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Del hijo del rey y del fidalgo y de sus compañeros
Dijo el rey al filósofo: "Ya oí todos tus ejemplos; pero oí te decir que non ha cosa que más faga al homne ser bien andante y rico y abondado y en buen estado, que buen seso. Y si así es, ¿por qué veemos el nescio haber tanta de honra y riqueza, y cuanto cobdicia, cuanto non puede haber el cuerdo y el entendido y sabio y de buena mantenencia? Y veemos muchas veces que viene mucha rencura y mucha mengua y ocasiones y tribulaciones en este mundo a los sabios y cuerdos y de buen entendimiento, y más que a los negligentes y a los que non se albedrían y a los de flaco seso y a los aliviados". Dijo el filósofo: "Señor, así como el homne non vee si non con sus ojos, nin oye si non con sus orejas, así el saber non se acaba si non con sofrimiento y con seso y con certedumbre; empero a todo esto vence la ventura que es prometida a cada uno. Así que algunos son a que Dios da buena andancia en su riqueza, y recabdan lo que quieren sin su albedrío y sin ninguna obra, y algunos son que se les acaba su buena andancia, que los guía Dios a ser envisos y los enderesca y los enseña de guisa que conoscen bien las cosas y las saben bien traer, y es les esto movido de la ventura que Dios dio y prometió por juicio; empero non haya ninguno esperanza en ninguna buena manera, nin en ninguna buena, bondad que homne haya, que dure sin seso y sin sufrimiento y sin buen acuerdo con que mantenga su facienda. Y ninguno non puede por arte nin por seso desviarlo que Dios le judgó y prometió de antes. Y esto paresce en el ejemplo del fijo del rey que fizo escribir sobre la puerta de su cibdat que decían Matrofil, que el buen entendimiento y la valor o la femencia y la arte en este mundo, todas son en poder de la ventura". Dijo el rey: "¿Cómo fue eso?"

Dijo el filósofo: "Así fue que cuatro mancebos se ayuntaron en un camino: el uno era fijo de rey, y había de ser rey después que muriese su padre, y otro su hermano forzólo y echólo fuera del regno después de la muerte del padre; y él fuese escondidamente con cuita por guarir, con miedo que lo prendiese su hermano y lo matase; y el segundo mancebo era fijodalgo; y el tercero era fijo de un mercador; y el cuarto, fijo de labrador. Y falláronse todos cuatro en un camino, y andovieron tanto fasta que les menguó la despensa, y fueron muy lazrados y fambrientos, y non tenían cosa ninguna si non los paños que tenían vestidos. Y andando por el camino, fablando unos con otros, hubo de caer entre ellos contienda sobre las cosas deste mundo cómo andan, y en cuál guisa puede homne haber riqueza y gozo y alegría.

Dijo el fijo del rey: "Los fechos deste mundo todos son en el poderío de Dios y en la ventura que ha prometido a cada uno; y cuanto le es por él prometido, todo le ha de venir de todo en todo; onde ser el homne sofrido a la ventura y a entenderla es muy buen seso". Dijo el fijodalgo: "A quien Dios quiere dar beldat y fermosura y apostura en todos sus miembros y buenas mañas, puede haber mucho bien por ello, y non ha cosa que más le ayude a haber algo que esto". Dijo el fijo del mercador: "Non cuido yo que ha cosa en el mundo de que homne pueda haber grande algo, como en haber buen entendimiento y sabiduría y acucia, y comprar y vender". Y dijo el fijo del labrador: "Yo non cuido que homne pueda haber de comer para un día si non labrare y trabajare". Y en contendiendo así sobre esto llegaron a la cibdat a que iban, y asentaron todos cerca de la cibdat, de fuera, que non tenían cosa deste mundo si non los vestidos que vestían. Desí comenzaron se de arrufar uno contra otro por lo que se alabara, que debía facer cada uno dellos lo que dijera, Y dijeron al fijo del labrador: "Mezquino, vete y trabaja como dices, y gana, que comamos un día".

Y fuese el fijo del labrador y entró en la cibdat y preguntó a unos homnes que estaban fablando, y díjoles: "Yo só homne estraño en esta cibdat, y tengo otros tres compañeros, y non tenemos ninguna cosa que comer. Decidme cuál obra faría por mis manos de la mañana fasta la noche, para ganar que comiésemos cuatro homnes". Dijéronle: "La leña es muy cara en esta cibdat, y el monte es a una legua de aquí en tal lugar, y van allá los leñadores. Pues ve allá, faz leña con ellos y venderás cuanta pudieres traer, por un maravedí, y esto te cumplirá a ti y a otros tres". Y fuese el fijo del labrador, y fizo leña, y trájola a cuestas cuanta le valió un maravedí, y hubo vianda cuanta cumplió a él y a sus compañeros aquel día.

Y cuando fue otro día de mañana dijeron: "Echemos suertes, y al que cayere la suerte vaya a averiguar su dicho". Y echaron suertes y cayó la suerte al fijodalgo, que era muy fermoso y muy apuesto. Y dijéronle: "Liévate, y faz nos algo con tu fermosura y con tu beldat, y faz veridad lo que dejiste". Y fuese el fijodalgo y llegó a la puerta de la cibdat. Desí pensó en su corazón y dijo: "Yo non sé facer nada nin sé qué faga por que dé a mis compañeros que coman, y habré vergüenza de tornar a ellos. Y pensó de se ir y dejar los; y arrimóse a un árbol que estaba en medio de la cibdat, y comenzó de catar a los que pasaban por ahí. Y pasó por ahí una dueña fijadalgo, caballera en su mula, y sus mugeres empós della y sus criados. Y vido lo ahí ser, y desconosciólo y entendió que era homne estraño, y vido lo tan fermoso y tan apuesto, y así tan cuidoso, y hubo compasión dél.

Y desque llegó a su posada envió una su muger a él, y la muger fue a él, y fallólo adormecido del cuidado que tenía. Y despertólo y díjole: "Mi señora, doña Fulana, muger de don Fulano, me envía a ti, y ruégate que la vayas ver a su posada". Y dijo él: "¿Qué me quiere tu señora, o para qué me manda llamar, ca nin sabe quién me so nin me conosce?" Dijo la muger: "Cuida de ti una cosa, y quiere peguntar por tu facienda, y por saber tu estado, y por te facer lo que debe tal dueña a tal como tú". Y levantóse el mancebo y fuese con ella a la posada de la dueña. Y esta dueña era muy noble; y desque fue entrado preguntóle ella y rogóle que le dijese su facienda y su nombre. Y él recontó, le en qué manera veniera a aquella cibdat, él y sus compañeros, y que eran estraños, y que non conoscían a ninguno. Y mandóle aquella dueña dar posada para él y para sus compañeros, y mandóles dar que despendiesen él y ellos cient maravedís. Y estovieron así algunos días a su placer, fasta que fueron comidos los dineros.

Desí dijeron al fijo del mercador: "Averigua lo que dejiste, y ayúdate de tu agudez y de tu sabiduría, y gana que comamos". Y dijo él: "Facer lo he si Dios me ayudare". Y fuese el mancebo y demandó por el lugar do mercaban los de aquella cibdat. Y vido arribar una nave, y ayuntáronse unos mercadores de la cibdat por comprar de los señores de la nave cuanto ahí traían, y comenzaron los precios dello, y iba él empós dellos. Desí asentáronse a parte, y consejáronse y dijeron unos a otros: "Vayamos nos ahí y non compremos cosa alguna, y ellos vernán a facer nos mercado de cuantas mercadorías hayan, y haber las hemos rafez de buen mercado". Y desque fueron idos, fuese el fijo del mercador para la nave, y igualóse con los dueños de las mercadorías, y prometióles cuanto los otros les daban por ellas y gelas non quisieran dar. Y cuando los mercadores lo sopieron, venieron se luego para la nao y fallaron que la había comprado aquel mancebo; y dieron le mill maravedís de ganancia, y tornóse con ellos para sus compañeros. Y mejoraron su estado, y tovieron que comer, y moraron allí.

Y después dende a días venieron al fijo del rey y dijeron le: "¿Fasta cuándo atenderás tú la ventura y cuándo ganarás por ella que comamos?" Y díjoles él: "Por buena fe non sé qué faga, nin puedo nada ganar, nin espero ál, salvo la ventura que me ha de venir de lo que Dios me judgó y me dio en parte, y non dubdo que me verná de todo en todo". Y salió de allí, y andovo fasta que llegó a la puerta de la cibdat. Y acaesció que murió ese día el rey desa cibdat, y non dejó si non un fijo que había de heredar el reino después dél, ca todos sus parientes eran muertos y finados fueras aquel, y aquel fijo había de heredar. En pasando por allí, llevando el cuerpo a enterrar, estaba aquel mancebo asentado en los poyos de la puerta de la cibdat, y non se movía por aquel duelo nin mostró pesar. Y desconosciéronlo, y preguntó le un duque y díjole: "¿Quién eres y por qué te sentaste aquí y non te moviste por el duelo del rey cuando pasó por aquí?" Y el mancebo non le respondió; y ensañóse el duque, y denostó lo y echó lo fuera de la cibdat.

Y desque fue pasado el llanto tornóse el mancebo y asentóse en su lugar, y tornáronse los otros después que hobieron enterrado al rey, y él estaba asentado en su lugar. Y vido lo aquel duque, y vénose para él y díjole: "¿Non te defendí, que non estuvieses en aquel lugar?" Y fízolo prender, y mandólo levar a la prisión. Y cuando fue otro día alzaron por rey al fijo del rey que finó; y comenzó cada uno de los ricos homnes y de los fijosdalgo a bendecir al rey y a decir cada uno la mejor razón que sabía. Y fabló ahí aquel duque, y díjole: "Señor, quiero te decir lo que me acontesció ayer, cuando levábamos el cuerpo del rey: vi a un mancebo asentado en un poyo, cerca de la puerta de la cibdat, y él parescióme homne estraño en su gesto y en sus vestidos, y fabléle y non me respondió, y echélo dende. Y después que tornamos, fallélo en aquel lugar, y preguntélo por qué lo ficiera, y non me respondió, y tove que era esculca, y fícelo prender y poner en la prisión".

Cuando esto oyó el rey envió por el mancebo, y mandó lo soltar de la prisión, y que gelo trojiesen; y trojieron gelo. Y el rey preguntóle quién era y de qué tierra; y díjole: "Yo só Fulano, fijo del rey deMarmia, y yo era heredero del rey; y desque él fue finado, echóme mi hermano del reino. Y con miedo de muerte tove de fuir y venir me para vuestro padre, en esperanza que me ayudaría y me ampararía. Y cuando vine y lo vide ayer llevar a enterrar, pesóme tanto, de guisa que desesperé y perdí el seso y el entendimiento. Y asentéme allí cerca de la puerta de la cibdat cuidoso y maravillándome de las cosas que guisa la ventura". Cuando esto hubo dicho, conosció lo el rey y los otros nobles homnes que el mesmo era, y dijeron lo todos al rey. Y el rey rescibiólo bien, y prometióle grande algo, y que él guisaría en cuanto pudiese como aquella esperanza que había para cobrar su reino, que él lo faría. Y mandóle dar posadas y bestias y haber.

Y era la costumbre de aquella tierra que cuando alzaban rey de nuevo traían lo por la cibdat cabalgando en un elefante, dende a siete días; y cabalgaban con él sus caballeros y sus ricos homnes, lo mejor guisados que ellos podiesen, y con muchas maneras de juglares y facían grant fiesta, y era llamado por nombre del rey. Y después que aquel rey nuevo hubo pasado los siete días, y quisieron lo traer en el elefante como acostumbraban facer a los otros reyes, mandó el rey guisar un elefante para aquel infante que era echado de su reino, y que lo trojiesen en él, así como a él; y dijo a los suyos: "Este infante es rey en su tierra, así como yo en ésta, y ficieron lo así como a mí".

Y andovieron con él por aquella cibdat en aquella fiesta. Y desque el rey fue tornado a su alcázar mandó facer grant hospedadgo al infante, y que le diesen cuanto había menester, fasta que él catase por su facienda. Y el infante buscó a sus compañeros y trájolos a su posada y fízoles mucha honra. Y el rey pagóse todavía del infante, y casólo con su fija, y desque fue casado, honrólo y dióle algo, a él y a sus compañeros, a cada uno en su estado. Y a poco de tiempo el rey mandóle dar a su yerno muchos caballeros y grant haber, para que lo levasen, a él y a su muger, a su regno; y escogió el rey para esto los mejores de su reino, y los más esforzados y mejores y más sabidores en lidiar.

Y tornóse el infante para su tierra; y cuando lo sopo el hermano que venía con tanta honra y con tan grant poderío, saliólo a rescebir y pidió le merced y tregua, y desamparó le su regno. Y pusieron entre amos sus pleitos, y prometieron su fe en uno, y prometióle el hermano ciertas parias; y regnó el infante en paz en aquella tierra. Y mandó escrebir a la puerta de la cibdat estas palabras: "Lacerio de un homne que fará por sus manos en un día, puede ganar a él y a tres compañeros de comer y de beber; y complimiento en el homne de beldat y de buen enseñamiento y grant linaje face le ganar amor de los homnes, y fácele perder soledat, maguer sea estraño y fuera de su tierra, y fácele ganar en un día cient maravedís; y el seso y la apostura y la sabiduría y el entendimiento en mercaduría fácele ganar en un día veinte maravedís; y el encomendar se homne a Dios, y meter su facienda en su mano y atender su juicio, face al rey que perdió su reino cobrarlo, y tornar en mejor estado que era. Y todas las cosas son por el juicio de Dios y por ventura así; ca non ha cosa de cuantas Dios crió que se pueda mudar un paso, nin cuidar facer alguna cosa si non por el mandado de Dios y por lo que ha prometido y judgado. Y todas las cosas son en su poder, y él las mantiene, y él se torna; que ninguno non sabe cómo las ordena ni cómo las confirma".

Desí mandó llamar a sus compañeros, aquellos con quien andovo el camino, y díjoles: "Desque fuemos llegados en un camino y fecimos compañía siempre fuemos en encomienda de Dios, y cuanto cada uno de nos dijo y fizo por averiguar su fecho, fízolo por Dios y por que le era prometido; ca si non fuse por la aventura de Dios y por su juicio, non dijérades lo que dejistes, nin acordara Dios a ninguno de vos a facer lo que dijera, nin averiguar lo que se alabara a sus compañeros. Y yo tenía por muy grant cosa de ganar algo; ca non podía nin sabía, ca era forzado de mi hermano y era fuído con miedo de muerte, así que non sope ál que facer, si non de me amparar al poderío de Dios, y tener me por pagado de su juicio, y que él me acarreó de ir a aquella cibdat, non a sabiendas de mí. Desí fízome ir al su rey, y mostróme razonar con él, y membróme a le decir por qué me hubo merced, y creó lo que le dije, non pensando en ello nin sabiendo en qué fenescería mi facienda; mas fue y cosa que me puso Dios en corazón, y me Él fizo decir, de guisa que gané amor de aquel rey con quien nunca había fablado. Y guisóle por la ventura de Dios que hobe de ser rey en mi tierra, y vencí a mis enemigos, sin poder que yo hobiese y sin fuerza, mas fue por el juicio de Dios que se hubo de complir. Pues loado sea Dios, en cuya mano son todas las cosas; ca ninguno non puede por su fuerza nin por su arte contrastar lo que ha de ser por su mandado".

Desí mandó el rey llegar los grandes homnes de su regno y sus cabdillos y alcalles y religiosos, por facerles sermón. Y fizo su sermón breve y bien departido con grant sabiduría, y predicóles y acucióles a facer buenas obras con quo se llegasen a Dios y le non fuesen desobedientes. Y levantóse un homne bueno religioso de los que el rey mandara y venir, y díjole: "Señor, has fablado con buen entendimiento y con seso y con acuerdo, y sabemos que cuanto dices todo es verdat, ca Dios guisó, y guisó que regnases en nos, y tú que los merescías con seso y con el acuerdo que Dios te dio, y por tú esperar su merced y fiar en él; ca cuando Dios quiere dar mejoría al homne en buen entendimiento y sofrimiento y buen seso, y le da por naturaleza de ser piadoso y mesurado a sus pueblos, derecho es de reinar. Y el mejor andante homne deste mundo y del otro es aquel a quien Dios quiere facer merced en le dar seso y acuerdo y saber. Y ha nos Dios fecho merced en que te nos dio por rey, en vez de que murió; por ende rogamos a Dios que te faga piadoso sobre tus pueblos y bien aventurado a su servicio.
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