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Sobre la figura del editor

25 de Octubre de 2023;
Hoy venimos a hablar sobre una figura en el mundo del arte que podría denominarse como, más que necesaria, simplemente que existe en el entramado de actores que ocupan el espacio cultural mundial; se trata de la figura del editor. Y a juicio de esta publicación, es este un don menor comparado con el del autor, por diversos motivos que ahora desgranaremos.

El editor se confunde o se mezcla a veces también con la figura del impresor, y en conjunto este oficio viene existiendo desde que existen los libros físicos, es decir, desde que hay una persona que tiene que decidir qué se imprime y cuánta tirada de cada qué hay que efectuar. Según Wikipedia, esta figura, la del editor, surge en Roma precisamente cuando surgen, como hemos dicho, los libros, y cuando aparece también la compra-venta de los mismos, ya sean recién hechos o de segunda mano.

Durante años, o quizá siglos, el editor ha tenido varias tareas a su cargo que pueden calificarse y desgranarse como, básicamente, dar difusión a lo que tiene éxito y también seleccionar lo que se debe leer, en una suerte de dos fuerzas antagónicas que en una misma figura se dan; la una es la fuerza centrífuga, la otra centrípeta, y ambas son tareas del editor, como ya hemos dicho.

A lo largo de los siglos la figura ha ido metamorfosizándose. Por ejemplo en la Edad Media, los monjes que se dedicaban a copiar libros de manera manuscrita ejercían de editores, ya que seleccionaban lo que había que copiar; en definitiva lo que había que dejar para la posteridad ya que la cultura en general decayó bastante con la pérdida de conocimiento adquirido que ocurrió a la llegada de dicha edad, la ya mentada Edad Media.

Posteriormente surge la imprenta, a mediados del siglo XV, como ya todos bien sabemos, lo que catapulta el saber hacia una nueva dimensión ya que esta invención permite hacer copias de contenido escrito mucho más fácilmente. En esta tesitura, los editores/impresores tenían un fuerte componente de decisión sobre cuántas tiradas de cada libro se iban a imprimir en cada caso, por aquello del concepto de escasez, es decir, no gastar recursos en algo que no tiene mucha salida. Por ejemplo el número de copias que se iban a imprimir del Don Quijote de Cervantes.

Ya durante la modernidad, los siglos pasados y el actual siglo XXI, y quizá algunos anteriores, los editores se han dedicado efectivamente a actuar como "puerta de entrada" y a cumplir con sus dos funciones principales mencionadas, en diversas variantes y de varias maneras. Por ejemplo los premios cinematográficos, una suerte de sello de tipo editorial que cumple también con estas dos funciones, pues se dedicaban a dar cobertura y a amplificar el trabajo bien hecho (por ejemplo los premios Oscar hasta los años 2000); como ejemplo ponemos esa ristra de estatuíllas que se llevó la versión de Peter Jackson de The Lord of the Rings ("El señor de los anillos"), en este caso de amplificación del trabajo bien hecho. Como ejemplo de selección previa de contenido podemos elegir esa película premiada hace poco en los Oscar (en 2019), "Green book", que nadie conocía (o casi) hasta que sonó en el certamen.

Como hemos dicho, la figura del editor, es decir, o bien de seleccionador, o de amplificador, de contenido, es un don menor, ya que por ejemplo Alejandro Sanz, en el caso de la música, ha tenido varias disqueras, empresas que se mantienen "en la retaguardia" simplemente dando cobertura y otros servicios secundarios a lo que funciona, que es la semilla, la llama, el halo autónomo del autor/compositor/director, llámalo como quieras.

Es, un poco, la diferencia que hay entre el compositor de música y el intérprete. Mientras que el traer melodías interesantes a este mundo es un don mayor, el don del virtuosismo o la interpretación musical es menor, y lo mismo ocurre, a juicio de esta revista, con el binomio autor/editor, respectivamente.

Si hay que dar algún consejo a un aspirante a autor, ya sea literario, musical, cinematográfico, etcétera, yo le diría que intentara obtener el éxito sin ayuda de los editores, o simplemente utilizando el editor la función de amplificador, ya que de otra manera, en el momento que el editor decida que la obra ya no tiene interés, perderá toda la fuerza de difusión/distribución, y el autor volverá a su punto de partida, o sea, a la nada.

Y aquí quedan algunas notas, como decíamos, sobre la siempre controvertida figura del editor, en el ámbito de la cultura en general.