Sobre la fama y el dinero de los artistas
06 de Agosto de 2020; redacción Arscodex
En esta ocasión venimos a rastrear, a lo largo de la historia del Arte, las diversas vicisitudes con las que tenían -y tienen- que lidiar los artistas en lo tocante a la fama que adquirían y al dinero que ganaban.
Así, es un hecho bastante consistente a lo largo de dicha historia que los artistas tengan fama en vida. Salvo la terna Van Gogh, Gauguin y Cézanne, y posiblemente alguno más, muy localizados en el período del post-impresionismo, se puede apreciar a simple vista que los artistas tenían fama en vida. De esta manera, Fidias, el escultor griego, pudo esculpir, él y su estudio, la procesión de las panateneas del Partenón y la estatua de Atenea también para el mismo templo. Luego murió en la cárcel porque sus enemigos le acusaron de quedarse con dinero, o así está escrito en ciertas fuentes, pero durante un período de su vida es claro que disfrutó de fama y prestigio porque si no no podría haber accedido a realizar este encargo que procedía del estado.
Si saltamos a Velázquez, nuestro querido y amado pintor, podemos comprobar que era amigo personal del Rey y acomodador de la Corte, y que, además de pintar a los bufones y diversas escenas de la mitología clásica, pintó a Felipe IV en multitud de ocasiones y también al Conde Duque de Olivares y en general a la familia real y la alta sociedad de la época, cosa que no todos los pintores podían hacer.
Goya también pintó a varias familias reales y a diversas personalidades de la nobleza.
Y por poner un ejemplo cercano para el que escribe, Pedro Alonso Pablos, podemos decir que se ha codeado con lo mejorcito del cine y la televisión mundial en sus famosas entrevistas; y que posteriormente ha colaborado con diversas administraciones públicas como comunidades autónomas o la mismísima Biblioteca Nacional de España.
Pero... ¿qué hay del dinero? Pues en este campo la cosa es más incierta; así como es muy necesario que el artista tenga algún tipo de reconocimiento o fama en vida, la cuestión económica no está tan firme. De esta manera podemos plantearnos cuánto cobro el artista del Renacimiento Miguel Ángel por pintar la Capilla Sixtina. Como se aprecia es fundamental que el artista, para obtener este encargo, tuviera reconocimiento en vida, porque si no no podría haberlo obtenido, pero... ¿Cuánto cobró por pintar dicha obra? Está muy documentado que la pintó él en solitario con ayuda de un equipo pequeño de aprendices, y no sabemos en efecto cuánto cobró pero no creemos que mucho, dada la estructura de su organización artística.
Si "giramos el caleidoscopio" podemos ver que Rubens, el famoso pintor barroco, tenía un estudio con muchísima gente a su cargo y era embajador, por lo que este personaje se supone sí manejaba grandes cantidades de dinero. Sin embargo Rembrandt, pintor flamenco, dejó a sus hijos como legado unos pocos pinceles, según algunas fuentes, ya que la depresión que le supuso perder a su esposa unido a que la iglesia protestante dejó de hacer encargos de imágenes en su región (la iglesia católica previa sí que le hizo varios encargos) propiciaron que aunque su fama trascendía las fronteras de su propio país dispusiera de poco dinero contante y sonante.
Cervantes vendió los derechos de su Don Quijote y poco le llegó limpio de todo el asunto, por lo que tuvo que realizar trabajos para terceros durante su vida, además de haber sido soldado.
Por poner otro ejemplo de acaudalamiento, más actual, podemos mencionar a George Lucas y su Star Wars, obra con la que se hizo millonario casi instantáneamente.
Así que la conclusión es que la fama es casi absolutamente necesaria para que un artista pase a formar parte de la historia del Arte, pero de dinero... Mejor no hablar porque la cosa está muy incierta. Y es que hay que recordar esa gran frase que todos alguna vez mencionamos en nuestras vidas: De lo mío, ¿qué?
Así, es un hecho bastante consistente a lo largo de dicha historia que los artistas tengan fama en vida. Salvo la terna Van Gogh, Gauguin y Cézanne, y posiblemente alguno más, muy localizados en el período del post-impresionismo, se puede apreciar a simple vista que los artistas tenían fama en vida. De esta manera, Fidias, el escultor griego, pudo esculpir, él y su estudio, la procesión de las panateneas del Partenón y la estatua de Atenea también para el mismo templo. Luego murió en la cárcel porque sus enemigos le acusaron de quedarse con dinero, o así está escrito en ciertas fuentes, pero durante un período de su vida es claro que disfrutó de fama y prestigio porque si no no podría haber accedido a realizar este encargo que procedía del estado.
Si saltamos a Velázquez, nuestro querido y amado pintor, podemos comprobar que era amigo personal del Rey y acomodador de la Corte, y que, además de pintar a los bufones y diversas escenas de la mitología clásica, pintó a Felipe IV en multitud de ocasiones y también al Conde Duque de Olivares y en general a la familia real y la alta sociedad de la época, cosa que no todos los pintores podían hacer.
Goya también pintó a varias familias reales y a diversas personalidades de la nobleza.
Y por poner un ejemplo cercano para el que escribe, Pedro Alonso Pablos, podemos decir que se ha codeado con lo mejorcito del cine y la televisión mundial en sus famosas entrevistas; y que posteriormente ha colaborado con diversas administraciones públicas como comunidades autónomas o la mismísima Biblioteca Nacional de España.
Pero... ¿qué hay del dinero? Pues en este campo la cosa es más incierta; así como es muy necesario que el artista tenga algún tipo de reconocimiento o fama en vida, la cuestión económica no está tan firme. De esta manera podemos plantearnos cuánto cobro el artista del Renacimiento Miguel Ángel por pintar la Capilla Sixtina. Como se aprecia es fundamental que el artista, para obtener este encargo, tuviera reconocimiento en vida, porque si no no podría haberlo obtenido, pero... ¿Cuánto cobró por pintar dicha obra? Está muy documentado que la pintó él en solitario con ayuda de un equipo pequeño de aprendices, y no sabemos en efecto cuánto cobró pero no creemos que mucho, dada la estructura de su organización artística.
Si "giramos el caleidoscopio" podemos ver que Rubens, el famoso pintor barroco, tenía un estudio con muchísima gente a su cargo y era embajador, por lo que este personaje se supone sí manejaba grandes cantidades de dinero. Sin embargo Rembrandt, pintor flamenco, dejó a sus hijos como legado unos pocos pinceles, según algunas fuentes, ya que la depresión que le supuso perder a su esposa unido a que la iglesia protestante dejó de hacer encargos de imágenes en su región (la iglesia católica previa sí que le hizo varios encargos) propiciaron que aunque su fama trascendía las fronteras de su propio país dispusiera de poco dinero contante y sonante.
Cervantes vendió los derechos de su Don Quijote y poco le llegó limpio de todo el asunto, por lo que tuvo que realizar trabajos para terceros durante su vida, además de haber sido soldado.
Por poner otro ejemplo de acaudalamiento, más actual, podemos mencionar a George Lucas y su Star Wars, obra con la que se hizo millonario casi instantáneamente.
Así que la conclusión es que la fama es casi absolutamente necesaria para que un artista pase a formar parte de la historia del Arte, pero de dinero... Mejor no hablar porque la cosa está muy incierta. Y es que hay que recordar esa gran frase que todos alguna vez mencionamos en nuestras vidas: De lo mío, ¿qué?
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