿Qué te tovo de me non ver toda esta sazón?" Dijo el galápago: "Non se me tovo de te venir ver, con cuanto deseo he de ti, si non por vergüenza de ti, que tan poco te galardoné el bien que me feciste, ca maguer que yo sé que tú non quieres galardón del bien que me feciste, tengo me por adebdado de te lo galardonar; ca la tu costumbre es de los buenos, que facen bien a sus amigos, y que muestran en ello su bien facer". Dijo el simio: "Non digas así, que tú has fecho amas estas cosas a mí, que tú comenzaste a facer por que só adebdado de te lo galardonar, porque me consolaste cuando llegué aquí de mío lugar, echado con muy grant deshonra, y me consolaste con tus buenas palabras y alegre rostro y franco corazón, y fuísteme amigo y buen compañero, y contigo me tollió Dios cuita y pesar".
Dijo el galápago: "Tres cosas son por que acaesce el amor entre los amigos: la una es fiarse unos de otros, la otra es comer en uno, la otra es conoscer sus parientes y su lugar, y desto non hubo entre nos nada, y quería que fuese". Dijo el simio al galápago: "El homne debe solamente trabajarse por haber algo por sí mesmo; que en conoscer la compaña del otro non le ha pro; ca el que juega en somo del mástel cata y vee muchas cosas más que los ojos non verían en los parientes. Otrosí del comer que dices, las bestias se ayuntan a comer en los establos y a beber, y non han amor en uno. Otrosí ir ver las posadas; los ladrones se entran en las posadas, y non han amor por ende".
Dijo el galápago: "Por buena fe dices verdad, que el amigo non quiere ál de su amigo si non su salud y su amor. Ca el que quiere amor de los homnes por su pro, con derecha nescesidat se habrá de enojar dellos; así como el becerro, que si acuita la vaca mamándola, fácele ella mal y ha lo de ferir con su cuerno, y sangriéntalo. Y lo que yo dije non lo dije si non por ser sabidor de tu bondad y de tus buenas costumbres. Y más quiero que me vayas ver en mi posada, que es en una isla donde hay muchos frutales y muchos buenos árboles y saben muy bien, y rescibe mi ruego". Y el simio, en que oyó decir de la fruta, hubo sabor della, y priso le grant cobdicia, y dijo: "¿Cómo podré yo pasar esta mar tan grande?" Y dijo el galápago: "Cabalga sobre mi espinazo y levar te he allá". Y saltó él en somo del galápago, y nadó el galápago con él fasta que fue bien dentro.
Y comenzó de pensar en su corazón la traición y la desconocencia que quería facer y dijo: "Muy fea cosa es esta, y non merescen las mugeres que por ellas sea fecha traición, ca debe homne fiar muy poco por ellas. Y dicen que el oro non se prueba si non en el fuego, y la fieldad del homne en dar y en tomar, y la fuerza de la bestia con la carga, y las mugeres non hay cosa por que se conoscan". Y cuando vio el simio que el galápago se detenía, sospechó y dijo: "Non só seguro que el galápago non se ha mudado del amor y de la amistad que me había, y quiere me mal facer; ca non es ninguna cosa que más liviana nin más mudable sea que el corazón del homne. Y dicen que el homne entendido non se le encubre lo que tienen en su corazón su compañía y sus fijos y sus amigos, en toda cosa y en toda catadura y en cada palabra, y al levantar y al asentar, y en cada estado; ca todas estas cosas testiguan lo que yace en los corazones".
Y comenzó a decir al galápago: "Amigo, ¿qué has que estás triste, y qué te tiene de andar?" Dijo el galápago: "Estó triste por que irás a mi posada y no la fallarás así como yo querría; ca mi muger está doliente". Dijo el simio: "Non estés triste; mas busca físicos para ella, ca guarescerá y sanará". Dijo el galápago: "Dicen me los físicos que non ha otra melecina por que se pueda melecinar si non corazón de simio".
Y peso mucho al simio desto, y pensó en sí diciendo: "¡Cómo me ha metido la cobdicia en mal lugar, seyendo yo tan viejo! ¡Oh, qué tamaña verdad dijo el que dijo: "El que se tiene por pagado y por abondado con lo que le viene, vive salvo y seguro, y el goloso cobdicioso siempre vive en cuita y en tristeza y en lacerio!"; mas agora me es a mí menester mío seso, y buscar carrera cómo salga deste lazo en que caí". Y dijo al galápago: "Amigo, debes saber que el leal amigo non debe encubrir a su amigo su buen castigo nin su pro, maguer que le faga daño. Y si yo esto hobiera sabido, trajera comigo mi corazón, ca lo dejé allá do estaba, y diera telo por que melecinaras tu muger con él". Y dijo el galápago: " ¿Y non lo traes contigo? ¿Y cómo lo dejaste allá?" Dijo el simio: "Habemos por ley todos los simios, que cuando alguno sale de su posada, que deje y su corazón; empero si tú quisieres, traer te lo he yo del lugar do es, si me tornares allá". Y fue alegre el galápago, por que tan de grado le daba su corazón, y tornóse con él a la ribera, y saltó el simio en tierra, y subióse luego en el árbol, y esperólo el galápago. Cuando vido que se tardaba llamólo y díjole: "Toma tu corazón y vente para mí, ca mucho nos detardamos". Dijo el simio: "Veo que cuidas que só tal como el asno que decía el lobo cerval que non tenía corazón nin orejas". Y dijo el galápago: "¿Y cómo fue eso?"
Dijo el filósofo: "Dicen que una compaña de simios había un rey que decían que había nombre Tadis, y envejeció y enflaqueció. Y alzóse en el reino otro simio que era mancebo, y dijo a los simios: "Este es ya muy viejo, y non hay en él pro ninguna, y non puede mantener el regno, nin es para ello. Echad lo del reino, y faced a mí reinar, ca yo manterné bien a vos y a vuestros pueblos". Y los simios acordáronse con él en esto, y echaron al viejo, y ficieron reinar al mancebo. Y fuese el viejo a la ribera de la mar, y llegó a una figuera que y estaba, y comenzó a coger de los figos, y cayéronsele de las manos uno empos de otro, así que un día acaesció que se le cayó un figo de la mano, y tomólo un galápago que ende estaba, y comióselo. Y el simio, como es desvergonzado, hubo sabor de echar le los figos en el agua, y comenzó el galápago de comer los, y non dubdaba que el simio gelos echaba a sabiendas.
Y salió a él y abrazáronse uno con otro, y solazáronse y fablaron en uno y posieron su amor, y estovieron amos desta guisa un tiempo, que el galápago non tornó a su compaña nin otrosí el simio se partía dél. Desí la muger del galápago fue muy triste por la tardanza de su marido, y quejóse a una su comadre y díjole la comadre: "Non te acuites, que me dijeron que tu marido está en la ribera de la mar, y que ha por amigo un simio y están ambos comiendo y solazándose, y por esto tardó tanto que non veno, y non te pese dello, y olvídalo tú así como él te olvida a ti. Pero si pudieres guisar como mates al simio faz lo, ca si el simio muere, luego se verná tu marido para ti y fincará contigo". Y la muger del galápago estaba triste, y lloraba, y non comía, y dejó se mal caer, atanto que enflaquesció de mala manera.
Desí dijo el galápago al simio: "Yo me quiero ir a mi casa a mi compaña, que he mucho tardado, y he morado aquí mucho". Y fuese para su posada, y falló a su muger en mal estado, y díjole: "Hermana, ¿cómo te va, y por qué eres tan desfecha?" Y ella non le recudió. Y desí preguntóle de cabo, y respondióle su comadre por ella: "Tu muger está muy mal, y la melecina que la podría prestar non la puede haber, y su enfermedad es muy grave, y non ha cosa más fuerte que la enfermedat y non haber melecina". Y dijo el galápago: "Pues dime tú qué melecina es, y por aventura fallarla he". Y dijo la comadre: "Nos conoscemos esta enfermedat, y non ha otra melecina si non corazón de simio". Y dijo el galápago: "Esta es muy cara cosa de haber; ¿et dónde podría yo haber corazón de simio, si non fuese el corazón de mi amigo? ¿Y en facer traición a mi amigo por amor de mi muger non he ninguna escusación? Ca el debdo quel homne ha con la muger es muy grande, y aprovéchase el homne della en muchas guisas. Y yo débola más amar y non dejarla perder".
Desí madrugó y fuese allá con grant pesar, y comenzó de pensar y de decir en su corazón: "Querer matar los amigos por amor de una muger non es de las obras que a Dios place". Y fuese con este ardid fasta que llegó al simio y saludóle. Y dijo el simio: "¿Qué te tovo de me non ver toda esta sazón?" Dijo el galápago: "Non se me tovo de te venir ver, con cuanto deseo he de ti, si non por vergüenza de ti, que tan poco te galardoné el bien que me feciste, ca maguer que yo sé que tú non quieres galardón del bien que me feciste, tengo me por adebdado de te lo galardonar; ca la tu costumbre es de los buenos, que facen bien a sus amigos, y que muestran en ello su bien facer". Dijo el simio: "Non digas así, que tú has fecho amas estas cosas a mí, que tú comenzaste a facer por que só adebdado de te lo galardonar, porque me consolaste cuando llegué aquí de mío lugar, echado con muy grant deshonra, y me consolaste con tus buenas palabras y alegre rostro y franco corazón, y fuísteme amigo y buen compañero, y contigo me tollió Dios cuita y pesar".
Dijo el galápago: "Tres cosas son por que acaesce el amor entre los amigos: la una es fiarse unos de otros, la otra es comer en uno, la otra es conoscer sus parientes y su lugar, y desto non hubo entre nos nada, y quería que fuese". Dijo el simio al galápago: "El homne debe solamente trabajarse por haber algo por sí mesmo; que en conoscer la compaña del otro non le ha pro; ca el que juega en somo del mástel cata y vee muchas cosas más que los ojos non verían en los parientes. Otrosí del comer que dices, las bestias se ayuntan a comer en los establos y a beber, y non han amor en uno. Otrosí ir ver las posadas; los ladrones se entran en las posadas, y non han amor por ende".
Dijo el galápago: "Por buena fe dices verdad, que el amigo non quiere ál de su amigo si non su salud y su amor. Ca el que quiere amor de los homnes por su pro, con derecha nescesidat se habrá de enojar dellos; así como el becerro, que si acuita la vaca mamándola, fácele ella mal y ha lo de ferir con su cuerno, y sangriéntalo. Y lo que yo dije non lo dije si non por ser sabidor de tu bondad y de tus buenas costumbres. Y más quiero que me vayas ver en mi posada, que es en una isla donde hay muchos frutales y muchos buenos árboles y saben muy bien, y rescibe mi ruego". Y el simio, en que oyó decir de la fruta, hubo sabor della, y priso le grant cobdicia, y dijo: "¿Cómo podré yo pasar esta mar tan grande?" Y dijo el galápago: "Cabalga sobre mi espinazo y levar te he allá". Y saltó él en somo del galápago, y nadó el galápago con él fasta que fue bien dentro.
Y comenzó de pensar en su corazón la traición y la desconocencia que quería facer y dijo: "Muy fea cosa es esta, y non merescen las mugeres que por ellas sea fecha traición, ca debe homne fiar muy poco por ellas. Y dicen que el oro non se prueba si non en el fuego, y la fieldad del homne en dar y en tomar, y la fuerza de la bestia con la carga, y las mugeres non hay cosa por que se conoscan". Y cuando vio el simio que el galápago se detenía, sospechó y dijo: "Non só seguro que el galápago non se ha mudado del amor y de la amistad que me había, y quiere me mal facer; ca non es ninguna cosa que más liviana nin más mudable sea que el corazón del homne. Y dicen que el homne entendido non se le encubre lo que tienen en su corazón su compañía y sus fijos y sus amigos, en toda cosa y en toda catadura y en cada palabra, y al levantar y al asentar, y en cada estado; ca todas estas cosas testiguan lo que yace en los corazones".
Y comenzó a decir al galápago: "Amigo, ¿qué has que estás triste, y qué te tiene de andar?" Dijo el galápago: "Estó triste por que irás a mi posada y no la fallarás así como yo querría; ca mi muger está doliente". Dijo el simio: "Non estés triste; mas busca físicos para ella, ca guarescerá y sanará". Dijo el galápago: "Dicen me los físicos que non ha otra melecina por que se pueda melecinar si non corazón de simio".
Y peso mucho al simio desto, y pensó en sí diciendo: "¡Cómo me ha metido la cobdicia en mal lugar, seyendo yo tan viejo! ¡Oh, qué tamaña verdad dijo el que dijo: "El que se tiene por pagado y por abondado con lo que le viene, vive salvo y seguro, y el goloso cobdicioso siempre vive en cuita y en tristeza y en lacerio!"; mas agora me es a mí menester mío seso, y buscar carrera cómo salga deste lazo en que caí". Y dijo al galápago: "Amigo, debes saber que el leal amigo non debe encubrir a su amigo su buen castigo nin su pro, maguer que le faga daño. Y si yo esto hobiera sabido, trajera comigo mi corazón, ca lo dejé allá do estaba, y diera telo por que melecinaras tu muger con él". Y dijo el galápago: " ¿Y non lo traes contigo? ¿Y cómo lo dejaste allá?" Dijo el simio: "Habemos por ley todos los simios, que cuando alguno sale de su posada, que deje y su corazón; empero si tú quisieres, traer te lo he yo del lugar do es, si me tornares allá". Y fue alegre el galápago, por que tan de grado le daba su corazón, y tornóse con él a la ribera, y saltó el simio en tierra, y subióse luego en el árbol, y esperólo el galápago. Cuando vido que se tardaba llamólo y díjole: "Toma tu corazón y vente para mí, ca mucho nos detardamos". Dijo el simio: "Veo que cuidas que só tal como el asno que decía el lobo cerval que non tenía corazón nin orejas". Y dijo el galápago: "¿Y cómo fue eso?"
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