Estás leyendo... El libro de la selva

LA CANCIÓN DE LOS BANDAR—LOG
Guirnalda de alegría cara al cielo,
entre gestos de Luna en pura envidia
caminamos. Hazte uno de los nuestros.
¡Tener sólo dos manos! ¡Qué desdicha!
Nuestra cola es un arco de embeleso
y tenerla yo se que os gustarla.
Alégrate como un niño pequeño;
en tu cuerpo ya el rabo se adivina.
Colgados de una rama, hechos silencio,
nos seduce la hondura de la vida.
Soñamos en batallas y conquistas
cantadas por poetas en sus versos.
Pensamos en algo que ha de ser tan bello
que exige como lo hace una caricia.
Hermano, aunque no pongas empeño,
ya en tu cuerpo el rabo se adivina.
Escucháis mil voces de animales,
pájaros, murciélagos que chillan.
La vida transformada en mil mensajes
que llegan a nosotros cada día.
Graciosa jerigonza de verdades.
Portentoso regalo, maravilla.
¡Qué pobre es el humano lenguaje!
¿Somos algo más, amigos caminantes?
Sí, en tu cuerpo el rabo se adivina.
Monos, éste es el ser de nuestra vida.
Venid, haced más apretadas nuestras filas,
que entre pinos enloquecen
buscando uvas silvestres.
Ruido de mañana enfebrecida.
Qué grande va a ser nuestra jornada.
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