Shakespeare leía a Cervantes y Cervantes a Shakespeare, o la necesidad de que haya diversidad en el arte
21 de Diciembre de 2019; redacción Arscodex
Es un hecho contrastado que existen distintas y diversas manifestaciones artísticas, ya que nuestro pequeño mundo está configurado de tal forma que las diversas personalidades y culturas generan de esta manera sus creaciones. Pues a juicio de esta editora, así es como debería continuar el mundo, con diversa oferta cultural procedente de diversos lugares.
Porque, ya sabemos que Cervantes escribía muy bien, pero sin tener a Shakespeare al lado, ¿a quién diantres hubiera leído Cervantes? Y a la inversa, ¿a quién diantres hubiera leído Shakespeare? (Dando por sentado que uno sabía de la existencia del otro e incluso que se leían mutuamente, hecho que, sinceramente, desconozco; pero este editor no va a dejar que la realidad le estropee el artículo).
Y, más en el terreno patrio, ¿qué hubiera sido de Quevedo sin poder escribir sonetos denostando a Lope de Vega o a Góngora? Una vida aburrida sin duda, y aburrida también para el resto de los mortales que no nos podríamos divertir con ese magnífico soneto, "Yo te untaré mis versos con tocino por que no me los muerdas, Gongorilla", y otras perlecillas que nos dedicaron los tres.
Así que, en efecto, las cosas que hacemos nosotros mismos, en lo tocante al arte, son muy interesantes y dignas de destacar, pero leer nuestra propia obra, en el caso de los escritores, o ver las propias películas, en el caso de los directores de cine, no lleva más que al aburrimiento más poderoso y supino; por lo tanto es preciso que haya variedad. Y si las obras proceden de diversas culturas, pues más variedad todavía. Es por esto que en España nos gusta el cine americano y a los americanos les gusta el cine americano, es decir... Les gustaría encontrar un buen cine que ver y cuando dan con él, lo abrazan con ilusión.
Por otro lado los franceses, muy dados a relamerse demasiado con lo suyo propio, quizá deberían abrir un poco las miras para poder disfrutar de otras manifestaciones culturales con más naturalidad. Y es que este editor, como músico, por ejemplo, se ve ridículo a veces cuando escucha sus propias composiciones demasiado; necesita de otras obras compuestas por terceros para poder disfrutar.
Y así es como debería transcurrir la gloria del mundo (como dijo el latino: Sic transit gloria mundi), con una cierta variedad; un poquito de aquí, un poquito de allí... Habrá cosas que son mejores que otras o más populares pero también como se suele decir: en la variedad está el gusto.
Porque, ya sabemos que Cervantes escribía muy bien, pero sin tener a Shakespeare al lado, ¿a quién diantres hubiera leído Cervantes? Y a la inversa, ¿a quién diantres hubiera leído Shakespeare? (Dando por sentado que uno sabía de la existencia del otro e incluso que se leían mutuamente, hecho que, sinceramente, desconozco; pero este editor no va a dejar que la realidad le estropee el artículo).
Y, más en el terreno patrio, ¿qué hubiera sido de Quevedo sin poder escribir sonetos denostando a Lope de Vega o a Góngora? Una vida aburrida sin duda, y aburrida también para el resto de los mortales que no nos podríamos divertir con ese magnífico soneto, "Yo te untaré mis versos con tocino por que no me los muerdas, Gongorilla", y otras perlecillas que nos dedicaron los tres.
Así que, en efecto, las cosas que hacemos nosotros mismos, en lo tocante al arte, son muy interesantes y dignas de destacar, pero leer nuestra propia obra, en el caso de los escritores, o ver las propias películas, en el caso de los directores de cine, no lleva más que al aburrimiento más poderoso y supino; por lo tanto es preciso que haya variedad. Y si las obras proceden de diversas culturas, pues más variedad todavía. Es por esto que en España nos gusta el cine americano y a los americanos les gusta el cine americano, es decir... Les gustaría encontrar un buen cine que ver y cuando dan con él, lo abrazan con ilusión.
Por otro lado los franceses, muy dados a relamerse demasiado con lo suyo propio, quizá deberían abrir un poco las miras para poder disfrutar de otras manifestaciones culturales con más naturalidad. Y es que este editor, como músico, por ejemplo, se ve ridículo a veces cuando escucha sus propias composiciones demasiado; necesita de otras obras compuestas por terceros para poder disfrutar.
Y así es como debería transcurrir la gloria del mundo (como dijo el latino: Sic transit gloria mundi), con una cierta variedad; un poquito de aquí, un poquito de allí... Habrá cosas que son mejores que otras o más populares pero también como se suele decir: en la variedad está el gusto.
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