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Sobre la vanidad del artista

18 de Diciembre de 2021;
En este preciso momento toca repasar un tema interesante para todas aquellas personas que se consideren artistas o aquellas que se encuentren moviéndose en dicho terreno, ya sea como especuladores del arte o simple admiradores. Nos referimos al siempre peliagudo a la vez que brillante tema de la vanidad en el arte.

Así que lo primero es lo primero. Que no se engañe nadie, todo artista busca como primera intención la gloria, es decir, ser recordado, cuanto más tiempo mejor, durante su vida y tras su muerte. Y en el mundo del cine por ejemplo, vemos cómo este elemento, la vanidad, la gloria, está absolutamente exacerbado y los actores y directores tienen un ego que sobrepasa todo lo conocido, aman a los fotógrafos y cuando no les hacen caso sufren. Y es que el cine, como bien sabe el lector, quedó definido en esta publicación como "el espejo de la humanidad", frase que procede de la pronunciada por Stendhal sobre la literatura. Pues bien, si estamos hablando de un espejo, es normal que todos nos miremos en él y queramos aparecer cuanto más guapos mejor, primero ante nosotros mismos y después ante los demás.

Por lo tanto, repetimos, que no se engañe nadie, todo aquel artista que no quiera reconocimiento está cayendo en lo que se conoce como "falsa modestia".

Y ahora retorzamos un poquito más, solo un poquito, el hilo argumental de este artículo y preguntémonos: ¿es, pues, la vanidad del artista, buena o mala para la humanidad? Pues bien, en este punto, aunque la vanidad queda definida como vicio o defecto por muchas corrientes de pensamiento incluyendo la tradición judeo cristiana, podemos decir que si dicha vanidad supone un vehículo para que grandes cosas sean hechas, bienvenida sea. Es decir, ¿acaso Miguel Ángel, sí, el escultor, arquitecto y pintor renacentista, no se guiaba por una buena dosis de vanidad? ¿Acaso dicho artista no quería ser recordado? Era muy pío, sí, tratando siempre con soltura y respeto los temas bíblicos pero... Imposible dejar de ver la gran cantidad de vanidad que su genio destilaba.

En otro orden de cosas, y saltando al mundo de la ciencia, que como sabe el lector corre en paralelo con el del arte en muchos aspectos, podemos preguntarnos si el co-inventor de la lámpara incandescente (la bombilla), Thomas Alba Edison, o el mismísimo Elon Musk, no buscaban y buscan la gloria propia al registrar o potenciar sus inventos. Y debemos preguntarnos también si Elon Musk no está haciendo un bien a la sociedad tratando de introducir definitivamente el coche eléctrico en las carreteras del mundo, para reducir la contaminación y concentrar la generación de energía y reverdecerla en la medida de lo posible.

Respecto a la vanidad que destila el que escribe estas líneas, que es posible que ya haya sido detectada por el lector en otras ocasiones, cabe decir que él, en sus comienzos, o sea con sus famosas entrevistas, veía cómo la gran mayoría de las personas con las que se cruzaba tenían un ego desmedido, y que al principio no lo consideraba como un elemento principal, pero que con el tiempo ha comprendido, siguiendo el dicho castellano "donde fueres haz lo que vieres", que la vanidad es necesaria para el correcto desarrollo de la carrera profesional de un artista; de esta manera, y dicho mal y pronto, "si el artista necesita vanidad, tomad tres tazas".

Por lo tanto, y como se dice en el comienzo de este artículo, en este preciso momento es necesario resaltar que la vanidad en sí misma no es tan mala, simplemente depende de la naturaleza de la persona que porta dicha característica. Si quiere hacer un bien a la humanidad, está claro que la vanidad, o sea, la autoestima, es un vehículo necesario para que esa persona proporcione el bien que desea para todos.
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