¿Realmente nos pertenece un libro cuando lo compramos, ahora que existe internet?
30 de Marzo de 2025; redacción Arscodex
En estos momentos es preciso pensar un poco sobre el concepto de posesión, por consiguiente de la propiedad privada, en tiempos de internet, y especialmente para los productos intelectuales, ya sean libros, películas, música... Hemos pasado de ser grandes poseedores individuales de libros a que la humanidad en su conjunto sea a quien pertenecen estos productos.
Para ello vamos a poner diversos ejemplos. De libros, podemos ver cómo por ejemplo un clásico como es Las metamorfosis, de Ovidio, pertenece ya a la humanidad ya que vuela por internet y está disponible en multitud de formatos y mecanismos en la red de redes, gratuitamente o no, dependiendo de otros factores como si se trata de una adaptación moderna, etcétera. Por así decirlo, esa obra pertenece a la humanidad como hemos dicho, y cada uno de nosotros poseemos un trocito de ella. La copia que nosotros tenemos es temporal, lo que tardamos en leerla, y servil, pues tiene esa utilidad comentada de facilitar la lectura.
Lo mismo ocurre con multitud de otros libros como puede ser el Calila e Dimna o cualquier otro clásico.
Sobre cine, si queremos ver por ejemplo las películas de The Lord of the Rings (El señor de los anillos), u otro ejemplo, las películas de Harry Potter, al tratarse de contenido reciente, no tenemos más que acercarnos a la plataforma de la Warner HBO y pagando un módico precio como una suscripción obtendremos acceso a ese ansiado contenido. ¿Poseemos algo ahora los simples mortales de esas obras cinematográficas? ¿Nos quedamos con algo al acceder a la plataforma mediante la suscripción?
Lo mismo ocurre con las películas de Pedro Alonso Pablos, que se ubican o tienen su hogar, la gran mayoría de ellas, y casi en exclusiva, en la plataforma Pliski, que permite descargar una copia totalmente servil ya que nos permitirá visionar la película. Es posible que esa copia la perdamos -o no-, dependiendo si somos cinéfilos y nos dedicamos a almacenar películas -o no-, y otra serie de factores; de momento hasta que las obras entren en el dominio público hay un poseedor y explotador de dichos contenidos que es su hogar en internet, el ya mentado sitio Pliski.com.
Pero no debemos engañarnos tampoco, ya que esta licencia que da la humanidad a este contenido para ser explotado por esta entidad es temporal. Cuando las obras pasen a dominio público estas volverán a su principal poseedor - la humanidad. Y es que, como ya se ha comentado en este medio otra vez, los derechos de autor o "copyright" (derecho de copia, traducido literalmente) son una concesión temporal que la humanidad establece mientras el/la/los/las creadores de la obra estén vivos y un poquito más. Todo autor debe tener presente que cualquier creación suya pertenece desde el principio a la humanidad, y simplemente de manera temporal, él/ella podrá controlar la mercancía para poder sacar un provecho económico con el fin de que, si esa persona es autora avezada, pueda dar a la humanidad más contenido relevante, en el caso de que sea relevante (en otro caso volverá al fondo del maremágnum de ideas de uso libre, el fondo de El lago del olvido).
En música, ocurre tres cuartos de lo mismo; con las modernas suscripciones de streaming musical, los pequeños consumidores es que no poseemos nada ya, simplemente un acceso limitado y temporal a las obras musicales mencionadas.
Pero no debemos ponernos tristes al saber que, en lo que a la cultura se refiere, las personas de a pie no poseemos nada; y muy al estilo comunistoide, debemos alegrarnos de que todo ese contenido tiene una propiedad compartida, la humanidad; a cada uno de nosotros nos corresponde un trocito de propiedad de todas esas increíbles obras que están ya en el dominio público, y las que llegarán.
Para ello vamos a poner diversos ejemplos. De libros, podemos ver cómo por ejemplo un clásico como es Las metamorfosis, de Ovidio, pertenece ya a la humanidad ya que vuela por internet y está disponible en multitud de formatos y mecanismos en la red de redes, gratuitamente o no, dependiendo de otros factores como si se trata de una adaptación moderna, etcétera. Por así decirlo, esa obra pertenece a la humanidad como hemos dicho, y cada uno de nosotros poseemos un trocito de ella. La copia que nosotros tenemos es temporal, lo que tardamos en leerla, y servil, pues tiene esa utilidad comentada de facilitar la lectura.
Lo mismo ocurre con multitud de otros libros como puede ser el Calila e Dimna o cualquier otro clásico.
Sobre cine, si queremos ver por ejemplo las películas de The Lord of the Rings (El señor de los anillos), u otro ejemplo, las películas de Harry Potter, al tratarse de contenido reciente, no tenemos más que acercarnos a la plataforma de la Warner HBO y pagando un módico precio como una suscripción obtendremos acceso a ese ansiado contenido. ¿Poseemos algo ahora los simples mortales de esas obras cinematográficas? ¿Nos quedamos con algo al acceder a la plataforma mediante la suscripción?
Lo mismo ocurre con las películas de Pedro Alonso Pablos, que se ubican o tienen su hogar, la gran mayoría de ellas, y casi en exclusiva, en la plataforma Pliski, que permite descargar una copia totalmente servil ya que nos permitirá visionar la película. Es posible que esa copia la perdamos -o no-, dependiendo si somos cinéfilos y nos dedicamos a almacenar películas -o no-, y otra serie de factores; de momento hasta que las obras entren en el dominio público hay un poseedor y explotador de dichos contenidos que es su hogar en internet, el ya mentado sitio Pliski.com.
Pero no debemos engañarnos tampoco, ya que esta licencia que da la humanidad a este contenido para ser explotado por esta entidad es temporal. Cuando las obras pasen a dominio público estas volverán a su principal poseedor - la humanidad. Y es que, como ya se ha comentado en este medio otra vez, los derechos de autor o "copyright" (derecho de copia, traducido literalmente) son una concesión temporal que la humanidad establece mientras el/la/los/las creadores de la obra estén vivos y un poquito más. Todo autor debe tener presente que cualquier creación suya pertenece desde el principio a la humanidad, y simplemente de manera temporal, él/ella podrá controlar la mercancía para poder sacar un provecho económico con el fin de que, si esa persona es autora avezada, pueda dar a la humanidad más contenido relevante, en el caso de que sea relevante (en otro caso volverá al fondo del maremágnum de ideas de uso libre, el fondo de El lago del olvido).
En música, ocurre tres cuartos de lo mismo; con las modernas suscripciones de streaming musical, los pequeños consumidores es que no poseemos nada ya, simplemente un acceso limitado y temporal a las obras musicales mencionadas.
Pero no debemos ponernos tristes al saber que, en lo que a la cultura se refiere, las personas de a pie no poseemos nada; y muy al estilo comunistoide, debemos alegrarnos de que todo ese contenido tiene una propiedad compartida, la humanidad; a cada uno de nosotros nos corresponde un trocito de propiedad de todas esas increíbles obras que están ya en el dominio público, y las que llegarán.
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