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Éxito de convocatoria en el nuevo concurso de ampliación del Museo del Prado

18 de Octubre de 2016;
El concurso organizado por el Museo del Prado para la ampliación de éste, a través del Salón de Reinos (donde se ubicó el Museo del Ejército), edificio cercano al principal del Museo, ha sido un éxito de convocatoria, ya que hasta tres premios Pritzker (Rem Koolhaas, Norman Foster y Eduardo Souto de Mora) han presentado proyecto. Rafael Moneo, también premio Pritzker y realizador de la última ampliación, formará parte del jurado.

El Museo del Prado, y la ciudad de Madrid, se encuentran ante una encrucijada y este concurso puede ayudar a mejorar la situación -o volverla irreversible. Dos son los principales problemas a los que se enfrentan la ciudad y el Museo, el primero y más inmediato es la necesidad de dar una continuidad a la Historia que subyace en la institución del Museo: toda su pinacoteca es anterior la mayor parte (y la más apreciada) al siglo XVIII de nuestra era y también el propio edificio de Juan de Villanueva. El reto está en ofrecer una solución moderna sin romper con la Historia, porque llevar al Museo a un acabado -en lo que arquitectura se refiere- vanguardista sería algo bastante chocante ya que lo que alberga es pintura clásica. De ahí que el arquitecto Rafael Moneo, que ha efectuado la anterior ampliación y que como hemos comentado formará parte del jurado cualificado, haya encontrado en sus propuestas una solución, que podría en algunos aspectos ser calificada como "de compromiso", entre el mundo antiguo y lo que ello representa y la modernidad.

La segunda encrucijada a la que se enfrenta Madrid tiene que ver con la verticalidad. Madrid es una ciudad con río, pequeño pero río, y contiene una serie de emblemas arquitectónicos representativos como pueden ser la Puerta de Alcalá, el actual Ayuntamiento, el grupo escultórico de la diosa Cibeles, y algunos edificios modernos, como la Torre Picasso, las cuatro torres más recientes al norte de la ciudad o las denominadas Torres Kio. Carece, en nuestra opinión, de una obra vertical emblemática, como sí que tiene París (con su Torre Eiffel), Barcelona (con su Sagrada Familia), o incluso Florencia (con la cúpula de su Duomo). Es por ello que la ciudad se encuentra difusa o dispersa, con grandes obras pero como espolvoreadas por su geografía sin haber una que destaque sobre las demás, quizá a la manera de Londres.

Está "comprobado científicamente" que a una ciudad le viene muy bien un elemento arquitectónico vertical singular, como el mentado ejemplo de Barcelona con su Sagrada Familia, regalo que Antoni Gaudí les hizo a los barceloneses y que todavía éstos no han sido capaces de terminar (o quizá precisamente por eso tenga el asunto un especial interés).

España tiene una tendencia a la obra arquitectónica barata y utilitaria propiciada por la codicia de sus constructores, que solo ven pisos en los terrenos libres que quedan por el campo, y que en cierto modo ha arruinado algunas de nuestras ciudades de provincia, que no fueron capaces de prever el estallido del fervor inmobiliario, no reciente, sino en la época de Franco incluso, y defenderse con ordenanzas frente lo que podríamos denominar el "ansia edificatoria" español. Pues bien, fruto de esta tendencia, nacen y se erigen las cuatro torres de Madrid, símbolo de la pasión por la construcción desmedida que asola nuestro país. Estas torres han dotado de una verticalidad difusa a la ciudad, convirtiéndose en los elementos verticales más significativos, y que difícilmente serán ya sustituidos.
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