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Muchas obras arquitectónicas, algunas consideradas joyas, del siglo XX, se están demoliendo en España

27 de Junio de 2018;
Según varios medios de comunicación, muchas de las grandes construcciones arquitectónicas del siglo XX en España, algunas de ellas consideradas joyas de la arquitectura en su momento, se están demoliendo por falta de uso y carencia de vigencia artística, llamémoslo así por ahora. El pistoletazo de salida se dio el año pasado con la demolición de la Casa Guzmán de Alejandro de la Sota.

Esto requiere un estudio profundo del asunto. Para empezar, el siglo XX estuvo marcado en el arte por una voluntad de transgredir o superar la tradición, una mezcla entre la liberación del artista que a veces consideraba la misma como un yugo opresor, y también asociando el progreso a un nuevo estadio artístico más libre como hemos comentado. Pues bien, conviene comenzar desde el principio e ir con pies de plomo en este tema, así que podemos ir a la etimología de la propia palabra tradición, que procede, como casi todo, del latín, y que en un principio significaba "transmitir" o "entregar", esto es, en el sentido de que las generaciones pasadas "regalaban" lo que merecía ser mantenido a través de esa denominada "tradición". Es por esto que esa idea de progreso y transgresión, en oposición quizá a la propia tradición, que tenía por ejemplo nuestro querido pintor por antonomasia Picasso, está en contra de la idea de "guardar lo que importa para ser entregado a generaciones futuras". Por así decirlo, ¿por qué tendrían las "generaciones futuras" al arte del siglo XX tener que mantener dicho arte si ese propio arte quería acabar con el arte anterior?

Es por ello pues, si analizamos con detalle las obras artísticas, no ya solo arquitectónicas, del siglo XX, que muchas se encuentran fuera de nuestra tradición occidental del arte, con esas formas tan cuadradas algunas veces o deliberadamente curvas otras, pero fuera, en casi todo momento, de la tradición. No está de menos apreciar que el cubismo y otros -ismos, algunos creados por el mencionado Picasso, hayan pasado a formar parte de la historia del arte como movimientos efímeros, estancos y caducos, la mayor parte de ellos, debido a que tratan, sin éxito, de acabar con la tradición.

Ya decía Eugenio Dors que "todo lo que no es tradición es plagio", en una especie de proclama cuya fuerza residía en la capacidad de llamar la atención y generar reflexión en el escuchante de la misma, pero que se demuestra en esencia deliberadamente errónea, aunque con función divulgadora. Con propiedad podemos decir que "todo lo que no es tradición, es violación", o "demolición", o "usurpación", o cualquier otra palabra terminada en -ión, queriendo dar a entender que, en definitiva, aquello que no se entronca dentro de la tradición, que es entrega de lo valioso del pasado hacia nuestro tiempo, es susceptible de ser arrasado por el susodicho.

Tenemos grandes ejémplos, a modo de metáforas, o parábolas, símiles, analogías, o como se quieran llamar, de este fenómeno. ¿Recuerda el lector a ese faraón egipcio, llamado Akenatón que, aprovechando su poder -efímero, como se ha visto- de faraón, sustituyó la tradición politeísta y artística por la adoración a un único dios sol? Su fuerza duró, en lo que se refiere a medidas de tiempo razonablemente históricas, "un suspiro", puesto que la restauración al orden anterior, aunque lenta, avanzó una vez fallecido con paso firme. Bueno pues con propiedad, apoyándonos en la fuerza de la analogía, podríamos decir que "Picasso es el Akenatón del arte occidental".

Lejos de tratar de rivalizar con la tradición, el grupo creativo que sustenta las líneas que el lector está disfrutando ahora mismo, tiene el firme propósito de "innovar dentro de la tradición", para conseguir que sus obras no sean "arrasadas por el tiempo". Es el caso del dibujo animado Fabulillas, que tomando elementos tradicionales como puede ser la cerámica popular centenaria de Puente o la tradición de fábulas procedente del mismísimo Esopo, generan un "nuevo" tipo de animación, que se sustenta en cosas que están perfectamente arraigadas. La tradición para el arte es, en esencia, esa piedrecita sobre la que crece la perla, es el recipiente que da forma al agua, ya que por sí misma no la tiene, es...

Volviendo al tema principal, es, a juicio de la editora de esta publicación, de justicia demoler todas aquellas obras arquitectónicas, o artísticas en su conjunto, que no demuestren un avance real en su segmento o que dicha manifestación, por ser tan ajena a la tradición, sea rechazada por la misma. Recordemos una vez más el significado de tradición: "transmisión, entrega", de aquello valioso hacia el futuro.

No por ello podemos decir que el progreso, o la transgresión, es intrínsecamente malo, o totalmente malicioso; hay que puntualizar. Pero puntualizar poco, ya que si el progreso es demasiado rupturista se verá abocado al fracaso en su permanencia, será expulsado de la tradición, y por ende, quedará como un pequeño detalle en la historia digno de mención, pero de poco uso. Y ya sabemos que, como dijo el sabio labrador, "la mejor manera de que las herramientas no se estropeen es usándolas".
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