Por qué la música es al cine lo que la sal a los alimentos
25 de Mayo de 2022; redacción Arscodex
En este artículo de hoy venimos a repasar un axioma que representa una comparación, una analogía, de las más ciertas que existen: y es que la música es al cine (y a la vida) lo que la sal a los alimentos. No nos dejemos engañar por lo curioso de la propuesta y comprobemos cómo realmente esta se cumple en muy gran medida.
Y es que la sal, que es un potenciador del sabor para los alimentos, tiene además algunas otras virtudes, tanto es así que siempre ha sido un bien muy apreciado; incluso hubo un tiempo en que los rendimientos del trabajo se pagaban en sal (el "salario", el sueldo vaya). De ahí se puede deducir lo preciado de este elemento, que ayudaba a conservar los alimentos y los convertía en comestibles ya que los hacía más apetecibles.
Pues bien, no podemos menos que indicar que la música es como la sal para los alimentos, pero en este caso para el cine. Una película sin música es un sinsabor, una cosa insípida que adolece de una de las características básicas del cine. Y es que el audiovisual, el cine, se entiende como la unión de una capa de audio (incluyendo la música) más una capa de imagen en movimiento (vídeo), y es cuando estas dos partes están en armonía cuando se aprovechan al máximo. Si no hay buena música, por mucho que haya una buena imagen, no se estará aprovechando el máximo de este medio, y a la inversa.
Aunque normalmente y en sentido coloquial hablamos de "ver" una película, no podemos más que rendirnos desde aquí a ese atributo coloquialmente oculto, la música, que realmente hace despegar la emoción provocada por un filme. Y para corroborar este hecho, simplemente el apreciado lector puede degustar la mitad de un tomate sin sal, y la otra mitad, con su punto justo de ella. Esta prueba empírica de laboratorio hará comprender al lector la importancia de la música en el cine.
Ahora bien, demasiada música, o mal hilvanada, puede producir empacho, así que debe administrarse con cuidado. Tiene que estar en su punto justo.
Así que ahora todos aquellos cinéfilos entenderán cómo la gran masa de "filmes buenos", "obras maestras", o "peliculones", tienen una buena banda sonora. No queremos hacer un repaso exahustivo pero debemos mencionar a John Williams, a Ennio Morricone, a Hans Zimmer y, como guinda del pastel, al que escribe este artículo, Pedro Alonso Pablos, entre los creadores destacados de música para películas.
Que el lector tenga un buen día.
Y es que la sal, que es un potenciador del sabor para los alimentos, tiene además algunas otras virtudes, tanto es así que siempre ha sido un bien muy apreciado; incluso hubo un tiempo en que los rendimientos del trabajo se pagaban en sal (el "salario", el sueldo vaya). De ahí se puede deducir lo preciado de este elemento, que ayudaba a conservar los alimentos y los convertía en comestibles ya que los hacía más apetecibles.
Pues bien, no podemos menos que indicar que la música es como la sal para los alimentos, pero en este caso para el cine. Una película sin música es un sinsabor, una cosa insípida que adolece de una de las características básicas del cine. Y es que el audiovisual, el cine, se entiende como la unión de una capa de audio (incluyendo la música) más una capa de imagen en movimiento (vídeo), y es cuando estas dos partes están en armonía cuando se aprovechan al máximo. Si no hay buena música, por mucho que haya una buena imagen, no se estará aprovechando el máximo de este medio, y a la inversa.
Aunque normalmente y en sentido coloquial hablamos de "ver" una película, no podemos más que rendirnos desde aquí a ese atributo coloquialmente oculto, la música, que realmente hace despegar la emoción provocada por un filme. Y para corroborar este hecho, simplemente el apreciado lector puede degustar la mitad de un tomate sin sal, y la otra mitad, con su punto justo de ella. Esta prueba empírica de laboratorio hará comprender al lector la importancia de la música en el cine.
Ahora bien, demasiada música, o mal hilvanada, puede producir empacho, así que debe administrarse con cuidado. Tiene que estar en su punto justo.
Así que ahora todos aquellos cinéfilos entenderán cómo la gran masa de "filmes buenos", "obras maestras", o "peliculones", tienen una buena banda sonora. No queremos hacer un repaso exahustivo pero debemos mencionar a John Williams, a Ennio Morricone, a Hans Zimmer y, como guinda del pastel, al que escribe este artículo, Pedro Alonso Pablos, entre los creadores destacados de música para películas.
Que el lector tenga un buen día.
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