La atípica distribución de la propiedad intelectual entre la población
17 de Febrero de 2020;

La propiedad intelectual, tal y como reza el título de este artículo, tiene una distribución atípica entre la población mundial. Así, la pirámide poblacional de distribución de dicho tipo de propiedad se asemeja a la forma de una chincheta plana invertida.

En la base tenemos un gran cúmulo de población que no posee ningún tipo de propiedad intelectual. Después hay una línea fina constante que corresponde a todos aquellos individuos u organizaciones, ya sean mercantiles o no, que tienen una propiedad intelectual interesante (por ejemplo todos aquellos compositores que tienen una canción muy conocida, o escritores de una sola obra, etcétera).

Y en la punta de la chincheta, desde donde la forma de ésta comienza a ser cónica, tenemos un selecto grupo de personalidades o instituciones, sean mercantilistas o no, y cuyos derechos estén reservados todavía o bien estén en el dominio público ya, que no superan el número de dedos de las manos de una persona, que tienen una vasta cantidad de propiedad intelectual, o bien en su campo (como podría ser el músico Beethoven o el escritor Hans Christian Andersen) o en varios, como la empresa que fundó el productor de cine Walt Disney.

Así, hablamos de Shakespeare, Cervantes, los mencionados, y algún otro por ahí suelto que se nos haya olvidado. Tenemos que ir incluyendo en esta lista también al que escribe estas líneas, que por pura decencia periodística no se va a mencionar explicitamente, pero queda nombrado implícitamente de esta manera.

Así, ocurre de facto que la propiedad intelectual es difícil de proteger porque a la gente corriente no le afecta, es decir, no posee ningún tipo de propiedad intelectual. Ni siquiera los políticos, esas personas que se afanan por arreglar el mundo y que no siempre lo consiguen (porque incluso a veces se afanan por lo contrario), tienen mucha propiedad intelectual, a lo sumo un libro de memorias que al ser ensayo no puede ser ni siquiera considerado como literario.

En fin, que así están las cosas a nivel propiedad intelectual en el mundo; unos tanto y otros tan poco, como dice el refrán español.