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Historia del médico Berzebuey
Mio padre fue de Mercecilia, y mi madre fue de las fijasdalgo de Azemosuna y de los legistas. Y una de las cosas en que Dios me fizo merced, es que fui yo el mejor de sus fijos. Y ellos criáronme lo mejor que pudieron, gobernándome de la mejores viandas que pudieron fasta que hube nueve años complidos; y desí pusieron me con los maestros. Y yo non cesé de continuar en aprender la gramática y de meter la mi cara a sotileza y a buen entendimiento, a tanto que vencí a mis compañeros y a mis iguales y valí más que ellos, y leí libros y conoscí y sope sus entendimientos, y afirmóse en el mi corazón lo que leí de las escripturas de los filósofos. Y decoré las palabras de los sabios, y las cuestiones que facían unos a otros, y las disputaciones que facían entre sí.

Y mantove esto con mi entendimiento y concertélo con la opinión que yo tenía, y sope que eran acordados en los cursos del año y de los meses y de los días, y en las naturas de los cuerpos y en las cosas de las enfermedades y en las maneras de sus melecinamientos y de su salud. Y pusiéronlo por escripto y plúgome de lo saber. Y comencé a leer sus libros fasta que los entendí; y vi las maneras de los cuerpos, las cosas de las maletías y las maneras del melecinamiento. Y sope en ello a tanto que me metí a melecinar enfermos. Y después que lo comencé, di a mi alma a escoger en estas cuatro cosas que los homnes demandan en este siglo y se trabajan de las haber y las cobdician. Y dije: "¿Cuál destas cuatro cosas debo demandar segunt la cuantidad del mi saber, y cuál es la que me fará alcanzar lo que he menester, y si lo pudiere haber, deleites o fama o riqueza o galardón del otro siglo?" Y vi que demandando ayuntado todas cuatro cosas, el que demanda llega a cualquier dellas que quisiere. Y fallé que la melecina era cosa loada cerca de los entendidos, y non denostada de los sabios y de las leyes y de las setas. Y fallé que el más santo de los físicos es aquel que non quiere haber por su física salvo el galardón del otro siglo. Y comedí en mi corazón, y fallé que todas las cosas en que los homnes se trabajan son fallecederas. Y yo non vi a ninguno de, mis antecesores que su allegar lo ficiese durable en este mundo, nin que lo librase de la muerte y de lo que aviene después della. Y fallé en los libros de la física quel más piadoso físico es aquel que primeramente comienza a melecinar su alma y sus enfermedades; y el que es en mejor estado es aquel que con su física trabaja en enmendar su estado para el otro siglo, y que non torna el arte de la física por mercaduría y por ganar la riqueza deste mundo.

Y el que quiere por su física haber el galardón en el otro siglo, non le menguaba riqueza en este mundo. Y es en aquesto atal como el labrador que siembra las legumbres en la tierra por haber mieses y ha de aquesto cuanto quiere. Con todo aquesto non le mengua y de haber algunas yerbas de que se ayude y se aproveche. Y tove por bien de perseverar en esto por haber galardón en el otro siglo, y merescimiento de Dios. Y non quise por esto haber el apostura deste mundo; que sería tal como el mercador perdidoso que vendió sus piedras preciosas por vedrio que non valía nada, y pudiera haber del precio dellas grand riqueza para en toda su vida.

Y comencé a melecinar los enfermos so esperanza del galardón del otro siglo; así que non dejé enfermo que yo hobiese esperanza de lo guarescer y de lo sanar de su enfermedad con mi melecinamiento, que non metiese mi poder en lo guarescer. Y al que yo por mí mesmo pude sanar, fícelo y non le metí en mano de otri; y al que non pude esto facer dejé y su melecinamiento y dejéle las melecinas que había menester, y non quise haber galardón nin merescimiento de aquellos a quien esto fice. Y non había envidia de mis iguales nin de los que habían más haber que yo, nin del bien que Dios les había dado. Mas era el mío mayor cuidado y a lo que más me inclinaba y de lo que más me trabajaba, que pugnase más quél en saber, y en me trabajar en haber galardón de Dios.

Y estude en esto un tiempo fasta que vencí al saber deste mundo, y contendí comigo por el algo que veía haber a los otros. Y yo non quise al salvo contender con mi alma y defenderla de non se apartar de las cosas que nunca hubo ninguno que por ellas non apocase su algo y que non acresciese su lacerio. Y remembraron me las penas que había de sofrir después que deste mundo partiese por la facer olvidar aquellas cosas de que había sabor. Y díjele: "¡Ay alma!, que non has vergüenza de facer comunidad con los perezosos, nescios, en amar este mundo fallescedero; ca aquel que alguna cosa ha dél non es suyo nin finca con él, y non lo aman salvo los engañados negligentes.

Conviértete desta nescedat y desta locura, y métete con toda tu fuerza a facer algún bien para el otro siglo, y guárdate de lo llevar en traspaso, y non te asegures en él.

Y miémbrate en cómo en este cuerpo ha muchas ocasiones y cómo es lleno de malas cosas lijosas; y son, por todas, cuatro humores que sostienen la vida mezquina que ha de fallescer, así como el ídolo descoyuntado que cuando sus miembros son compuestos y puestos cada uno en su lugar, ayuntan los con engrudo, que los face tener unos con otros, y cuando es quebrantado el plego cáensele las juntaduras y desfácese todo: ¡ay alma!, non te engañes en la compañía de tus amigos y de tus bien querientes y non hayas desto grand cobdicia; pues que a la fin la tu compañía se ha de partir. Y esto es atal como la cuchara de palo que es siempre usada en la calentura y en cabo quiébrase sirviendo y encímase su facienda a ser quemada en fuego.

¡Ay alma!, no tomes placer en ser ayuntada con tus querientes y con tus amados en ayuntar haberes, ayuntándolos por haber amor y gracia de ellos, que serías en esto atal como el safumerio que quema a sí y han folgura los homnes con su olor. ¡Ay alma!, non te fíes en las riquezas y en las dignidades en que se alegran los mundanos; ca éstos non saben en cuán pequeñas cosas están fasta que las pierden. Y acaesce así como a los cabellos, que cuando los homne tiene en la cabeza péinalos y úntalos con las mejores unturas que puede, y después que son fuera de la cabeza, halos homne asco de ver.

¡Ay alma!, persevera en melecinar los enfermos y non te tire dello el afán de la física porque los homnes non lo saben. Mas asma de un homne que librase a otro de algunt mal o lo escapase de alguna cuita fasta que lo tornase a la paz y a la forgura en que era, si este atal debe haber galardón segund Dios: pues ¿cuánto debe haber de galardón el físico que por galardón de Dios melecina muchos y los saca de grant peligro con la ayuda de Dios? ¡Ay alma!, non se te aluengue el otro siglo por que hayas a enclinar a éste; ca serías en tomar lo poco y dar por él lo mucho, así como el mercador que había una casa llena de oro y de plata, y dijo en sí: "Si la vendiere a peso alongarse me ha", y vendióla a ojo por mal precio.

Y habiendo esta contienda con mi alma, non falló carrera ninguna para me vencer, y confesóse y conosció el menosprecio de aquellas cosas a que se acostaba, y perseveró en bien por ganar el otro siglo. Y non me estorbó esto de haber buena parte de este mundo y de la privanza de los reyes ante que fuese a India; y después que torné hube más de lo que quería. Y estudié en la física, y fallé que el físico non puede melecinar a ninguno con melecina que le segure de enfermedat toda su vida; y non sope cómo el guarescer toviese pro, non seyendo el homne seguro de non tornar a la enfermedat, le de acrescentar en otra cosa más fuerte.

Y por ende fallé que las obras del otro siglo son las cosas que libran a los hornes de sus enfermedades. Y fallé que la enfermedad del ánima es la mayor enfermedad. Y por eso desprecié la física y trabajéme de la ley, y hube ende sabor; y dubdé en la física y non fallé en sus escrituras mejoría de ninguna ley. Y fallé las leyes mucho alongadas, y las setas muchas, y aquellos que las tenían habíanlas heredado de sus padres, y otros que las tenían habidas por fuerza, y otros que querían haber por ellas este mundo y que se trabajaban a ganar con ellas en sus vidas, y otros entendidos de simples voluntades que non dubdan que tienen la verdat, y non tienen buena razón a quien les ficiese cuestión sobre ello. Y todos se enfingíen que teníen derecho y que los que contra ellos eran que yacían en yerro y en perdimiento. Y vi entre ellos gran contrariedad en el criador y en las criaturas, y en el comienzo en la fin del mundo.

Y tove por bien de otorgar a los sabios de cada una ley, sus comenzamientos y ver qué dirían, por razón de saber departir la verdat de la mentira, y escoger y amparar la una de la otra; et, conoscida la verdat, obligarme a ella verdaderamente, y non creer lo que non cumpliese y nin seguir lo que non entendiese. Y fize esto, y pregunté y pensé y non fallé ninguno dellos que me diese más que alabar a sí y a su ley y denostar al agena. Y vi manifiestamente que se enclinaban a sus sabores, y que por su sabor trabajaban y non por derecho; y nin fallé en ninguno dellos razón que fuese verdadera nin derecha, nin tal que la creyese homne entendido y non la contradijese con razón. Y después que esto vi non fallé carrera por donde siguiese a ninguno dellos; y sope que sí yo creyese a alguno dellos lo que non sopiese, que sería atal como el ladrón engañado que fabla en un ejemplo.
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