Los ya famosos NFT, ¿salvadores del arte digital o el timo del arte contemporáneo 2.0?
29 de Marzo de 2021;

Se ha puesto de manifiesto en nuestra sociedad recientemente la existencia de los ya famosillos NFT (Non Fungible Tokens), que son, básicamente, certificados de autenticidad de obras digitales cuya veracidad se puede comprobar al estar insertados en una cadena blockchain, cadenas hasta la fecha imposibles de alterar o trucar.

Bueno pues después de haber llegado dicha información a la redacción de esta publicación, nos hemos preguntado muy seriamente si supone este hecho la salvación del arte digital en su conjunto o simplemente es el timo del arte contemporáneo 2.0, y más bien nos inclinamos a pensar que es lo segundo, como bien desgranaremos en el subsiguiente artículo.

Lo que hay que plantearse es, primero, cuáles son las diferencias entre una obra plástica clásica y una digital. La principal diferencia es que en la obra digital las copias pueden ser perfectas e idénticas al original, y se pueden además hacer muchas copias ya que ocupan poco espacio (una cadena de datos determinada en algún disco duro perdido de la mano de Dios en nuestro pequeño mundo), por lo tanto, de facto, "desaparece el original" ya que la copia es idéntica, y por lo tanto, desaparece el fetichismo hacia la "obra original" que existía en el arte clásico.

Luego llegan los NFT que no son más que un certificado de autenticidad digital inserto en una cadena inalterable (de momento) de blockchain. O sea que los NFT, en lo que a arte tradicional se refiere, se asemejan a ese documento que expide el artista diciendo que la obra es auténtica, el nombre del comprador y los derechos que contrae este último. Este papel se suele meter a veces detrás de la obra en el marco y ahí se queda, no tiene mucho interés que digamos, a no ser que haya alguna disputa referente a la autenticidad de la obra original a la que acompaña. Es, digamoslo así, un documento, como el DNI de las personas, o una especie de contrato que fuera del nivel legal carece de todo tipo de interés.

Pues bien, el artista conocido como Beeple, recientemente ha vendido su obra digital "Everydays - The First 500 Days" a un comprador que no se sabe quién es y que ha pagado más de 60 millones de dólares para hacerse con el NFT (o sea, el certificado de obra original digital) de este collage. Con este movimiento, hemos conocido todos los NFT, el artista se ha embolsado 60 millones de dólares o más, y se convierte pues en el tercer artista vivo más caro de la historia, por detrás de Jeff Koons y David Hockney (nótese que ninguno de estos dos artistas tienen ficha en esta publicación, y que el artista digital en cuestión Beeple, tampoco la tendrá). Previamente se vendió el NFT del GIF animado Nyan Cat por una buena suma de dinero también.

¿Supone esto, pues, la salvación del arte digital, o es el timo del arte 2.0, como bien hemos planteado en el título de este artículo? A todas luces parece sin duda esto un nuevo tipo de truco, timo, fraude, o como se quiera llamar, puesto que es algo que no aporta nada al mundo del arte, sino que más bien se mueve en el terreno especulativo. Es decir, la obra que ha vendido Beeple, si le quitamos todo el revuelo que se ha montado por lo de los NFT, ¿tiene algún interés artísticamente? Más aún, ¿resuelven los NFT la característica principal del arte digital, es decir, que la copia es idéntica al original y encima existen muchas copias? O sea, ¿ver la obra "auténtica" es una experiencia distinta a ver una copia idéntica? ¿Pueden los NFT evitar que se copien las obras? Si por ejemplo, los NFT pudieran conseguir que se autodestruyeran las copias no autorizadas (o, en un tono jocoso, que todo aquel poseedor de una copia digital no autorizada recibiera una pequeña descarga eléctrica para disuadirle de piratear contenido), entonces para el artista y para el arte esto tendría algo de valor, puesto que solo la obra original permanecería en el mundo, y podría incluso resolver el problema de la piratería. Pero no ocurre así, por lo que la existencia de un papel digital que certifica la autenticidad o el poseedor de una obra validándola por haberse este documento insertado en una cadena inviolable de blockchain es una absoluta tontería para el mundo del arte.

Se pueden dar ciertas aberraciones también, como que la obra certificada sea falsa o una vil copia de otra o tenga dentro de ella alguna vulneración con algún derecho de autor vigente; entonces lo que se certificaría es la vileza del supuesto artista. Por ejemplo, podríamos crear un NFT de una foto de La Gioconda por Leonardo da Vinci, pero esto no supondría más que una supina tontería, el timo del tocomocho, o el vendedor que quiso vender a un turista la torre Eiffel.

Además, en un mundo en el que en algunos países como España el dinero va perdiendo su valor, siguiendo la estela de lo que pedía Carl Marx en sus postulados, además de John Lennon (de The Beatles) y otros artistas en sus canciones, ya que como sabemos en dicho país y en gran parte de Europa los servicios sanitarios son universales y no cuestan dinero, así como la educación básica, todo este tema de superar con un guarismo el precio que se paga por una obra de arte, ahora que el dinero vale menos, es poco más o menos que irrelevante. Lo realmente interesante sería conseguir el dinero suficiente para que el Museo del Prado, por ejemplo, estuviera dispuesto a vender Las Meninas de Velázquez, es decir, por cuánto dinero, y a quién, se podría vender dicho lienzo. La respuesta es fácil: no está en venta.

Más allá de esto, el que escribe estas líneas, que ha creado varias obras digitales hasta la fecha, incluyendo algunos GIF animados y también películas largometrajes completas, se planteó emitir algún NFT para alguna de sus obras, pero descartó la idea por verla ciertamente disparatada, ya que no resolvería el problema principal del arte digital que es la capacidad de copia del mismo.

En fin, que estamos llegando ya al final de este artículo y, sin entrar en más detalles, podemos calificar esto de los NFT como un chascarrillo del arte, algo superficial, un movimiento para vender más bitcoin, algo que se produce alrededor del arte, pero que ni lo glorifica, ni resuelve ningún problema, ni lo modifica en ningún aspecto.