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Surgen nuevos estudios de animación en Japón, atomizándose el espectro de empresas creativas

08 de Diciembre de 2023;
El camino iniciado por el director Hayao Miyazaki (sí, el visionario y legendario cofundador de Studio Ghibli), está siendo continuado en el país del sol naciente por una serie de discípulos, o competidores, o las dos cosas al mismo tiempo, que están fundando pequeños estudios de animación y sacando adelante proyectos de películas muy interesantes.

Así, que sepamos, se fundó hace poco, en 2011, el conocido como Studio Chizu, creado entre otros por el ya famoso director Mamoru Hosoda. En esta línea se han creado también los estudios que han dado vida a las películas del difunto Satoshi Kon, Madhouse, que produjo entre otras la muy interesante cinta Paprika.

Recientemente, un exaprendiz de Ghibli, Yoshiaki Nishimura, ha fundado el Studio Ponoc, en 2015, que ya está en pleno funcionamiento lanzando películas.

Mencionamos también otra compañía/estudio de animación, CoMix Wave Films, que ha producido las películas de Makoto Shinkai.

En definitiva, cada creativo con músculo productor independiente organiza un estudio pequeño/mediano en torno a su capacidad de creación y con presupuestos pequeños/medianos también (que oscilan entre los 3-10 millones de dólares por película) son capaces, como decíamos, de sacar adelante proyectos ciertamente interesantes que están cautivando a personas de todo el mundo por su interesante narrativa y recursos visuales, sin caer en el excesivo tecnicismo y manteniendo un correcto -en nuestra opinión- equilibrio entre tradición y modernidad.

Contrasta este panorama con los mastodontes mediáticos americanos, que a nuestro parescer están sufriendo en sus propias carnes los efectos de convertirse en empresas demasiado grandes: se mueven con dificultad, teniendo pocas facilidades para ofrecer nuevos puntos de vista ya que los proyectos deben pasar por la aprobación de demasiados departamentos que más tienen que ver con la burocracia que con la creatividad. Así, estas empresas no suelen firmar películas de presupuestos menos de 20 millones de dólares, con la subsiguiente rigidez que esto implica.

Y para terminar, ponemos en comparación este panorama, tanto la atomización del estudio japonés como los mastodontes mediáticos americanos, con el estudio creativo español que sustenta las líneas que el lector está ahora mismo deglutiendo intelectualmente (leyendo): Pliski, el estudio de animación que suele gastar aproximadamente unos 100 euros por película largometraje animada, rompiendo la baraja de la creatividad allí por donde se mire y propiciando el correcto nivel de disrupción que esta industria necesitaba. Entendemos que en estos otros dos focos de producción anteriormente mencionados (Hollywoood y Tokio), se estén "tirando de los pelos" y les esté costando asumir que quedan lejos detrás de la nueva ola de creatividad que el director español Pedro Alonso Pablos, a través como hemos ya dicho de su estudio Pliski, está proporcionando al espectro del cine en general y de animación en particular.

Así que, ¡ánimo! Ya queda menos.
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