Sobre la transgresión en el arte

05 de Diciembre de 2022;
En esta ocasión venimos a hablar sobre un tema que está de mucha actualidad, se trata de la transgresión en el arte, es decir, la tendencia, insertada dentro de lo conocido como "arte de vanguardia", de tratar de romper una convención existente en el mundo del arte. Un ejemplo reciente podría ser echar tomate frito al cristal que protege un cuadro de Van Gogh, como ha sucedido hace poco en algunos museos y con diversas obras. En general, y para ir abreviando, aunque esta publicación no es proclive a promover que se prohiba específicamente nada en concreto, la transgresión en el mundo del arte es considerada como algo indiferente por esta revista, es decir, ni es un mérito artístico ni es digno de reseñar tampoco.

Y ampliamos: el arte tiene sus reglas, algunas se pueden romper, otras no. Por poner un ejemplo extremo, podríamos, si quisiéramos, tomar la figura de un santo católico y ponerle en una situación indecorosa y ¡hala! Ahí tendríamos una obra transgresora. Esto es tan fácil potencialmente de hacer que, como decimos, no reviste ningún mérito, a ojos de esta publicación, ni interés alguno.

Sin embargo, durante siglos ha habido artistas que se han unido a esta corriente, ya sean pintores, escritores, directores de cine, o ejecutantes de "performances", como se llaman ahora. Así, ya Manet, a mediados del siglo XIX, tuvo a bien -o a mal, o simplemente de manera indiferente para esta revista- pintar el cuadro conocido como "Almuerzo sobre la hierba", que puede considerarse el "pistoletazo de salida" de esta corriente transgresora. En él, se mostraba a dos "caballeros", dos hombres, vestidos, tomando un almuerzo con una "señorita" desnuda, casi en el centro de la pintura. Como ya hemos dicho en otra ocasión en este medio, ¡Oh solivianto! ¡Rasguémonos las vestiduras! ¡Qué osadía! En fin. Visto en la época actual, pasado ya un cierto tiempo desde que se pintó (aproximadamente 170 años), apreciamos este esfuerzo como anacrónico, ya que el péndulo de la moral ha oscilado y a ojos del feminismo imperante actual, este cuadro representa una ofensa a las mujeres. ¡Vaya! Es decir, lo que era transgresor, se convierte en anticuado, visto ese esfuerzo desde la perspectiva del presente (que más adelante se tornará pasado y vuelta a empezar).

Por así decirlo, las reglas del arte son muy clásicas, y todo lo que no esté dentro de ellas, es transgresor o fuera de la tradición y el propio arte con el tiempo tiende a expulsarlo de manera natural. En este medio preferimos, como ya el lector seguro está intuyendo, utilizar los recursos disponibles para crear una buena obra de arte, es decir, escribir un buen guion, hacer una bonita canción, un bonito cuadro... Y trabajar por ofrecer el mejor punto de vista dentro de estos parámetros, porque aunque nos parezcan limitados, a ojo de pájaro podemos ver y apreciar que a medida que va corriendo el curso de la historia aparecen nuevos puntos de vista muy interesantes dentro de la corriente integradora artística, es decir, ese lugar del arte donde se aplican ciertas normas y no se tratan de transgredir.

No es, como hemos comentado anteriormente al comienzo del texto, intención de prohibir la transgresión en el arte el objetivo de esta publicación, sabiendo que por sí sola no la puede prohibir, pero no promover dicha prohibición tampoco. Es decir, el arte es libre, como ya el lector sabe, y cualquier artista puede hacer lo que le venga en gana, sabiendo que si transgrede mucho, es posible que ponga en riesgo su integridad personal, como a veces ha ocurrido. Vivimos en un mundo donde las segundas oportunidades existen, y eso es deseable, pero no podemos evitar que cada uno sea responsable de sus actos y que cada acción tenga una reacción determinada, son fuerzas de la naturaleza y así ocurre y ocurrirá. Pero a efectos de esta publicación, la transgresión no es un mérito artístico, es una acción más bien que entra dentro de lo indiferente.

Ahora vamos a mencionar, y que me perdonen los mencionados si alguna vez llegan a leer este artículo por nombrarles sin pedir demasiado permiso, lo opuesto de la transgresión, es decir, el arte, en este caso cinematográfico, bien hecho, como pueden ser las películas de Indiana Jones creadas por George Lucas, Steven Spielberg y John Williams en el apartado musical. Todos los ingredientes que confluyen en esta obra cinematográfica están dentro de lo permitido, y sin embargo, la experiencia artística es sobresaliente, excelsa, de lo mejorcito. Por lo tanto, me gustaría enviar un mensaje a los futuros artistas trasladándoles desde aquí que mejor se dediquen a esforzarse por escribir un buen guion que por echar tomate frito a un cuadro de Van Gogh.

Otros directores de cine han intentado -con éxito- transgredir, como puede ser el español Luis Buñuel, que con sus personajes de monjas mezclados con prostitutas dejó su impronta en el mundo del arte que para algunos será excelsa pero que a ojos de esta publicación, y cayendo ya demasiado en la repetición, es indiferente.

Así que, resumiendo, terminamos el artículo, como es costumbre, tal y como lo comenzamos: para este medio la transgresión en el arte no supone un mérito, es más bien indiferente, pero tampoco queremos prohibirla, cada cual que haga lo que pueda.
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