El cine, los Oscar, Cuarón y Roma
25 de Febrero de 2019; redacción Arscodex
Estos Oscar que tuvieron lugar ayer para algunos han sabido a decepción, para otros a triunfo, y para otros a nada en especial. Pues como siempre. La apuesta de Netflix y Cuarón, Roma, se queda con la estatuilla de Mejor Director pero pierde la de Mejor Película, que es otorgada a una tercera en las apuestas, en un año muy repartido.
Por un lado, Cuarón y su Roma, junto con Netflix, apostaban fuerte, ya que es esta una película rodada en español, producida por una plataforma de internet, y además, digamos que es tremendamente de autor, porque es lenta y al final no pasa nada. Pongamos que es como un pedacito de realidad donde no ocurre nada especial. Bueno pues fieles a su esencia, los Oscar, que son como una embarazada caprichosa, han premiado a otra. Es como si dicha embarazada tiene un antojo de chocolate y le traes una tableta de chocolate con sabor a menta; resulta que ella quería sabor a fresa. Es decir, los Oscar, en ocasiones como ésta, son impredecibles siempre, y lo que cuenta es su propio interés en el momento preciso de la entrega.
Por otro lado, hay una cierta desconexión del público con estos premios y con los premios en general. Digamos que los Oscar han sido los últimos en contagiarse de esa corriente de politización del cine que impera en Europa y que a nuestro juicio le perjudica. Los políticos han tratado de invadir el cine porque saben que es un medio de ganar votos pero el cine debe saber salir airoso de esta invasión exógena, porque el cine es el cine, y siempre lo será. El cine es, como más o menos dijo Stendhal de la literatura (que en el fondo es parecido), el espejo de la humanidad. Por eso este medio lo tiene muy en cuenta y lo seguirá teniendo, por encima de nuevas formas de arte como pueden ser los videojuegos. El cine es el rey de las artes actualmente y lo seguirá siendo mucho tiempo.
Ahora entramos en el aburrimiento que supone al gran público el hecho de visionar el filme Roma. Pues bien, hemos de decir que el arte universal, ese arte por todos conocido, respetado y admirado, no es elitista. Porque el arte universal es para todos, pero principalmente, para el gran público. Por lo tanto, cualquiera que no haga películas o libros o lo que sea que puedan ser disfrutadas por (casi) todos, se está limitando, está limitando su mensaje y pierde la mencionada universalidad.
El cine entra en su segundo siglo de vida. En el siglo XX se han hecho todos los experimentos habidos y por haber propios de la novedad: cine de autor, superproducciones, etcétera. Hay que reconocer que el cine está ligeramente cansado, porque se le ha dado mucha agitación. Pero el público, el gran público, los lugares de encuentro entre los de izquierdas y de derechas, entre los sabios y los sencillos, entre las chicas y los chicos, entre los niños y los mayores… El gran público no está cansado. Sigue demandando buen cine. Los que están cansados son los creadores, o más bien faltos de ideas. Bueno, casi todos. Porque el que firma este artículo va a seguir trabajando por el cine todo lo que pueda, hasta donde pueda, como pueda y cuanto pueda. Porque el cine es el espejo de la humanidad. Porque el cine es el arte rey.
Por un lado, Cuarón y su Roma, junto con Netflix, apostaban fuerte, ya que es esta una película rodada en español, producida por una plataforma de internet, y además, digamos que es tremendamente de autor, porque es lenta y al final no pasa nada. Pongamos que es como un pedacito de realidad donde no ocurre nada especial. Bueno pues fieles a su esencia, los Oscar, que son como una embarazada caprichosa, han premiado a otra. Es como si dicha embarazada tiene un antojo de chocolate y le traes una tableta de chocolate con sabor a menta; resulta que ella quería sabor a fresa. Es decir, los Oscar, en ocasiones como ésta, son impredecibles siempre, y lo que cuenta es su propio interés en el momento preciso de la entrega.
Por otro lado, hay una cierta desconexión del público con estos premios y con los premios en general. Digamos que los Oscar han sido los últimos en contagiarse de esa corriente de politización del cine que impera en Europa y que a nuestro juicio le perjudica. Los políticos han tratado de invadir el cine porque saben que es un medio de ganar votos pero el cine debe saber salir airoso de esta invasión exógena, porque el cine es el cine, y siempre lo será. El cine es, como más o menos dijo Stendhal de la literatura (que en el fondo es parecido), el espejo de la humanidad. Por eso este medio lo tiene muy en cuenta y lo seguirá teniendo, por encima de nuevas formas de arte como pueden ser los videojuegos. El cine es el rey de las artes actualmente y lo seguirá siendo mucho tiempo.
Ahora entramos en el aburrimiento que supone al gran público el hecho de visionar el filme Roma. Pues bien, hemos de decir que el arte universal, ese arte por todos conocido, respetado y admirado, no es elitista. Porque el arte universal es para todos, pero principalmente, para el gran público. Por lo tanto, cualquiera que no haga películas o libros o lo que sea que puedan ser disfrutadas por (casi) todos, se está limitando, está limitando su mensaje y pierde la mencionada universalidad.
El cine entra en su segundo siglo de vida. En el siglo XX se han hecho todos los experimentos habidos y por haber propios de la novedad: cine de autor, superproducciones, etcétera. Hay que reconocer que el cine está ligeramente cansado, porque se le ha dado mucha agitación. Pero el público, el gran público, los lugares de encuentro entre los de izquierdas y de derechas, entre los sabios y los sencillos, entre las chicas y los chicos, entre los niños y los mayores… El gran público no está cansado. Sigue demandando buen cine. Los que están cansados son los creadores, o más bien faltos de ideas. Bueno, casi todos. Porque el que firma este artículo va a seguir trabajando por el cine todo lo que pueda, hasta donde pueda, como pueda y cuanto pueda. Porque el cine es el espejo de la humanidad. Porque el cine es el arte rey.
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