La errática gestión del patrimonio histórico-cultural española precisa un cambio
15 de Marzo de 2017; redacción Arscodex
No importa de qué signo político sea el que se asiente en el Ministerio de Cultura español, es un hecho que la política de gestión del patrimonio histórico-cultural española es un fiasco y debería cambiar, como tantas otras cosas. Hay un número pequeño de temas que se están tratando bien frente a unos cuantiosos y cualitativamente amplios problemas que se están dejando a nuestro juicio "al albur de los tiempos".
El principal problema es a qué se destinan los fondos, y la idea de que "aquello que no genera suficiente interés (y volumen económico) no es digno de mantenerse". Es por ello que el Estado español toma una posición conservadora con respecto a la cultura, y no invierte en lo que no genera beneficios económicos a primera vista. Por así decirlo, el Estado español no invierte fuera de lo que podría ser Picasso y Don Quijote.
Las subvenciones no están para engrandecer aquello que no necesita ayuda, las subvenciones están para ser otorgadas conforme a un plan estratégico que el Ministerio de Cultura no tiene. El ejemplo más claro, pero no el único, de lo que ocurre en España con la gestión histórico cultural son los castillos. España tiene más de 10.000 castillos, construidos en su mayoría como residencias fortificadas de la época de la edad media. Bueno pues de esos 10.000, más de la mitad están en estado de ruina, o peor, no queda casi ya nada de ellos. Me pregunto si hay en Francia un château que no esté en pie y que no haya sido rehabilitado como es necesario en estos casos (seguramente los habrá, pero me apuesto doble contra sencillo que no son más de la mitad de los que existen).
El Estado no está para dar subvenciones de dinero procedente de la Unión Europea alegremente y de manera individual, por proyectos. El estado debe trazar un plan de rehabilitación y revalorización de nuestros activos culturales y dar subvenciones a todos aquellos proyectos que encajen dentro de ese plan. Y si no, me pregunto para qué está el Estado. Si la postura del Ministerio de Cultura es dejar al albur del libre tránsito económico nuestros activos, pues eso está muy mal, ya que se necesita una visión "más allá" para conseguir un objetivo. El objetivo es que España sea lugar fenomenal para viajar (ya lo es, pero todavía mucho más), para conocer y para quedarse a vivir.
El ejemplo de los castillos es muy bueno pero no es único. En el mundo del cine se están dando subvenciones sin ningún tipo de sintonía, y premiando la taquilla como fin último y decisivo para la toma de decisiones. Lo cual es erróneo. Se debe trazar un plan de viabilidad a largo plazo para hacer películas que tengan un interés, sea cual fuere si es que lo logramos encontrar, para competir contra los ejemplos que vienen de fuera y que fagocitan nuestro mercado sin piedad. Si ese plan fracasa, es cosa del Estado, que es quien tiene que trazar el plan, y si hay fracaso se cambia a los que lo hayan pensado. Pero no se deja el cine al albur de la taquilla y parcialmente también en manos de un par de televisiones, más especializadas en contar la vida íntima de ciertas personas o de que en sus platós se lancen sujetadores como arma arrojadiza. Vamos, que no sea lo que describió Woody Allen como "toma el dinero y corre".
Y para que la cosa no quede en denuncia infructuosa aquí mismo voy a aportar algunas ideas. 1. Endurecimiento del control del estado, a través de entes autonómicos o estatales, de la apariencia arquitectónica de nuestras poblaciones, es decir, mantenimiento de la arquitectura vernácula en cada zona e imposibilidad de construir aquello que no tenga un consenso amplio desde el punto de vista estético, tal y como me imagino que se hará en Francia. Si no existen mecanismos para tal fin, se copian los de nuestro país más al norte. 2. Trazado de un plan general de ayudas para mantener y convertir en viables económicamente las ruinas de España, es decir, los más de 5.000 castillos españoles que se encuentran en estado de ruina. 3. Creación de un plan estratégico del cine que obre en conjunto y que no esté ni centrado en la taquilla ni actúe de manera diseminada.
Mientras, solo podemos traer a colación el soneto -quizá- más profundo y completo de Quevedo: "Miré los muros de la patria mía / si un tiempo fuertes ya desmoronados..."
El principal problema es a qué se destinan los fondos, y la idea de que "aquello que no genera suficiente interés (y volumen económico) no es digno de mantenerse". Es por ello que el Estado español toma una posición conservadora con respecto a la cultura, y no invierte en lo que no genera beneficios económicos a primera vista. Por así decirlo, el Estado español no invierte fuera de lo que podría ser Picasso y Don Quijote.
Las subvenciones no están para engrandecer aquello que no necesita ayuda, las subvenciones están para ser otorgadas conforme a un plan estratégico que el Ministerio de Cultura no tiene. El ejemplo más claro, pero no el único, de lo que ocurre en España con la gestión histórico cultural son los castillos. España tiene más de 10.000 castillos, construidos en su mayoría como residencias fortificadas de la época de la edad media. Bueno pues de esos 10.000, más de la mitad están en estado de ruina, o peor, no queda casi ya nada de ellos. Me pregunto si hay en Francia un château que no esté en pie y que no haya sido rehabilitado como es necesario en estos casos (seguramente los habrá, pero me apuesto doble contra sencillo que no son más de la mitad de los que existen).
El Estado no está para dar subvenciones de dinero procedente de la Unión Europea alegremente y de manera individual, por proyectos. El estado debe trazar un plan de rehabilitación y revalorización de nuestros activos culturales y dar subvenciones a todos aquellos proyectos que encajen dentro de ese plan. Y si no, me pregunto para qué está el Estado. Si la postura del Ministerio de Cultura es dejar al albur del libre tránsito económico nuestros activos, pues eso está muy mal, ya que se necesita una visión "más allá" para conseguir un objetivo. El objetivo es que España sea lugar fenomenal para viajar (ya lo es, pero todavía mucho más), para conocer y para quedarse a vivir.
El ejemplo de los castillos es muy bueno pero no es único. En el mundo del cine se están dando subvenciones sin ningún tipo de sintonía, y premiando la taquilla como fin último y decisivo para la toma de decisiones. Lo cual es erróneo. Se debe trazar un plan de viabilidad a largo plazo para hacer películas que tengan un interés, sea cual fuere si es que lo logramos encontrar, para competir contra los ejemplos que vienen de fuera y que fagocitan nuestro mercado sin piedad. Si ese plan fracasa, es cosa del Estado, que es quien tiene que trazar el plan, y si hay fracaso se cambia a los que lo hayan pensado. Pero no se deja el cine al albur de la taquilla y parcialmente también en manos de un par de televisiones, más especializadas en contar la vida íntima de ciertas personas o de que en sus platós se lancen sujetadores como arma arrojadiza. Vamos, que no sea lo que describió Woody Allen como "toma el dinero y corre".
Y para que la cosa no quede en denuncia infructuosa aquí mismo voy a aportar algunas ideas. 1. Endurecimiento del control del estado, a través de entes autonómicos o estatales, de la apariencia arquitectónica de nuestras poblaciones, es decir, mantenimiento de la arquitectura vernácula en cada zona e imposibilidad de construir aquello que no tenga un consenso amplio desde el punto de vista estético, tal y como me imagino que se hará en Francia. Si no existen mecanismos para tal fin, se copian los de nuestro país más al norte. 2. Trazado de un plan general de ayudas para mantener y convertir en viables económicamente las ruinas de España, es decir, los más de 5.000 castillos españoles que se encuentran en estado de ruina. 3. Creación de un plan estratégico del cine que obre en conjunto y que no esté ni centrado en la taquilla ni actúe de manera diseminada.
Mientras, solo podemos traer a colación el soneto -quizá- más profundo y completo de Quevedo: "Miré los muros de la patria mía / si un tiempo fuertes ya desmoronados..."
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