Sobre el gran público, la audiencia
14 de Febrero de 2024; redacción Arscodex
En el artículo de hoy, este mismo que nos ocupa, vamos a hacer un somero repaso por lo que significa "el gran público" para un cineasta y para la propia industria cinematográfica, repaso que podemos extrapolar por ejemplo a la música o a la literatura.
Lo primero que vamos a recordar es esa frase pronunciada por ese productor americano de cine, conocido por todos: Walt Disney. "No me fío de la crítica; me la jugaré con el público (o algo así)". Bueno pues ya vamos teniendo una indicación sobre cómo funcionan las cosas en el mundo de la cinematografía y otros mundos adyacentes: el principal y casi único órgano que decide el éxito de una película es "el gran público", la audiencia, y todo cineasta que se precie debe dirigir sus esfuerzos cinematográficos a ese mismo ente ("el gran público", repetimos).
En efecto, es esa masa de gente formada por el alto, el bajo, la delgada, la gordita, la guapa, el feíllo, el listo, el tonto, la estudiosa, la vaga, etcétera; es esa gran masa de gente como decimos la que tomará la decisión última, muy a modo de lo que ocurría en los espectáculos de gladiadores romanos: el público tiene la última palabra, y el emperador no puede hacer más que "inclinar el pulgar" hacia la dirección que ha marcado la audiencia (como muy bien se aprecia en la película Gladiator, todo sea dicho).
El ecosistema cinematográfico está conformado por dos partes que a su vez se subdividen en otras dos: por un lado, el gran público, es decir, esa audiencia que es neta, o sea, que no tiene ningún tipo de interés en la industria. Esta se subdivide a su vez en el público en general y en los cinéfilos (grupúsculo conformado por aquellos que se saben interesados por el séptimo arte pero que no tienen ningún tipo de coacción espúrea o de otro tipo). Por otro lado, la industria: la crítica profesional y los propios cineastas. Los propios cineastas, todo sea dicho, si no cumplen alguna otra función como ser críticos también, son un cero a la izquierda para otros cineastas, ya que no se suelen mezclar mucho.
Como vemos, el grupo conformado por crítica y cineastas (es decir, la "industria cinematográfica"), a largo plazo, y a corto casi también, son indiferentes o casi insignificantes para decidir lo que le gusta al gran público. Es más, a veces van "al rebufo" de la decisión de este, como hacía el dedo del emperador en el Coliseo.
Tanto es así que, cualquier cineasta que se precie, y aquí hacemos hincapié en ese "que se precie" (porque hay algunos que "no se precian"); cualquier cineasta que se precie decimos, debe orientar todos sus esfuerzos como director a impactar al gran público. Porque sin público es que no hay espectáculo, y si no hay espectáculo, no hay cine. Será otra cosa ese vídeo que se muestra: una soflama política, un anuncio de compresas, lo que sea, pero poca calidad cinematográfica tendrá.
Por lo tanto, desde aquí exhortamos al futuro cineasta, si es que este quiere leer este texto, y sobre todo, si quiere hacerle caso, a seguir no ya las indicaciones y explicaciones de este artículo, sino simplemente aquella mítica frase que pronunció uno de los productores de cine más afamados de la historia, Walt Disney (y que mencionamos una vez más a modo de colofón ilustrado): "No me fío de la crítica, me la jugaré con el público (o algo así)".
Lo primero que vamos a recordar es esa frase pronunciada por ese productor americano de cine, conocido por todos: Walt Disney. "No me fío de la crítica; me la jugaré con el público (o algo así)". Bueno pues ya vamos teniendo una indicación sobre cómo funcionan las cosas en el mundo de la cinematografía y otros mundos adyacentes: el principal y casi único órgano que decide el éxito de una película es "el gran público", la audiencia, y todo cineasta que se precie debe dirigir sus esfuerzos cinematográficos a ese mismo ente ("el gran público", repetimos).
En efecto, es esa masa de gente formada por el alto, el bajo, la delgada, la gordita, la guapa, el feíllo, el listo, el tonto, la estudiosa, la vaga, etcétera; es esa gran masa de gente como decimos la que tomará la decisión última, muy a modo de lo que ocurría en los espectáculos de gladiadores romanos: el público tiene la última palabra, y el emperador no puede hacer más que "inclinar el pulgar" hacia la dirección que ha marcado la audiencia (como muy bien se aprecia en la película Gladiator, todo sea dicho).
El ecosistema cinematográfico está conformado por dos partes que a su vez se subdividen en otras dos: por un lado, el gran público, es decir, esa audiencia que es neta, o sea, que no tiene ningún tipo de interés en la industria. Esta se subdivide a su vez en el público en general y en los cinéfilos (grupúsculo conformado por aquellos que se saben interesados por el séptimo arte pero que no tienen ningún tipo de coacción espúrea o de otro tipo). Por otro lado, la industria: la crítica profesional y los propios cineastas. Los propios cineastas, todo sea dicho, si no cumplen alguna otra función como ser críticos también, son un cero a la izquierda para otros cineastas, ya que no se suelen mezclar mucho.
Como vemos, el grupo conformado por crítica y cineastas (es decir, la "industria cinematográfica"), a largo plazo, y a corto casi también, son indiferentes o casi insignificantes para decidir lo que le gusta al gran público. Es más, a veces van "al rebufo" de la decisión de este, como hacía el dedo del emperador en el Coliseo.
Tanto es así que, cualquier cineasta que se precie, y aquí hacemos hincapié en ese "que se precie" (porque hay algunos que "no se precian"); cualquier cineasta que se precie decimos, debe orientar todos sus esfuerzos como director a impactar al gran público. Porque sin público es que no hay espectáculo, y si no hay espectáculo, no hay cine. Será otra cosa ese vídeo que se muestra: una soflama política, un anuncio de compresas, lo que sea, pero poca calidad cinematográfica tendrá.
Por lo tanto, desde aquí exhortamos al futuro cineasta, si es que este quiere leer este texto, y sobre todo, si quiere hacerle caso, a seguir no ya las indicaciones y explicaciones de este artículo, sino simplemente aquella mítica frase que pronunció uno de los productores de cine más afamados de la historia, Walt Disney (y que mencionamos una vez más a modo de colofón ilustrado): "No me fío de la crítica, me la jugaré con el público (o algo así)".
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