Sobre los ritmos binarios, ternarios, los ritmos partidos o la ausencia total de ritmo. ¿Qué es mejor?
20 de Junio de 2021;
Llegamos a un punto en el que conviene desgranar los tipos de ritmos musicales que más se usan en la actualidad y ver qué posibilidades hay de usar unos u otros en la música de hoy día.

Para empezar, en general, podemos decir que hay varios tipos de ritmos en la música: los ritmos binarios (dos por dos y cuatro por cuatro), es decir, aquellos cuyo número principal es el 2 o múltiplo de este, como el 4; los ternarios (tres por cuatro, seis por ocho...), basados en el número tres; los partidos (basados en 12 compases por ejemplo como la hemiolia u otros ritmos más complejos como el cinco por ocho o así); y la ausencia total de ritmo o arritmia. En la actualidad el compás más utilizado es el cuatro por cuatro, y esto tiene una razón de ser.

Digamos que los ritmos que aquí hemos denominado previamente como "partidos", son más propios de la música culta y ancestral, ya que suponemos los músicos debían darse un aire de importancia y también evitaban así que su música fuera analizada por la plebe. De esta manera, en la música árabe clásica, temas repetidos hasta la saciedad como el "Lamma Bada" (que utiliza un compás de diez por ocho), o en el flamenco, los palos de la bulería o seguiriya (que utilizan una hemiolia o compás de doce tiempos), van más por el ritmo partido, que también eran utilizados por algunos músicos contemporáneos como el grupo de aire grunge llamado Soundgarden. La música clásica no suele utilizar estos ritmos si no son para introducciones, codas o puentes y se suele apegar al cuatro por cuatro o al tres por cuatro en los valses.

Cabe decir también que el compás de tres por cuatro, propio del vals y de las sevillanas, era muy propio para el baile hace tiempo, pero ahora estos ritmos se están sustituyendo por el omnipresente cuatro por cuatro incluso para la música de baile (como la electrónica actual).

Y es que los ritmos binarios, basados en el patrón dos, tienen una serie de propiedades que ayudan a que estos compases sean más usados: Lo primero es que el oyente medio no especialmente familiarizado con la música los entiende bien. Esto se debe a que el patrón dos es la manera de partir el tiempo típica en la naturaleza: el corazón late a dos por dos y los péndulos de los relojes también siguen un esquema muy parecido y repetitivo; por lo tanto es más fácil de interiorizar este ritmo de manera natural. Lo segundo es que, además de ser naturales y sencillos, favorecen que las melodías florezcan. Es decir, la melodía, que queda definida por este medio de comunicación como la quintaesencia de la música, como lo más valorado e importante de este arte, se da más fácilmente en composiciones binarias porque fluye de manera natural ya que no se pone el acento en el ritmo sino en la armonía; es el caso de gran parte de las composiciones "clásicas" o la música comercial actual.

Luego tenemos los ritmos ternarios que también están bastante bien, son fáciles (un poquito menos que los anteriores), y tienen igualmente un runrún que el oyente medio puede interiorizar. La melodía se da también fácilmente, como puede apreciarse en los valses más clásicos (el "Danubio Azul" de Johan Strauss II), o incluso en valses compuestos por el que escribe estas líneas ("Melodías descendentes", del filme Triskipolis).

Podemos hacer un inciso y mencionar el reguetón, ese ritmo cuaternario que incluye una pequeña síncopa, es decir, es muy repetitivo pero dentro del mismo hay una leve alteración que también se repite. Este ritmo es tremendamente usado en la actualidad y significa también una pequeña unión entre lo binario (ya que es un cuatro por cuatro) pero al que se le añade una floritura rítmica o síncopa que también se repite.

Los ritmos denominados en este artículo como "partidos" suenan raros al principio y son difíciles de interiorizar por el oyente estándar, lo que hace que dicho oyente no pueda empatizar tanto con la música que escucha porque no la interioriza y de esta manera la puede disfrutar pero desde una cierta lejanía. Y la arritmia puede también fomentar una cierta armonía o melodía libre pero que tampoco encaja al cien por cien con el oyente medio.

Por lo tanto, los ritmos más complejos, aunque cultos, separan parcialmente al oyente de la música que escucha y esta misma entra en un conflicto ya que el arte por definición es expansivo pero no ocurre así con los ritmos partidos porque no son comprensibles por una mayoría de personas y además no fomentan la melodía. Por estos dos motivos el que escribe, finalmente, cree que los ritmos binarios y ternarios, y de entre ellos el cuatro por cuatro y después el tres por cuatro, son los más apropiados para que la música llegue a sus más altas cotas de altura artística, es decir, ese lugar donde florece la melodía y a la vez puede ser interiorizada por una mayoría de personas escuchantes.
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