Estás leyendo... Calila e Dimna

Los mures que comían hierro
Dijo Calila: "Dicen que en una tierra había un mercador pobre, y quísose ir en su camino, y había ciento quintales de fierro, y dejólos en encomienda a un homne que él conoscía, y fuese para lo que había menester, y pues que fue venido demando gelo. Y aquel homne habíalo vendido y despendido el prescio dello, y díjole: "Yo le tenía al rencón de mi casa, y comieron de los mures". Dijo el mercador: "Ya oí decir muchas veces que non es ninguna cosa que más roya el fierro que ellos, y non daría nada por esto pues tu estorciste bien dellos". Y el otro pagóse desto que le oyó decir y díjole: "Come y bebe hoy comigo". Y prometióle que tornaría a él, y salióse ende, y guisó cómo le tomó un su fijo pequeño que había y levólo para su casa y escondiólo. Desí tornóse para él, y el otro preguntóle: "¿Viste mío fijo?" Díjole: "Vi cuando fue cerca de allí un azor que arrebató un niño; quizá tu fijo era". Y el otro dio grandes voces y quejóse y dijo: "¿Vistes nunca tal, un azor arrebatar un niño?" Dijo el mercador: "En la tierra do los mures comen ciento quintales de fierro, non es maravilla que sus azores arrebaten los infantes". Y entonces dijo el homne bueno: "Yo comí tu fierro y tósigo comí y metí en mi vientre". Dijo el mercador: "Pues yo tomé tu fijo". Y díjole el homne: "Pues dame mi fijo y yo darte he lo que me diste en encomienda". Y fue fecho así.

"Y yo non te di este ejemplo si non porque sepas que feciste a tu señor traición al que tú probaras por muy bueno, y non hay dubda que otro tal fagas a otri; ca el amor non ha en ti do more nin lugar do esté; ca non es cosa que peor empleada sea que el amor en quien non ha lealtad, y el bien en quien non lo agradesce, y el saber en quien non lo entiende, y la poridad, en quien non la cela. Y yo desfuciado só que tu natura se mude nin tus costumbres se cambien y sé quel árbol amarga, maguer lo unten con miel, non se muda de su sustancia. Y yo temíame de tu compaña; ca facer compaña con los buenos nasce ende bien y buena andanza, y en facer compañía con los malos face al homne venir a repentencia. Y tal es el mal como el viento, que si pasa por fedor lleva ende fedor, y si pasa por buen olor lleva ende otrosí. Y yo sé cuánto te agravia lo que te digo, ca los homnes nescios siempre se agravian de los entendidos, y los viles de los honestos, y los desmesurados de los mesurados, y los torticeros de los derecheros". Y en este lugar se acabó la razón de Calila y Dimna. Y acabó el león de matar al buey. Y pues que lo hubo muerto, repintióse y pensó de su facienda, y lo que ficiera. Y después que se amansó la saña que había, dijo: "¡Oh!, cuánto me ha mancillado Senceba en sí mismo, ca era de buen consejo y agudo, y non sé por ventura si fue acusado a tuerto".

Y estovo muy triste y muy repentido y quejoso mucho por lo que ficiera. Y viólo Dimna, y levantóse de cerca de Calila y llegóse a él y díjole: "Señor, Dios te metió en poder, a ti y a los tuyos, tu enemigo; pues ¿por qué estás triste?" Dijo el león: "Prisióme piadat por que maté a Senceba, por que era entendido y honesto y de buen amor y leal, y he duelo dél". Dijo Dimna: "Non digas así, señor, nin hayas piadat del que temieres; ca el rey anviso a las veces aborrece a algunt homne y aluéngalo de sí. Desí fuérzalo su talante y aprívalo y metel sus cosas en mano por que sabe que es bueno y agucioso, así como el que fuerza su talente a tomar la melecina desaborida con esperanza que fará pro; y a las veces ama a alguno homne y aprívalo, desí mátalo y derráigalo por miedo que le non faga daño, así como aquel que le muerde la culebra en el dedo y lo taja por miedo que se non espanda el tésico en su cuerpo y muera". Y cuando esto oyó el león, creólo, y aprivólo, y púsulo en mayor dignidat.

Dijo el rey al filósofo: "Ya oí lo que fizo Dimna, por ser tan pequeño y el más vil de todas las bestias salvages, al león y al buey, y de cómo enrizó a cada uno dellos contra el otro fasta que desató su amor y su compañía, y en esto he oído a tan maravillosas y tantas fazañas que es asaz complimiento para se guardar homne y de se apercebir de los mezcladores y de los terreros, y de los falsos en las sus falsedades y sus engaños que facen. Y los homnes entendidos deben perseguir las mentiras y falsedades, y perseguir los mezcladores: a escodriñar tales cosas; desí non facer, por ningunt dicho que les ellos digan, nada si non con asosegamiento y con recabdo, y desechar a todos aquellos que conosciese por tales".
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